Más allá de autos judiciales y estruendo político, la realidad del censo en España es el tema por excelencia en las plazas casi desiertas de una España vaciada que recorremos, 518 kilómetros en dos días, para entender la magnitud de la sacudida de la ley de nietos. En vigor desde el 21 de octubre de 2022, ha aportado 414.632 nuevos electores al censo de españoles residentes en el extranjero (CERA) desde las elecciones generales de julio de 2023. Sobre el terreno, estas cifras se traducen en un fenómeno insólito: miles de nuevos vecinos adscritos en el papel a aldeas que jamás han pisado.
Para entender el alcance de un fenómeno que amenaza con determinar el futuro político del país o modifica el mapa del poder autonómico desde miles de kilómetros de distancia, es necesario adentrarse en las profundidades de provincias como Ourense, Zamora, Salamanca y Ávila. Allí, en esos municipios, lejos del foco mediático, se han registrado algunas de las subidas de censo exterior más abruptas del país. Y la sensación general es de sorpresa y desconcierto: los vecinos se preguntan "quiénes son" esos que votarán con ellos.
El debate en Celanova
La ruta por esta España arranca en Celanova, un pueblo de casi 6.000 habitantes a menos de una hora de la capital de Ourense. Allí, los registros del padrón exterior han dado un salto más que llamativo: si en las elecciones de 2023 el censo CERA era de 684 personas, hoy se ha disparado hasta las 4.056, lo que supone un incremento de 3.372 votantes en apenas tres años. Ajena a la estadística, la vida del municipio se despereza los jueves por la mañana con la llegada del mercado, cuando los vecinos salen temprano, en un esfuerzo progresivamente mayor con el avance del otoño y el frío húmedo que empieza a calar en las calles de piedra.
Luis Esperanza Vázquez y su mujer Mara Lorenzo en las calles de Celanova.Justo en los alrededores del imponente Monasterio de San Salvador, abriéndose paso entre los ecos de los feriantes que intentan vender a gritos, pasea Luis Esperanza Vázquez, a quien todos conocen como Pirrá. Apoyado en su bastón y arropado por su mujer, Mara Lorenzo, este diseñador gráfico relata cómo él mismo encarna esa historia de éxodo: emigró a Venezuela en 1964 y regresó definitivamente en 1977. Con el poso de quien conoce la distancia, defiende firmemente la aplicación de la ley de nietos, algo "normal y muy lógico". Esa visión coincide con el escepticismo de María Jesús Álvarez Díez, Susi Picha para los vecinos.
Desde la oficina de su supermercado, percibe toda la situación como una campaña política para "intentar encubrir otros problemas que hay". Al entrar en su establecimiento, la dinámica de Celanova se hace evidente: todos los clientes la saludan y todos se conocen. Susi empieza a señalarlos uno por uno para ilustrar su punto. "Esta mujer vivió en Suiza muchos años", "aquella tiene primos en Estados Unidos que vienen cada verano", "esa otra tiene hermanos en Venezuela"... De este modo evidencia el pasado de un lugar donde muchos tuvieron que emigrar por motivos puramente económicos.
Susi Picha en el supermercado heredado de su familia.No eran esos, sino los del exilio político, los supuestos previstos por la ley de Memoria Democrática de la que nació la ley de nietos, una instrucción posterior que amplió el colectivo a todos los que salieron de España entre 1936 y 1955, aunque no mediase persecución partidista. De ahí ha surgido la discrepancia que el Tribunal Supremo atajó el pasado 8 de septiembre con la paralización cautelar del censo CERA desde la irrupción de la ley de nietos en 2022.
En una calle cerca del Ayuntamiento de Celanova, el debate continúa. En la mesa de uno de los bares, tomando el vermú, se encuentran Manolo Pozo y Ángeles Villar, cuyas posturas chocan de lleno con las de Pirrá. Para Manolo, quienes residen fuera "no sufren las consecuencias ni buenas ni malas que puedan pasar en el país". No entienden que personas a miles de kilómetros puedan decidir el futuro de quien se queda y denuncian que "el señor de allí puede hacer lo que le da la gana" sin padecer el día a día del municipio. "Si un niño llega a los 18, 20, 30 años y no se apunta, es que no le interesa. Si ahora tiene 50 tampoco le debe interesar la nacionalidad", remata Ángeles.
El voto desde el extranjero ha aumentado un 20% a nivel nacional desde la aplicación de la ley y se ha distribuido por la geografía española: la Comunidad de Madrid encabeza las subidas con un repunte del 36,67% en el voto desde el exterior -9 de cada 100 votantes están censados ahora fuera de España-. Le siguen Baleares (30,21%), Álava (29,12%) y Girona (28,22%). Por encima de la media nacional también se sitúan otras 15 provincias y las cifras más bajas corresponden a Córdoba, A Coruña, Badajoz y Ourense (sólo +7,79%).
En Celanova la discusión está encendida. En un municipio donde todos tienen una opinión y todos se conocen, a muchos le resulta incomprensible que alguien ajeno a sus calles decante como ellos en las urnas. Y no es un temor infundado: las cifras asustan a los residentes cuando descubren que el CERA ya representa el 46,66% del censo de la localidad.
