Los vecinos empiezan a regresar a sus casas: «Ha sido un milagro que no se quemen»
Regala esta noticia Añádenos en Google Luis y Andrea regresan a casa con su perro Johan. (M. R.)Moisés Rodríguez
Vall d´'UIxó
28/07/2026 Actualizado a las 10:18h.Luis y Andrea, padre e hija, regresan a casa con Johan, el perro que lleva su nombre en honor a Cruyff. «Fue mi padre el ... que llamó al 112, notó el primer fuego por el crepitar de la madera», señala la joven. «¡Esto es un infierno nos tenemos que ir!», exclamó ella cuando llamó a su progenitor, ya con el segundo incendio, el que ha desatado el caos Mientras el sol terminaba de ocultarse, los residentes del barrio de la Vall d'Uixó que roza la Serra d'Espadà van llegando por goteo. Algunos muestran en el rostro el cansancio, la tristeza por la joya natural que tardarán años en recuperar y el miedo. Pero lo que da pavor es la zona conocida como Sequieta del Roig y Monte Zamora, totalmente calcinada... excepto una urbanización. La vista es paradisiaca, una estampa perfecta, como si fuera aérea de la Vall d'Uixó. Salvo porque la imagen incluye laderas calcinadas y un enigma: «¿Cómo es posible que la zona residencial no haya quedado totalmente arrasada?». «La casa está bien, no tiene ni rastro de fuego. ¡Ha sido un milagro!» Uno se lo pregunta mientras salva los 2.000 metros que separan el casco urbano de la urbanización, con un desnivel propio de un final explosivo en alto de la Vuelta a España. Infernal. Pero para infierno el que se ha desatado junto a esa carretera. Abres la ventanilla del coche y aún sientes el aliento del diablo: calor que emana de la tierra todavía humeante y el olor a árbol muerto. ¿Cómo es posible que los vecinos de esa zona no hayan encontrado sus inmuebles destrozados por el fuego destructor. «La casa está bien, no tiene ni rastro de fuego. ¡Ha sido un milagro!», señala Pablo, que baja de copiloto de Darío. Hay vecinos que, pese a haber sido realojados, prefieren pernoctar aún en la casa donde fueron acogidos. Como estos chavales o Jacinto, un comercial recién jubilado: «Si llegamos a perder la vivienda ya no nos la podemos hacer de nuevo. Edificamos esta para mí y esa para mi cuñado». El hombre se marcha al chalé que tiene su suegra en Xilxes después de comprobar que el proyecto de su vida sigue en pie: «Está todo lleno de ceniza, pero eso ya es lo de menos». El muro de estos inmuebles está separado por un camino de menos de dos metros de la destrucción más absoluta. Como Javier Millán, que señala orgulloso el muro que edificó su abuelo en plena ladera: «Lo construyó él, y gracias a esas piedras el fuego paró. Si no llega a estar igual perdemos la casa, tanto la que heredé de él como mis vecinos». El chico heredó la vivienda, que se va arreglando poco a poco. Ese cortafuegos levantado por su antecesor le ha dado una bola extra en ese objetivo vital. Se ha pasado por la parcela a comprobar que todo estaba bien, en su franja y en la de sus vecinos: «Y a por los libros de mi novia, que le encanta leer. Estaba preocupadísima por si los había perdido». José ha estado refrescando la valla de su chalé y el camino con el agua de la manguera, y ahora pelea para sacar ceniza de la piscina. Mientras, su mujer, con problemas respiratorios, ventila la casa con una mascarilla. Ellos han decidido que vuelven a su hogar. Saben que tendrán que limpiar a fondo en los próximos días, pero después de casi tres días desalojados, han constatado que como en casa, en ningún sitio. No saben si hallar el inmueble intacto ha sido un milagro, pero José arroja algo de luz y habla de unos ángeles guardianes: «La UME estuvo trabajando aquí todo el día, gracias a ellos todo esto está así». Más de 400 efectivos de diferentes cuerpos, entre dependientes de la Generalitat valenciana, el Gobierno, o las Diputaciones de Castellón y Valencia trabajan para que las 10.000 personas que seguían desalojadas al cierre de esta edición puedan regresar al fin a casa. Aunque lo que vean les parta el alma. «Voy a tardar asumir que nuestro monte por el que entreno todos los días ha quedado arrasado. Va a costar mucho recuperarlo», lamenta Sergi. Para otros la angustia no ha terminado y aún se estremecen lo que se van a encontrar a su regreso. Ya entrada la noche, un hombre llora ante dos agentes en el Puesto de Mando Avanzado pidiendo que le permitan acceder al lugar donde están (quiere creer que sea en presente) sus animales.
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