Frente a la inercia de los viejos vetos, la cotidianidad se abre paso con historias sentidas como la de Dolores Arnozán
Guillermo Villar (texto) y Virginia Carrasco (imagen)
Madrid
Martes, 31 de marzo 2026, 00:40
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«Escogí mi nombre y me llamo Dolores por mi virgen». Si Dolores Arnozán (25 años), Lola, no hubiera conocido a su Virgen de los Dolores del Cerro, ni se imagina dónde estaría hoy.
Yo escogí mi nombre y me llamo Dolores por mi Virgen.
Mi Virgen se llama Dolores, ella siempre ha sido todo para mí y a mí me ha salvado la vida de muchas maneras. A nivel mental, porque ella me dio unas fuerzas, una esperanza, alumbró una soledad tan grande… Me hizo tanto desahogo, que si yo no hubiese conocido nunca a la Virgen de los Dolores, no sé qué hubiese sido de mí.
Ver subtítulosEste Martes Santo, en el Día Internacional de la Visibilidad Trans, en un humilde barrio de Sevilla una mujer vive con cotidianidad lo que en otros puntos de España parece una quimera. En otro prisma, hace menos de una semana que en Sagunto (Valencia) una cofradía se negó por tercera vez a dejar procesionar a las mujeres.
Su casa es un reflejo de su vida: si quitas de sus estancias los cuadros y forros de la Virgen, se perderían su historia y su esencia.
Con ella hablo del sufrimiento. Yo llegaba allí, yo era yo o yo podía ser yo sin ningún tipo de cohibición.
Con ella no tengo que poner caretas, con ella no tengo que disimular. Si tengo ganas de llorar, lloro; si tengo ganas de reír, río, ella no juzga.
Ella te mira, te escucha y te habla.
Por eso es algo tan fuerte que no te puedo describir con palabras.
Ver subtítulosSus vivencias tienen tantas capas como trajes acumula la Virgen de las Nieves en su habitación, pedida al imaginero Esteban Sánchez Rosado. Y tantos matices como su corona, encargada a un orfebre.
Lola sujeta al niño de su Virgen de las Nieves, nombrada por ella así por su tez blanca.
Sobre la cama de sus padres, coloca el hábito para el Martes Santo.
Lola sujeta al niño de su Virgen de las Nieves, nombrada por ella así por su tez blanca.
Sobre la cama de sus padres, coloca el hábito para el Martes Santo.
Lola sujeta al niño de su Virgen de las Nieves, nombrada por ella así por su tez blanca.
Sobre la cama de sus padres, coloca el hábito para el Martes Santo.
Lola sujeta al niño de su Virgen de las Nieves, nombrada por ella así por su tez blanca.
Sobre la cama de sus padres, coloca el hábito para el Martes Santo.
El día más especial de la Virgen del Cerro es el Martes Santo, y no podía ser menos para Lola. Es cuando siente a sus allegados, «los que están y los que no». «Todo me pasa en martes», dice. Su nacimiento, su cambio de nombre, su operación de pecho o su contrato de trabajo.
Todo, todo, todo, todo me pasa en martes. Yo nací un martes. El día que me concedieron el cambio de nombre fue un martes. Yo me operé del pecho un martes y para mí el Martes Santo es como un momento en el que nos volvemos a reunir todos, y yo siento a todos, los que están y los que no. A lo mejor puedes decir tú, pero eso son muchas coincidencias. A mí es ella la que me habla. Que el día de la visibilidad trans caiga este año el mismo día que el Martes Santo, me parece bonitas coincidencias. El primer año que retomo el hábito, un año tan difícil, para mí es una reafirmación más de ella en el que ella me dice: «Estoy orgullosa de ti».
Ver subtítulosEn los martes y en el resto de días las personas trans han ido detrás de otras siglas del colectivo LGTBI. En 2013 y 2016, la encuesta de ‘Percepción de la discriminación en España’ reveló más incomodidad y obstáculos hacia ellas que hacia gays y lesbianas cis.
Es a su vez consecuencia de que entre amigos, compañeros y vecinos, pocos eran los encuestados que conocían a una persona trans, según la Encuesta de Diversidad Sexual en 2010. Solo dos años antes, la propia institución las relegó al ostracismo en la Encuesta Nacional de Salud Sexual: se separaba la opción ‘Transexual’ de la de ‘Hombre’ o ‘Mujer’ en las preguntas, no precisamente en una reflexión del binarismo de género.
Este año he tenido motivos de peso y he decidido salir en el Cristo para cumplir promesa. Al fin y al cabo es un ofrecer un sacrificio.
¿Mi sacrificio cuál es? Primero, salir en Nazarena que no es algo que me guste y de segundo, mi Virgen es mi madre. Mi Virgen es todo para mí. Entonces mi promesa es acompañar a su hijo y no verla a ella desde que salga yo por la puerta de la iglesia hasta que ella entre por la puerta de la iglesia.
