El mapa del poder mundial ha sido redibujado en apenas una semana. Lo que comenzó como una operación militar para capturar a Nicolás Maduro se ha transformado en un terremoto energético que ha dejado una imagen para la historia: los gigantescos superpetroleros chinos, que durante años fueron el salvavidas financiero de Caracas, dando media vuelta en mitad del Atlántico.
Un giro en U en aguas internacionales. Los buques Xingye y Thousand Sunny —dos supertanqueros (VLCC) con bandera china— han abandonado definitivamente su rumbo hacia Venezuela. Según ha confirmado el South China Morning Post (SCMP), tras semanas de inactividad e incertidumbre anclados en el océano, estos colosos regresan a Asia vacíos.
Estos barcos no son petroleros cualquiera. Según detalla Reuters, forman parte de un grupo de tres naves dedicadas exclusivamente a la ruta Venezuela-China para transportar el crudo destinado al pago de la gigantesca deuda externa venezolana. Su retirada es la señal más clara de que el país sudamericano, ahora bajo control estadounidense, no exportará crudo directamente a su principal comprador en el corto plazo.
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EEUU se ha hecho con el petróleo de Venezuela. El problema es que en el pack va incluida una gigantesca deuda con China
El embargo que Trump no levanta. A pesar de que el presidente estadounidense afirmó la semana pasada que China "no sería privada" del petróleo venezolano, la realidad en los puertos es otra. Según SCMP, China no ha recibido cargamentos de la estatal PDVSA desde el mes pasado, mientras Washington insiste en que el embargo petrolero permanece en vigor.
¿A dónde va entonces el petróleo? Mientras los barcos chinos regresan de vacío, los gigantes del trading global como Vitol y Trafigura ya están preparando los primeros cargamentos de un acuerdo de 2.000 millones de dólares para mover 50 millones de barriles acumulados en inventario. El destino, según informa Reuters, será Estados Unidos y otros mercados como India. China podría llegar a recibir parte de este petróleo, pero solo si negocia con estos intermediarios, perdiendo así su acceso directo y preferente el beneficio de los descuentos que obtenía a través de sus refinerías independientes o "teapots".
La factura que nadie quiere pagar. Tras la euforia de la toma militar, asoma un dilema financiero de proporciones billonarias. El petróleo venezolano ha sido tomado, pero está hipotecado. China financió durante décadas ferrocarriles y plantas eléctricas mediante más de 600 acuerdos bilaterales.
En cuanto a la deuda, las cifras estiman unos 10.000 millones de dólares, aunque otros cálculos de think tanks elevan la deuda histórica a más de 60.000 millones, gran parte de ella estructurada bajo el modelo de "petróleo por préstamos". Sin embargo, el gran temor en Pekín es que el nuevo gobierno tutelado por Trump invoque la doctrina de la "deuda odiosa". Como señala el experto Cui Shoujun, este recurso legal permitiría al nuevo ejecutivo repudiar los préstamos alegando que el dinero chino no benefició al pueblo, sino que sirvió para mantener al régimen de Maduro en el poder.
Indignación en Pekín. La respuesta desde el gigante asiático es firme y no se ha hecho esperar. El medio oficial China Daily ha calificado la captura de Maduro y la intervención militar del 3 de enero como una "invasión hegemónica flagrante" y un acto de "neocolonialismo". En editoriales firmados por investigadores de la Academia China de Ciencias Sociales, se acusa a EEUU de usar la "fuerza dura" para pisotear las normas internacionales y enviar un mensaje de miedo al resto de países latinoamericanos que buscan una vía independiente.
Un tesoro en ruinas. La captura de Maduro ha puesto el mayor depósito de crudo del mundo en manos de Washington, pero el trofeo llega con una letra pequeña que podría quebrar los balances financieros globales. La infraestructura que ahora hereda EEUU está literalmente en ruinas: cargar un petrolero tarda hoy cinco días frente al único día que bastaba hace siete años, y el crudo llega "sucio" (con exceso de sal y agua). La reconstrucción exigirá 10.000 millones de dólares anuales durante una década.
La batalla de Venezuela ya no se libra con soldados, sino en los despachos donde se decidirá quién paga la deuda china y quién repara las tuberías oxidadas de PDVSA. Mientras tanto, los barcos Xingye y Thousand Sunny se alejan del Caribe, simbolizando el fin de una era.
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Xataka | La "cara B" del desembarco de Estados Unidos en Venezuela: un subsuelo repleto de hipotéticas tierras raras
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Los petroleros chinos están llegando a Venezuela y volviéndose vacíos. Exactamente lo que EEUU buscaba
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Alba Otero
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