Esgrimiendo la ley de nietos, 2,4 millones de descendientes han solicitado la nacionalidad, y con 414.632 ya incorporados al sistema, la medida cautelar del TS llegó tras los recursos de Vox y la plataforma Iustitia Europa. En línea con el PP, alertan de un riesgo inminente de "alteración del censo electoral". El alto tribunal avaló esa inquietud al señalar que un incremento tan notable de electores puede afectar a "la transparencia del proceso electoral y a la confianza de la ciudadanía en sus resultados".
Desconocimiento en Fermoselle
Dejando atrás Galicia, la ruta se adentra en los Arribes del Duero hasta alcanzar Fermoselle (Zamora). Un municipio que se sostiene gracias a la agricultura, la hostelería y el turismo que atraen sus históricas cuevas del vino, una segunda aldea debajo de la visible, que conecta las calles y casas en secreto. Aquí, la anomalía estadística es igualmente sorprendente si se tiene en cuenta el tamaño del padrón y la avanzada edad de sus habitantes: de los 91 inscritos en el CERA en 2023, la localidad ha pasado a 1.320 en 2026, asumiendo 1.229 nuevos electores en tiempo récord.
Los hombres más veteranos de Fermoselle en la plaza del pueblo tomando una cerveza.Al llegar a la zona, la estampa impresiona: el pueblo parece colgado de las laderas de la montaña. Para adentrarse en sus calles, el coche exige meter primera y pisar el acelerador midiendo muy bien las distancias, ya que el vehículo avanza a duras penas encajonado entre las fachadas de piedra. En el corazón de Fermoselle, la vida social resiste en un conjunto de bares en la plaza mayor, el refugio donde los hombres más veteranos se reúnen a charlar con una cerveza.
Allí, sentados junto a sus amigos, están Antonio Puente, el Majo, y Jesús Varas, el Sacristán. Entre conversación y conversación desgranan la cruda realidad demográfica de la zona: "Si nace un niño o dos al año... yo recuerdo hace 14 años hicieron la comunión 10 niños... y ahora uno o ninguno", relatan con resignación. Y es que la dureza del entorno viene de lejos. A principios del siglo XX, una plaga de filoxera arrasó las cepas de este terreno escarpado, empujando a centenares de familias a embarcarse hacia América en busca de sustento.
Antonio Puente, el Majo (de pie), y Jesús Varas, el Sacristán (sentado), delante del Ayuntamiento de Fermoselle.Hoy, de aquella histórica diáspora, confiesan, ya no queda un vínculo real. "Marcharon cientos de personas a la Argentina y no volvieron. Casi todas las familias de aquí han emigrado", explican, evidenciando una desconexión total con los nuevos inscritos. "Nosotros no conocemos a la mayoría de esas 1.000 personas que se han censado en los últimos años", admiten. Los vecinos cuestionan abiertamente la legitimidad de que forasteros que no sufren las carencias del lugar decidan el rumbo político.
La herencia de Béjar
El viaje prosigue hacia el sur, alcanzando Béjar (Salamanca). En esta provincia ya existen 28 municipios donde el voto desde el extranjero supera al voto local, la que más tiene de toda España, seguida de La Rioja, con 22 y Ourense, con 17. En el caso concreto de la localidad, el censo exterior ha mutado de apenas 28 a 1.379 inscritos, sumando 1.351 personas de golpe desde las últimas elecciones.
A nivel nacional, el panorama no es menos inquietante: existen en España 161 municipios donde el electorado residente en el extranjero supera al local. El caso más extremo es Ventrosa (La Rioja), donde por cada elector físico hay cuatro en el extranjero (45 censados locales frente a 296 fuera, lo que supone un 86,80% del padrón total). Le siguen Fuentestrún (82,33%), en Soria, y Junciana (80,37%), en Ávila.
Sin embargo, esos abultados CERA son previos a la ley de nietos, derivados de antiguas dinámicas de éxodo. La elección de Celanova, Fermoselle, Béjar y Aldeanueva como estaciones de nuestro recorrido se debe a que son los pueblos donde el padrón exterior ha estallado sin previo aviso en los últimos tres años, un crecimiento veloz atribuible de forma exclusiva a la nueva legislación.
Para comprender la enorme diferencia entre el voto exterior tradicional, fundamentado en un arraigo real, y el provocado por la ley de nietos, hay que detenerse en la historia de la familia de Aziza, afincada en Béjar. Originaria de Marruecos, Aziza llegó a España con un contrato de trabajo y al poco tiempo trajo consigo a sus hijas, Salka y Sanaa. Hoy, la matriarca sigue viviendo en el municipio salmantino, donde echó raíces y dónde sus hijas crecieron, estudiaron y trabajaron, obteniendo la nacionalidad española por residencia tras más de dos décadas de vida ininterrumpida en el país.
