A mil millones de píxeles se descubren detalles que pasan inadvertidos al ojo humano. Una treintena de cuadros del Carmen Thyssen ya pueden explorarse en altísima resolución en Google Arts & Culture
Regala esta noticia Añádenos en GoogleMálaga
11/09/2026 a las 18:21h.Nunca una imagen igualará la experiencia de contemplar una obra de arte en persona, pero sí puede hacer que la veamos de otra manera. Una ... treintena de cuadros del Museo Carmen Thyssen pueden explorarse ya en formato gigapixel en Google Arts & Culture, una plataforma digital y aplicación móvil de acceso libre que permite observar en altísima resolución piezas, sitios históricos y colecciones de museos de todo el mundo. Al ampliar esas fotografías con mil millones de píxeles se descubren detalles que pasan inadvertidos a simple vista y la técnica del artista se revela con una claridad asombrosa. Una tecnología interesante para el público general que quiere bucear por piezas que en la pinacoteca hay que ver a una cierta distancia de seguridad, pero que resulta especialmente útil para los profesionales de arte que aprenden, estudian y cuidan las obras de los grandes maestros.
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Un trío amoroso de fondo
Ampliar AmpliarEn segundo plano de la pintura, se desarrolla la historia que da sentido a la escena principal en la que una mujer lee la buenaventura a otra. Ella está con gesto triste y ajena a lo que le dice la echadora de cartas, que le advierte de algo con un cinco de oro en la mano. La explicación se descubre al ampliar la imagen: así se ve con mayor precisión a una mujer en actitud suplicante hacia un hombre que se cubre con una capa, mientras otra con un manto rojo aparece apoyada en el quicio de la puerta del palacio de la derecha. Se trata de un trío amoroso: la esposa intenta retener a su marido y la amante (la misma a la que echan las cartas) se queda sola.
Pelos del pincel y craqueladuras
Ampliar AmpliarEn el extremo inferior izquierdo, encima del banco que Romero de Torres pinta bajo la escena principal, se descubre lo que parece ser un pelo del pincel del artista, probablemente de la capa de barniz que aplicó sobre el cuadro. En los alrededores son visibles diversas craqueladuras de la obra, grietas que aparecen en la capa superficial del óleo por el envejecimiento natural del material. La suya es una pintura ligera que permite además ver la trama del lienzo en diferentes partes, por ejemplo, alrededor de la nariz de la joven que se apoya en el alféizar.
Detalles sutiles de un genio
Ampliar AmpliarCuando la imagen se acerca, se descubre la mano de un maestro de la pintura. Si se amplía la zona del hombro de la joven de la izquierda, se ve la textura que Romero de Torres imprime al tejido de la camisa, con un reticulado irregular hecho así a conciencia para darle realismo, y con ese golpe de luz que aporta volumen a la figura. Y si se acerca la lupa a su rostro, se aprecia el leve y sutil rubor de la joven.
Juan Martínez Abades 1903
'Puerto exterior y Abra de Bilbao con Punta Galea'
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La técnica del artista
Ampliar AmpliarA mil millones de píxeles, la técnica del pintor asturiano Juan Martínez Abades se revela. En las olas que rompen en la bahía de Bilbao, se ven las diferentes pinceladas, algunas con más material y con empastaciones muy claras. No son bruscas, no es una pintura impresionista, pero se distingue la pincelada vertical cuando la ola sube y el movimiento circular del pincel cuando ésta rompe. Aunque la espuma parece blanca, cuando la lupa se acerca se detecta también el uso de azules y verdes para darle ese aspecto de mar bravío a cierta distancia.
Gaviotas de lejos, dos pinceladas de cerca
Ampliar AmpliarEn el centro izquierda de la imagen, a lo lejos, se intuye una decena de gaviotas sobrevolando el mar. Cuando el plano se acerca, lo que de lejos son aves se transforman en puntos blancos con dos pinceladas horizontales negras para las alas. Algunas están más definidas, otras están simplificadas al máximo, demostrando una gran capacidad de observación del artista.
Darío de Regoyos Ca. 1900
'Paisaje de Hernani'
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De las nubes craqueladas a la montañas azules
Ampliar AmpliarEste paisaje de Regoyos está perfectamente conservado, pero no se ha librado de las craqueladuras provocadas por el pigmento blanco que usó el artista. Una vista ampliada de las nubes revela numerosas grietas en aquellos lugares en los que empleó ese color en gran cantidad para dar esponjosidad al cielo nublado. Y hay otro dato curioso en su obra que Regoyos -como tantos otros- tomó prestado de Velázquez: pintó las montañas del fondo con tonos azules y violáceos, porque así es como se ven en la lejanía, y no marrón como cabría suponer.
Las mujeres que caminan
Ampliar AmpliarA la izquierda, el artista compone una escena que da vida a la historia del cuadro: hay una mujer que porta un canasto sobre su cabeza, otras dos charlan mientras andan y a lo lejos del camino se intuyen dos sombras que avanzan por el pueblo. De cerca, sin embargo, son simples trazos, imperfectos en muchos casos, con sombras inexactas. Pero de lejos funciona: cuando la vista se aleja, todo cobra sentido. «Es fascinante ver cómo simples monigotes se convierten en personajes con vida», explica la directora Lourdes Moreno.
Carlos de Haes 1856
'Vista tomada en las cercanías del Monasterio de Piedra'
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El pastor escondido
Ampliar AmpliarSe trata de una escena bucólica, un hermoso paisaje aragonés con un rebaño de cabras en primer término. Carlos de Haes, minucioso y detallista, pinta a su pastor sentado en una roca a orillas del río Piedra al atardecer. Pero no es la única persona que aparece en la imagen. A su compañero solo se le ve ampliando la imagen, al otro lado del río, en la parte derecha de la pintura. Allí, apoyado en una piedra, descansa otro pastor rodeado de sus ovejas. Una escena que pasa inadvertida a simple vista pero que completa el relato de esa tarde estival en las cercanías del Monasterio de Piedra.
Pincelada homogénea
Ampliar AmpliarCarlos de Haes tiene una pintura mucho más homogénea que Diego de Regoyos. Ni acercando la imagen al máximo se desvela la gestualidad de su pincelada, con empastes delicados para conseguir texturas y un dibujo riguroso, en una paleta sobria de tonos tierras y ocres.
José Benlliure Gil 1881
'El carnaval de Roma'
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Pintura preciosista
Ampliar AmpliarEn un cuadro de pequeñas dimensiones (38,8 x 54,4 cm), Benlliure Gil pinta 16 figuras en el balcón de un palacete romano durante la celebración del carnaval. Cada una con un gesto y un atuendo diferentes que la visión ampliada permite analizar en profundidad. La suya es una pintura preciosista y minuciosa que cuida todos los detalles de una escena popular.
Profusión de elementos
Ampliar AmpliarEl artista se detiene además en dibujar con precisión los tapices, las guirnaldas, los cirios y las argollas de la pared, sin dejar huecos libres. Incluso esboza una escena (de un rey con una mujer que lleva un tocado antiguo) en el tapiz que hay debajo del principal. Unos trazos que pasan absolutamente inadvertidos a simple vista: podría haber dejado vacía esa tela sin afectar al conjunto. Con la ampliación al cien por cien, se lee la palabra 'carnevale' en los aleluyas (pliegos de papel con versos que solían lanzarse desde los balcones en las celebraciones) que arroja un niño.
Créditos
Fotografías de las obras Museo Carmen Thyssen
Formato y diseño Encarni Hinojosa
- Temas
- Museo Carmen Thyssen
- Arte