Ver subtítulosPara Lola este año será distinto. No contemplará a su Virgen en su momento más especial, la petalada, la apoteósica lluvia floral a la que solía asistir. Ha hecho la promesa de salir de nazarena para acompañar a su hijo Jesús y no verla hasta que se meta en la iglesia.
¿Qué simboliza el traje de nazareno? Que todos seamos iguales ante los ojos de las personas. Que tú me veas por la calle y no me puedas reconocer, porque ante los ojos de Dios todos somos hijos de Dios. Da igual que seas maricón, que te guste lo que te guste: buena persona.
El Papa Francisco, una de sus grandes frases para mí fueron: me da igual ateo, me da igual cristiano, me da igual todo; buena persona. Y si eso lo dijo un Papa, qué nos vamos a pensar las personas de pie de calle.
Ver subtítulosBajo el traje de nazareno, todos son iguales. No solo a ojos de Dios, sino «aquí abajo», en la mirada del resto. Para no juzgar y querer de la misma forma, y a la vez para pasar desapercibidos porque «los protagonistas son ella y él», la Virgen y el Cristo.
Pero no todo el mundo ha aprendido esa lección de respeto en la vida de Dolores Arnozán.
La procesión por dentro de Lola
«Recuerdo preguntarle a mi madre por qué las niñas llevaban falda y yo no». Con los tacones prestados de ella, con el pintalabios de «su tata» o mediante sus muñecas, Dolores Arnozán exploraba su identidad desde muy joven, sin saber qué era la palabra ‘trans’.
He nacido en una familia humilde, pero una familia que ha sabido ver las cosas.
Yo llegaba a mi casa y me ponía los tacones de mi madre, y le decía a mi tata: píntame los labios. Y mi tata me pintaba los labios.
Quería jugar con las niñas y vestirnos de princesa y pintarnos, y yo lo hacía.
A mí me han dejado explorar, también me han intentado proteger.
Ver subtítulosLos insultos llegaron desde muy pequeña.
Para ellos era un juego y para mí era llegar a mi casa y decir: «Mamá, que es maricón». Ahí fue donde me uní tanto a ella.
El colegio no puso de su parte y como mis padres sufrían, yo me empecé a callar. Hasta que hay cosas que no te las puedes callar, como los moratones.
Ver subtítulosYo de pequeña, pequeña, pequeña, yo es que creo que yo no sabía que yo era diferente a las niñas. Porque yo me acuerdo de preguntarle a mi madre que por qué las niñas llevaban falda y yo no.
A mí es que me hace gracia el recordar momentos de pequeña en lo que me decían los niños: «¡Oh, pareces una niña».
Y ahora que soy una niña: «¡Uy, eres un tío!».
Ver subtítulosLola sufrió muchos insultos en su niñez: «Para ellos era un juego y para mí era llegar a casa y decir ‘mamá, ¿qué es maricón?’». Aguantó para no hacer sufrir a sus padres, «hasta que hay cosas que no se pueden callar, como los moratones».
Lola se prepara para salir a la procesión el pasado sábado.
Lola en la procesión de la hermandad de Padre Pío el pasado sábado.
Lola se prepara para salir a la procesión el pasado sábado.
Lola en la procesión de la hermandad de Padre Pío el pasado sábado.
Lola se prepara para salir a la procesión el pasado sábado.
Lola en la procesión de la hermandad de Padre Pío el pasado sábado.
Lola se prepara para salir a la procesión el pasado sábado.
Lola en la procesión de la hermandad de Padre Pío el pasado sábado.
Aparte de ser hermana del Cerro, soy hermana de la Pastora de Triana. En esa hermandad cuando la Virgen se mueve, solamente la cogen mujeres. Entonces, yo nunca había tocado a la Virgen fuera de un besamanos. Y me vino en aquel momento el prioste de la hermandad y me dijo: «Lola, coge la Virgen».
Claro, yo me quedé así. Le dije: «¿Yo?».
Me dijo: «Eres una mujer, ¿no? Cógela».
Y la cogí. Me sentí aceptada, me sentí vista, me sentí valorada. Y aparte privilegiada de coger a la Virgen.
Ver subtítulosY ha encontrado un abrazo en las hermandades. Si en la del Cerro tendrá para siempre a su Virgen, su barrio y sus raíces, en la de Pastora de Triana ha encontrado una nueva familia. En esta hermandad, «cuando la Virgen se mueve, la cogen mujeres».
«Eres una mujer, ¿no? Cógela». Fueron las palabras del prioste, responsable de custodiar sus imágenes y pasos. Para ella fue un antes y un después.
Nunca lo he visto como un tabú. De hecho, yo fui a la hermandad a cambiarme el nombre, nadie me dijo nada, me lo cambiaron...
