El exembajador británico en Estados Unidos, Peter Mandelson, subiendo a un vehículo el pasado 14 de febrero. Reuters
Europa Los 'papeles de Mandelson' ven la luz: desprecio a los laboristas, insultos a Starmer y mentiras para ser embajador en EEUUEl Gobierno británico publicó este lunes el segundo lote de documentos sobre el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Washington. Las conversaciones privadas dejan a Keir Starmer en una posición muy incómoda.
Más información:Peter Mandelson, el cerebro detrás de Blair y embajador con Starmer detenido por su implicación en el caso Epstein
Guillermo Ortiz Publicada 2 junio 2026 04:13h Las clavesLas claves Generado con IA
"Nunca se arrepentirán de mi nombramiento". La frase está escrita del puño y letra de Peter Mandelson en una nota que el viejo barón del Partido Laborista británico envió al entonces ministro de Exteriores David Lammy a finales de 2024, agradeciéndole la designación como embajador del Reino Unido en Estados Unidos.
El mensaje forma parte del segundo lote de documentos sobre el llamado 'caso Mandelson' que el Gobierno de Keir Starmer se ha visto obligado a entregar este lunes 1 de junio al Parlamento y a la opinión pública británica.
Visto lo visto, la predicción difícilmente podría haber estado más equivocada: año y medio después, la decisión de nombrar embajador a Mandelson sigue siendo el episodio más oscuro de la carrera de Starmer.
Y es que Mandelson no es sólo un viejo dirigente laborista con un pasado salpicado por dos dimisiones por escándalos financieros durante la época de Tony Blair. Mandelson es, sobre todo, el amigo personal y confidente durante dos décadas de Jeffrey Epstein, el empresario estadounidense condenado por delitos sexuales contra menores que murió en una celda de Manhattan en 2019.
Esa amistad, conocida en parte cuando Starmer firmó el nombramiento en diciembre de 2024, alcanzó dimensiones devastadoras este mes de febrero, cuando el Departamento de Justicia estadounidense desclasificó un nuevo paquete de archivos con correos, mensajes y notas manuscritas que pintaban a Epstein como "compañero del alma" de Mandelson y a este como alguien que pudo haber filtrado documentos gubernamentales al financiero durante la crisis financiera de 2008.
Starmer despidió a Mandelson en septiembre de 2025, alegando que le había mentido "repetidamente", pero el episodio no se cerró ahí: los conservadores forzaron una moción parlamentaria —lo que en la jerga británica se conoce como humble address— para obligar al Gobierno a publicar miles de documentos.
Poco después, Mandelson fue arrestado por la Policía Metropolitana por sospecha de mala conducta en el cargo público y el jefe de gabinete de Starmer, Morgan McSweeney, se vio obligado a dimitir el 8 de febrero junto al director de comunicación, Tim Allan.
Las encuestas sitúan al Labour por debajo del 30%, con un descenso de quince puntos respecto a la mayoría absoluta de julio de 2024. La sombra de Mandelson no deja de perseguir al actual Gobierno.
Peter Mandelson, el cerebro detrás de Blair y embajador con Starmer detenido por su implicación en el caso Epstein"A Keir le falta brío"
Lo más jugoso del lote publicado este lunes son las 160 páginas de mensajes privados de WhatsApp entre el propio Mandelson y diversos miembros del Gobierno.
En mayo de 2025, ya como embajador en Washington, Mandelson le escribía al hoy secretario de Trabajo y Pensiones, Pat McFadden, una frase demoledora: "Keir lacks verve", es decir, “a Keir le falta brío”. Y a renglón seguido: “El eslogan es Plan para el Cambio. Pero, ¿cuál es ese Plan?”.
En otra conversación con el propio McFadden, Mandelson describía al primer ministro como "acechado y abandonado" ("beleaguered and bereft"), incapaz de "liderar desde el frente", y resumía el liderazgo de Starmer con la siguiente dinámica: "avanza-cede-avanza-cede".
Hay más.
Mandelson llegó a sostener, ante el mismo ministro, que el grupo parlamentario laborista se encontraba "en estado de rebelión" y que las prioridades del Gobierno se debían reducir a la siguiente cuestión: "¿A quién podemos subir los impuestos para pagar prestaciones a otros?". Una formulación que el líder conservador Robert Jenrick utilizó este mismo lunes para calificar al Labour en rueda de prensa como "el partido de los gandules, no de los trabajadores".
El intercambio con el ministro de Pensiones, Torsten Bell, no es menos demoledor.
Bell, perteneciente al ala más joven del partido, le confesaba a Mandelson el 20 de julio del año pasado que en el Gobierno "todo el mundo delega la acción política en los demás, lo cual es muy raro".
Ni el primer ministro ni su entorno han emitido este lunes reacción oficial sobre el contenido específico de los mensajes. Downing Street se ha limitado a remitir a la prensa al compromiso previo de Starmer con la "urgencia y transparencia".
