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Los Ángeles vibra con México

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Miles de emigrantes convierten la fiesta de la inauguración del Mundial en el Memorial Coliseum en una exhibición de orgullo azteca
Los Ángeles vibra con México

Miles de emigrantes convierten la fiesta de la inauguración del Mundial en el Memorial Coliseum en una exhibición de orgullo azteca

Regala esta noticia Añádenos en Google Una aficionada mexicana, a la entrada del Memorial Coliseum, en Los Ángeles, horas antes del partido inaugural. (Reuters)

Pío García

Enviado especial a Los Ángeles

12/06/2026 a las 19:37h.

Lucía Cárdenas llegó a Los Ángeles en 1983 y allí se quedó. Se casó con un venezolano, tuvo hijos y luego nietos. El jueves estaba ... con su camiseta verde bailando en las gradas del Memorial Coliseum, expansiva, sonriente, feliz. Por las pantallas gigantes del estadio -hay cuatro- ha visto la victoria de México, ha jaleado los goles, ha cantado con el mariachi. Su nieto, Matías, observa al extraño que habla con su abuela Lucía con una suspicacia policial. También lleva la camiseta verde con dibujos precolombinos, aunque en su caso México es un país algo más lejano, la tierra de sus antepasados, a la que va de vacaciones. «Nosotros intentamos que mantengan su cultura -enfatiza Lucía- y hablan español desde la cuna. Luego ya aprenden el inglés en el colegio». Matías la mira sin entender muy bien lo que dice -el discjockey hace un ruido de mil demonios-, pero puntualiza que habla igual de bien el español que el inglés y que a él le gusta, sobre todo, el soccer. Su ídolo es Bellingham, pero como a veces juega de portero también le tira el Memo Ochoa.

Aunque caía un sol fulminante y no había sombra, mucha gente prefirió quedarse a pie de campo. Mientras tanto, los bares del ambigú pugnaban por darle un nuevo y desinhibido énfasis al concepto de inflación: los burritos costaban 16 dólares y la cerveza, 19. Los restaurantes se dividían por países. En el mostrador de España vendían patatas bravas y algo remotamente parecido a las croquetas (15 dólares). Pese a los precios, hileras e hileras de hambrientos se retorcían sobre sí mismas como si los aficionados, en lugar de pagar los nachos a doblón, estuvieran esperando turno en la beneficencia.

Entre el español y el inglés

Con el menú ya en el estómago, Jorge Quesada y sus amigos buscan la salida del Coliseum. Entre ellos hablan en inglés y en español. Saltan de un idioma a otro con naturalidad. Jorge nació en Los Ángeles, pero su familia procede de Michoacán. Trataron de conseguir entradas para ver el México-Sudáfrica en el DF, pero no había. «Al menos tenemos boletos para el Bélgica-Irán en Los Ángeles», dice, más divertido que resignado. «Un partido del Mundial siempre está bien», resuelve.

Al acabar el partido, la fiesta siguió un par de horas más. La selección mexicana, que rara vez está a la altura de sus aficionados, cerró el partido con victoria y los espectadores abandonaron el estadio con una sonrisa y no demasiadas expectativas. Nadie sueña, al menos en voz alta, con ganar el Mundial, pero sí con llegar a cuartos, quizá a semifinales. Para completar la velada, en el campo de fútbol del Los Angeles Galaxy, la FIFA ha preparado un concierto de Peso Pluma, el joven mexicano que ha revolucionado las rancheras y las ha acercado a los ritmos urbanos. No hay entradas desde hace días.

Después del éxtasis, en un parquecito vecino al Coliseum, junto a Figueroa Street, varios grupitos de jóvenes hacen pic-nic y hablan. El cronista se acerca a uno de ellos. Son cuatro chavales, dos chicos y dos chicas, todos con camisetas de la selección mexicana. Le miran raro cuando se dirige a ellos en español. «Entenderlo lo entendemos, pero hablarlo...», aclara Fernando Rojas, de 21 años. Han nacido en Los Ángeles, su idioma es el inglés, sus costumbres son estadounidenses, pero sus afectos siguen al otro lado del río Grande. Si en la final de la Copa del Mundo se enfrentaran México y Estados Unidos, ellos irían con el país de sus abuelos. «Eso seguro.., aunque a mí lo que me gusta es el béisbol», sonríe Fernando tímidamente, como pidiendo perdón.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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