Por ejemplo, cuando me operé del pecho, el vestidor y prioste de aquel entonces de la pastora de Triana, a mí me preguntó: «¿Tienes quien se quede contigo por la noche?». Yo le dije: «Sí, se queda mi madre».
Me dijo: «Vale, cualquier cosa me dices que a mí no me importa quedarme ahí y dormir allí contigo, eh».
Por lo menos para la sociedad que me rodea, yo nunca me he considerado invisible.
No me empodero a través de la hermandad, me realizo.
Ver subtítulosEn la hermandad cambió su nombre y no necesitó explicar más. En la iglesia no está permitido. Le tendieron la mano a medias: si se confirmara le llamarían ‘Lola’ solo de boquilla en misa. Pero Dolores Arnozán se queda con los predicadores y párrocos «maravillosos» y no con lo malo.
«¿Qué le dirías a tu yo de pequeña?»
Yo creo que en un sitio donde se proclama amor, no entiendo que se rechace.
Hablando mal y pronto. ¿El señor con quién estaba? Con los leprosos, con las putas...
¿Por qué no iba a querer estar conmigo?
Hay muchas personas del colectivo dentro de las hermandades.
Yo considero que tanto las hermandades como un poco la iglesia se sostienen mucho gracias al colectivo. El que borda, el que cose, el que diseña los pasos, el que pone las flores, son la gran mayoría del colectivo.
Ver subtítulosEn la Sevilla devota y de barrio de Lola hay muchos referentes: de nombres propios como la transformista Esmeralda antaño y ahora Carmen Farala y Paquita de Drag Race a lo cotidiano del «mariquita» del Cerro «que le gritaba mucho a la Virgen».
Y hasta una mujer trans camarera, quien mantiene y viste a la Virgen: «Su hermandad le ha dejado llegar hasta allí».
Entre un nazareno y un costalero en mitad de la procesión.
Lola comparte estampas con su amigo de la hermandad del Cerro.
Entre un nazareno y un costalero en mitad de la procesión.
Lola comparte estampas con su amigo de la hermandad del Cerro.
Entre un nazareno y un costalero en mitad de la procesión.
Lola comparte estampas con su amigo de la hermandad del Cerro.
Entre un nazareno y un costalero en mitad de la procesión.
Lola comparte estampas con su amigo de la hermandad del Cerro.
Como dice, en cierta forma «las hermandades son lo que son gracias a personas del colectivo»: «El que borda, el que cose, el que diseña los pasos, el que pone las flores, son la gran mayoría».
En mi transición hubo momentos durísimos y hubo momentos tan duros que estuve bastante tiempo viviendo fuera de casa, de mi casa.
Pero yo venía todas las semanas y casi todos los días aquí a verla a ella. Yo no me considero ejemplo de nada, nunca he querido protagonismo, yo nunca he querido entrevistas, yo siempre las he declinado todas, pero si es una entrevista para ayudar a personas que a lo mejor se puedan ver en situaciones en las que yo me he visto, por qué no ayudarlas.
Ver subtítulos«Lola también lo pasa mal, Lola también llora». Dolores Arnozán es lo que cuenta y lo que no. Sus grandes aplausos en procesión y lo pequeña que se vuelve al derrumbarse ante la Virgen; sus estampitas fastuosas y los días sin salir para pagar su operación de pecho, ayudada por su «tan bonita» familia. Solo expuso sus vivencias en el documental «Dolores Guapa», de Jesús Pascual.
Ha rechazado muchas entrevistas y no se ve un ejemplo: «Fallo, soy muy malhablada, soy muy bruta». Pero con sus palabras quiere ayudar a quienes se vean en su situación.
Con su lucha, Dolores Arnozán sí abandera su vida. En todos los ámbitos, desde el religioso, incluso con un reconocimiento al trabajo por su hermandad, hasta el laboral, cuidando a personas mayores, «sus viejitos». «Te sorprendería lo inclusivos que son algunos», exclama.
- ¿Qué le dirías a tu yo de pequeña?
- Más que decirle, la cogería, la abrazaría y le diría que todo va a pasar, que todo está bien.
Yo es que creo que si yo tuviese a mi yo de pequeña delante, más que decirle, yo la cogería, la abrazaría y le diría que todo va a pasar, que todo está bien y que tendrá una vida maravillosa. Y que llegará a ser la persona que siempre soñó ser.
El sueño de él está cumplido.
Ver subtítulosLola enseña su foto de niña. Es entonces cuando dice: «El sueño de él está cumplido. Él ha llegado a todo lo que quería llegar».
Créditos
Coordinación, formato Sara I. Belled
Redacción Carlos G. Fernández y Claudia Kittsteiner
Dirección de Arte Fernando Hernández
Ilustraciones Leticia Aróstegui
Desarrollo Sara I. Belled y Carlos Muñoz Díaz
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