McFadden, por su parte, ha optado por el silencio: ni el ministro ni su gabinete han respondido a las peticiones de comentario realizadas por los medios británicos durante la jornada.
El primer ministro británico, Keir Starmer. Europa Press
Por qué se publican
Aunque el Gobierno quiera presumir de transparencia, lo cierto es que la publicación no es sino el resultado de una derrota parlamentaria.
Como decíamos, en febrero, los conservadores —y un grupo significativo de diputados del propio Labour— forzaron al Ejecutivo a entregar "toda la documentación relevante" relativa al proceso de confirmación de Mandelson, incluyendo correos, comunicaciones internas, informes de los servicios de inteligencia y mensajes privados con miembros del Gobierno.
Starmer, presionado por su propia bancada y por las víctimas de Epstein, accedió bajo control del Comité de Inteligencia y Seguridad (ISC, por sus siglas en inglés), que tiene la última palabra sobre qué publicar y qué retener por motivos de seguridad nacional.
De esta manera, el Gobierno colaboraba con la investigación judicial abierta contra Mandelson por mala conducta en el cargo público —delito que en Reino Unido puede acarrear cadena perpetua—, a la vez que se permitía al Parlamento decidir si la actuación de Starmer en el momento del nombramiento había sido compatible con su deber de diligencia y con la integridad del proceso de confirmación.
Conviene recordar aquí un dato importante: según informó en su momento el diario The Independent tras el despido de Mandelson, el MI6 habría desaconsejado confirmar al exembajador principalmente por sus vínculos comerciales con China y por la sombra de Epstein.
Starmer le nombró igualmente, de ahí que parezca imposible que no tenga que pagar un alto precio político a cambio, especialmente en un sistema político tan pulcro y exigente como el británico.
Y es que a nadie se le escapa que, en la mayoría de las democracias contemporáneas, este tipo de papeles llegarían al público por una filtración periodística, una investigación policial o una comisión judicial.
En el caso británico, es el propio Gobierno el obligado por el Parlamento a hacer públicas las comunicaciones de sus propios ministros. La transparencia se impone por vía institucional, no por vía mediática.
Es una diferencia cualitativa enorme con sistemas como el español, el francés o el italiano, donde sería literalmente impensable que un primer ministro tuviera que publicar los WhatsApps privados de un embajador haciendo de menos a su jefe.
Starmer culpa a Exteriores del fallo de seguridad que permitió a Mandelson, socio de Epstein, ser nombrado embajadorMintió tres veces y rechazó entregar el móvil
Con todo, lo que más daño le hace a Starmer no son las palabras hirientes de Mandelson, sino las mentiras concretas con las que el embajador consiguió el puesto.
Según ha admitido el propio Starmer en el Parlamento, a Mandelson se le preguntó específicamente durante el proceso de confirmación por la naturaleza de su relación con Epstein, si se había alojado en alguna de sus mansiones después de la condena de 2008 por delitos sexuales con una menor, y si había aceptado regalos u hospitalidad del empresario neoyorquino.
Mandelson respondió que sí a la primera —minimizando el alcance— y que no a las otras dos. Las tres respuestas resultaron ser falsas.
Una nota escrita por el propio Mandelson en 2003, publicada por el Comité de Supervisión del Congreso estadounidense, define a Epstein como su "best pal", lo que en español podríamos llamar "amigo del alma".
Hay, además, en el lote conocido este lunes, un detalle especialmente revelador: el 31 de marzo, el Cabinet Office solicitó formalmente a Mandelson, a través de sus abogados, acceso a su teléfono personal para extraer cualquier mensaje de WhatsApp adicional. Mandelson "declinó" cumplir con la petición.
El Gobierno, sin base legal para forzar la entrega de un dispositivo privado, no ha podido registrar todos los mensajes intercambiados. En otras palabras, lo que ha visto la luz este lunes es simplemente lo que sus interlocutores han aceptado filtrar. Lo que el embajador escribía y guardaba en su iPhone seguirá en el limbo informativo hasta que un juez determine lo contrario.
Starmer afronta este nuevo episodio con el agua al cuello. Hace tres semanas, durante el peor pico de la crisis, el líder del laborismo escocés, Anas Sarwar, pidió formalmente su dimisión. El propio McFadden tuvo que rogar en la BBC a los diputados laboristas que no "tirasen al capitán por la borda", admitiendo que el nombramiento había sido un "error terrible".
Los rumores de un desafío interno por parte de la viceprimera ministra Angela Rayner y del secretario de Sanidad, Wes Streeting, no se han disipado. Mientras tanto, los sondeos llevan semanas situando a Reform UK —el partido de Nigel Farage— por delante o muy cerca del Labour.
Quizá Mandelson tenía razón en una sola cosa: a Keir Starmer le faltaba brío. Lo malo, para el primer ministro, es que ahora también le falta tiempo.