Aciza, vecina de Béjar (Salamanca), hablando por videollamada con sus hijas Salka, que vive en Alemania, y Sanaa, que vive en Bélgica.Las circunstancias de la vida y la búsqueda de oportunidades laborales las han empujado a hacer las maletas de nuevo: Salka vive actualmente en Alemania y Sanaa se instaló en Bélgica en 2023 con su marido. Sin embargo, ninguna de las dos concibe integrarse en la vida política de sus actuales países de acogida, porque sienten que su hogar sigue estando en Salamanca. Mantienen su piso familiar en Béjar, sus hijos tienen pasaporte español y viajan cada vez que pueden para pasar las vacaciones con la abuela y mantener viva la cultura. Han renunciado a sus antiguos papeles en Marruecos y España es, a todos los efectos, el lugar al que pertenecen. "Yo nunca pienso desligarme... siempre votaré en el consulado español por correo", afirma Salka por videollamada, con el orgullo de quien se siente parte de una comunidad.
Este es el CERA consolidado y con arraigo demostrable, una realidad que choca con las inscripciones masivas de descendientes que nunca han pisado España y que, amparados en la actual normativa, sólo deben marcar una casilla en un formulario consular sin necesidad de aportar pruebas documentales reales de su vínculo con el municipio elegido.
La resistencia de Aldeanueva de Santa Cruz
La última parada se adentra en las cumbres de Ávila, en Aldeanueva de Santa Cruz. Aunque aquí el aumento del CERA es numéricamente inferior, pasando de 119 a 157 inscritos, 38 más, el impacto porcentual sobre su mermado censo es abismal. Es una aldea ganadera de alta montaña donde "niños hay muy pocos, cuatro van en el autobús" y entre el 80% y el 85% de la población supera los 80 años de edad. La vida comunitaria gira en torno al único bar del pueblo, enclavado entre calles casi desérticas, donde cada día se reúnen los pocos ganaderos que resisten. Al presentarles las cifras del censo, exclaman: "¿Quiénes son?, ¿De dónde salen? Nosotros no los conocemos".
Los ganaderos de Aldeanueva en el único bar del pueblo.En este escenario, el impacto político adquiere una relevancia vital, pues las decisiones legislativas marcan la supervivencia de los que aún quedan. Martina Peral Martín (PP), la alcaldesa del municipio, recibe a EL MUNDO en el salón de su casa y describe con crudeza cómo el espíritu de reparación de la ley está completamente desenfocado de la realidad que vivió su pueblo: "Eso es mentira, los de aquí no son exiliados políticos... Se fueron a vivir a Argentina porque quisieron, de hecho, se fueron familias enteras". La regidora defiende que las verdaderas razones de aquella diáspora fueron puramente económicas y de supervivencia: "Iban buscando poder vivir mejor, porque aquí vivían de muchas penurias... Fueron a hacer dinero". Martina no oculta su rechazo y denuncia una imposición interesada: "Nos la quiere colar el Gobierno".
No entiendo cómo puede votar quien no conoce ni Aldeanueva... ni a sus vecinos
Martina Peral
Reconoce que, en ocasiones, algún descendiente argentino aparece por la aldea buscando las huellas de sus abuelos: "Es alucinante qué emoción sienten cuando llegan. Se te ponen los pelos de punta". Sin embargo, separa de inmediato lo sentimental de lo cívico: "Yo creo que lo que ellos van buscando es más la nacionalidad que votar". Al final del camino, sus palabras representan el temor profundo de esos 161 pueblos españoles en una misma encrucijada: "¿Cómo vas a cambiar unas elecciones? No entiendo cómo puede votar quien no conoce ni Aldeanueva... ni a sus vecinos".
Martina Peral (PP), alcaldesa de Aldeanueva de Santa Cruz, en el salón de su casa.En esta travesía por las entrañas de Celanova, Fermoselle, Béjar y Aldeanueva de Santa Cruz, surge una certeza: en estos pueblos, el anonimato no existe. Aquí todos se conocen, se saludan por la calle y heredan la memoria colectiva de unas familias que tuvieron que hacer las maletas hace décadas. Al poner sobre la mesa las cifras del CERA y el repentino estallido del padrón exterior, la reacción general es siempre la misma: la extrañeza inicial da paso a una profunda preocupación por el futuro político y la soberanía de sus urnas. En estos rincones, donde casi todos responden a un apodo con el que se identifican, los vecinos están deseosos de explicar la cruda realidad de su día a día con la esperanza de que sus pueblos, golpeados por la despoblación, no mueran en silencio.
Las claves
¿QUIÉN? La ley de nietos permite obtener la nacionalidad a los nacidos fuera de España de padres o abuelos españoles que perdieron el pasaporte por exilio político o ideológico. Posteriormente, una instrucción ministerial amplió la «presunción de exilio» a todos los que salieron entre 1936 y 1955.
MUNICIPIOS AFECTADOS. El fenómeno de localidades donde el CERA supera al local es encabezado por la provincia de Salamanca, con 28 municipios. Le siguen La Rioja (22), Ourense (17), Soria (14), Asturias (11), Burgos(10) o Zamora (10), entre otras.