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Los secretos y códigos de los deportes de élite: de Ascot a Wimbledon

Los secretos y códigos de los deportes de élite: de Ascot a Wimbledon
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El mundo de los deportes de lujo es un grupo altamente exclusivo. Los más selectos cuentan con protocolos y tradiciones que el dinero no puede comprar. Leer
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  • SANDRA ANDÚJAR
Actualizado 1 AGO. 2026 - 00:11En el Hipódromo de Ascot en Inglaterra, es obligatorio que los hombres vistan chaqué y las mujeres, sombrero o tocado de al menos diez centímetros.DreamstimeSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El mundo de los deportes de lujo es un grupo altamente exclusivo. Los más selectos cuentan con protocolos y tradiciones que el dinero no puede comprar.

El tenis, el golf, las carreras de caballos, la náutica, el remo y el cricket comparten un lenguaje de pertenencia. Un código no escrito que delata si alguien es de dentro o no. Sus orígenes se reparten entre los siglos XV y XIX. El tenis, por ejemplo, nació como juego de manos -jeu de paume- en los claustros de los monasterios franceses medievales antes de que se le añadiera una raqueta y pasara a ser una actividad de reyes: Enrique VIII de Inglaterra era tan aficionado que mandó construir su propia cancha cubierta en el palacio de Hampton Court, aún hoy activa.

Las carreras de caballos se practican desde la Antigüedad, pero su templo más famoso, Ascot, nació en 1711 por la afición de la reina Ana. Su corpulencia y su mala salud le impedían montar, así que decidió organizar el espectáculo desde la grada. Paseando en carruaje cerca del castillo de Windsor, vio un páramo que le pareció "ideal para que los caballos corrieran a toda velocidad" y ordenó construir ahí su hipódromo. Tres siglos después, la familia real abre cada jornada con el mismo desfile en carruaje, como si no hubiera dejado de ser su jardín privado. En 2013, Isabel II fue la primera monarca reinante en ganar la Copa de Oro de Ascot, con su yegua Estimate.

La primera referencia escrita del golf data de 1457, cuando el rey escocés Jacobo II lo prohibió por ley junto al fútbol -que ya se jugaba desde la Edad Media-, porque ambos distraían del tiro con arco, obligatorio ante la amenaza de invasión inglesa. En 1502, firmada ya la paz, el propio Jacobo IV se convirtió en el primer monarca golfista de la historia. Décadas después, María Estuardo escandalizó a la corte al salir a jugar al golf a los pocos días del asesinato de su marido. El fútbol tardaría siglos en ganarse el mismo respeto...

El origen de la náutica es militar: izar la bandera al amanecer, arriarla al atardecer, saludar con la cabeza cubierta -el ceremonial de los clubes náuticos más exclusivos- es, literalmente, el manual de a bordo de la Royal Navy. Incluso el intercambio de burgees -la banderola de cada club- imita el saludo naval entre buques. La Copa América nació de esa cultura en 1851, cuando la goleta estadounidense America venció con una ventaja a la flota británica, por eso la competición se llama así, a pesar de que la regata inicial era alrededor de la isla de Wight (Inglaterra).

El nombre del polo viene de pulu, palabra tibetana que significa pelota. Llegó a Occidente a través de oficiales británicos que fundaron en Calcuta en 1862 el club más antiguo del mundo. Pero ya se practicaba en Asia. El emperador mogol Akbar, en el siglo XVI, inventó una versión con una pelota que ardía, para no dejar de jugar tras el atardecer.

El cricket nació como un pasatiempo de pastores y campesinos ingleses en el siglo XVI. Fue la aristocracia la que, 200 años después, estructuró el juego: organizaba partidos, apostaba sumas notables y patrocinaba a los mejores mientras ellos competían como aficionados. Así surgió la distinción Gentlemen y Players, que mantuvo el campo dividido en dos castas hasta 1962.

La localidad de Henley, a orillas del Támesis, llevó su obsesión por la exclusividad a los estatutos del remo: en 1879 fijó suprimera definición de amateur, que excluía a "cualquiera que sea o haya sido, por oficio o empleo remunerado, mecánico, artesano o jornalero". En 1920, se rechazó a Jack Kelly -padre de Grace de Mónaco- por haber trabajado de albañil; semanas después, Kelly ganó el oro olímpico en esa misma prueba. En 1936 el club excluyó a la selección australiana de remo por estar formada por policías. Fue tal el revuelo que se revocó la norma en 1937.

Puertas que el dinero no abre

En su variante más elitista, todos estos deportes comparten unos códigos que funcionan como auténticos rituales de pertenencia.

El Royal Box, el palco más exclusivo de Wimbledon, exige traje y corbata para los hombres y vestido de día para las mujeres, sin sombreros que tapen la vista a quien está detrás. El acceso es por invitación del presidente del All England Club: no hay entradas a la venta. En 2015, Lewis Hamilton fue rechazado por llevar camisa floral sin corbata. Tras la final, el club organiza una cena de gala en The Lawn donde, por tradición, campeón y campeona abren un baile juntos -en 2025 lo hicieron Jannik Sinner e Iga Swiatek-.

Desde 1949, el ganador del Augusta National Golf Club recibe una chaqueta verde que solo puede sacar del club durante el año de su reinado. El club, con apenas 300 socios, no acepta solicitudes: solo puede proponerte otro miembro. Ni ganar el torneo garantiza entrar: leyendas como Gary Player o Phil Mickelson nunca lo lograron. Cada año, además, el campeón vigente paga la cena de excampeones. La norma de comportamiento más estricta es la prohibición absoluta de móviles, incluidos el de los periodistas.

En Ascot, el sombrero es obligatorio. En el Royal Enclosure, con el código introducido por el dandi Beau Brummell, los hombres visten chaqué con corbata y las mujeres, sombrero o tocado de al menos diez centímetros; ni los fotógrafos acreditados entran sin traje formal. Cada tarde, la familia real llega en un desfile de carruajes que se ha convertido en el verdadero espectáculo de apertura, por delante de las carreras.

Hasta 2003, los jugadores y el público debían inclinarse o hacer una reverencia cada vez que un miembro de la realeza cruzaba su vista; hoy el gesto se reserva solo para el monarca o el príncipe de Gales. La etiqueta de trato es igual de estricta y poner un brazo sobre los hombros de la reina, como hizo Michelle Obama en una visita de Estado, sigue considerándose una de las mayores faltas de protocolo británico que se recuerdan.

Desde 1857, el documento legal Deed of Gift fija las reglas de la Copa de América: quien quiera desafiar al campeón debe ser de un país distinto,competir en mar abierto y construir su barco en su propio país. Además, cada desafío exige un preaviso de entre seis y diez meses, y solo se admite un retador a la vez: el primer club que presenta el desafío en regla se queda con el derecho exclusivo, y ningún otro país puede competir por el trofeo hasta que se resuelva esa edición. Ese sistema hizo que, entre 1870 y 1967 -casi un siglo-, la Copa América se disputara siempre uno contra uno.

Laetiqueta se extiende incluso al agua: durante las regatas, cualquier protesta contra un rival debe señalizarse izando una bandera roja específica y, en la ceremonia de entrega del trofeo, la tripulación ganadora viste el uniforme oficial de su club -blazer y corbata incluidos-, aunque acaben de bajar empapados. Competir cuesta más de 100 millones de dólares por equipo.

El Stewards' Enclosure, de Henley, tiene una lista de espera de entre seis y diez años, y solo se accede avalado por dos socios. El código de vestimenta se aplica con rigor: a quien luce un corte de falda demasiado alto, los stewards le entregan imperdibles para que se lo cosa allí mismo. Pero el detalle más revelador es otro: la chaqueta de rayas de cada club de remo solo puede llevarla quien remó de verdad y por tradición jamás se lava. Cuanto más desgastada, más años de pertenencia demuestra.

El Marylebone Cricket Club, dueño de Lord's y guardián de las Leyes del cricket desde 1787, tiene una lista de espera que ha superado los 25 años; la broma habitual entre candidatos es consultar las esquelas del Daily Telegraph para avanzar un puesto. El código prohíbe alpargatas, chanclas y ropa de camuflaje, y los ujieres vigilan el silencio.

La lección común

Ningún patrocinador paga por pasar desapercibido por casualidad: lo hace de forma deliberada. Wimbledon podría llenar sus pistas de carteles y no lo hace: Rolex, IBM y Slazenger pagan cifras millonarias por aparecer solo de forma discreta. Augusta cobra cero dólares a CBS y ESPN por los derechos de televisión -renunciando a más de 100 millones anuales- a cambio de controlar hasta la última palabra de la retransmisión. Ascot no relaja jamás el código de sombreros; Henley prefiere no lavar las chaquetas y Lord's no tiene interés en acortar su lista de espera.

En estas disciplinas, la escasez deliberada de anuncios y plazas es la que sostiene el valor de marca a largo plazo. Cuanto más cuesta entrar, más vale lo que hay dentro. En el deporte de élite, como en el lujo, la escasez nunca es un accidente: es la inversión más rentable que existe.

Sandra Andújar es presidenta de Elite Excellence-Federación Española del Lujo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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