El asentamiento de la playa del Trampolín creado por los inmigrantes. Ceuta
Reportajes Los vecinos del Trampolín en Ceuta estallan tras aplazarse el desalojo de la playa: "Nos han destrozado la vida"Los vecinos respaldan la decisión de que no se instale en el Puerto porque sería "una auténtica locura". A una chispa que saltase, hubiese entrado.
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Iranzu G. Vergara Ceuta Publicada 17 septiembre 2026 05:00h SíguenosLos vecinos del Trampolín llevan 48 días soportando la "nueva ciudad" que los inmigrantes han levantado en la playa del Trampolín donde viven más de 5.000 personas y, cada vez son más.
"Es un engaño porque realmente todos los invasores que están en el Trampolín no caben en el centro que querían abrir" en el Puerto.
No hay más que ver cómo este proyecto en el Puerto por parte del Gobierno no tenía sentido porque ahí en esta zona está la Ducar y los vecinos llevan semanas denunciando la peligrosidad de instalar ahí el campamento.
En esa zona hay suministro de productos petrolíferos y "tan solo una chispa" de las fogatas y hogueras que hacen cada día los inmigrantes "podría provocar que Ceuta entera saltase por los aires y desapareciese, relata Juan José, uno de los vecinos, a EL ESPAÑOL.
Habría que ser muy ingenuo para creer que el problema del Trampolín y de la playa de Calamocarro o Benítez acabe con la instalación de los campamentos "con poco más de 1.000 plazas como máximo" que no ataja el problema.
Juan José, uno de los vecinos de la playa del Trampolín. Iranzu G. Vergara Ceuta
La única solución es que "se devuelva a todas las personas a Marruecos, declarando un Estado de Emergencia" o si no "crear un macrocentro con más de 10.000 plazas para meterlos a todos" hasta que se de otra salida por parte del Gobierno de España.
Y aunque la esperanza es lo último que se pierde, los vecinos de este barrio de la playa no tienen ningún tipo de confianza "en que acabe pronto". Lo primero sería "tramitar los expedientes que son muy lentos" y que van a tardar en resolverse, al menos, hasta principios del 2027.
Quizá más, al contrario de lo que "dice Pedro Sánchez", así que "te lo tienes que comer y esperar", no queda otra.
Al margen de este centro del Puerto el panorama no es nada halagüeño y los vecinos del barrio lo que quieren es "que se vayan los invasores y recuperar nuestra vida".
Una vida que les ha sido arrebatada desde hace más de un mes y medio y, según parece, la situación continuará prolongándose en el tiempo.
Una misión que quizá sea imposible porque cada vez hay más chabolas en el Trampolín y tener un hueco en la playa es lo más "cotizado" para ellos porque eso "garantiza poder tener una plaza dentro de los campamentos que habiliten".
Por eso, los que están en los montes quieren bajar a la playa para poder hacerse con una parcela y así tener traslado a algún campamento de los que se van a abrir en la ciudad autónoma.
Mientras esto pasa y la "ciudad del trampolín" cobra cada vez más vida, la de las casas que están situadas en primera línea frente a la playa cada vez está más apagada.
Desde hace 48 días los vecinos no pueden dormir "hasta las 6 de la mañana, que es cuando se calma un poco la cosa" y ellos se acuestan. Conforme cae la noche la ciudad de la playa tomada por los inmigrantes empieza a cobrar vida.
El ambiente se va transformando después del reparto de comida en esta playa por parte de Cruz Roja. Los invasores van congregándose en torno a las chabolas y aparecen las primeras fogatas.
Ese humo impregna todas las inmediaciones con un olor fuerte que penetra, lo mismo hace con la ropa de los vecinos y el interior de las casas donde no pueden "abrir las ventanas porque además del olor hay miedo de que pueda haber un incendio por la parte de detrás del bosque" o cualquier otro altercado.
Los vecinos quieren ver la luz al final del túnel, que los inmigrantes se vayan y recuperar la normalidad de sus vidas "que no ha sido la misma desde el pasado 30 de julio" y que se encuentra condicionada por el constante trasiego de personas por el Trampolín.
Los inmigrantes se pasean con las bolsas de comida, otros están cortando el pelo en plena calle y los más avispados tratan de hacer negocio "hasta debajo de las piedras, con lo que sea", relatan.
Desde venta de galletas, leche, pinchos o bocatas por 1,5 euros a la venta de una de las chabolas que han levantado.
"Esto parece Marruecos, nos sentimos que en vez de en Ceuta estamos en Castillejos", denuncian los vecinos que tienen que soportar esta presión cada día al entrar y salir de sus casas.
Un ambiente que se crea por los puestillos colocados en hilera en la playa, la venta ambulante, la idiosincrasia propia de la sociedad musulmana.
Entre fogatas y reyertas
Los vecinos no pueden más y piden al Gobierno de Sánchez una solución real, no parches "para mover a los inmigrantes de un sitio a otro".
Aunque aumentar las plazas en los centros sería una de las pocas soluciones mientras estén en Ceuta para poder protegerse y no vivir en la calle.
Desde que se van abriendo nuevas casetas que venden entre ellos. Conseguir hacer negocio es fundamental y, por eso, en la playa han instalado los suyos propios entre las chabolas de una manera austera y tercermundista.
Pero uno de los grandes problemas con los que se están encontrando los vecinos es con que cada vez hay más asentamientos, antes era solo en la Playa del Trampolín y, ahora, se han extendido a Benítez y Calamocarro.
"Antes no estaban estos asentamientos, te lo aseguro", cuenta otro vecino a EL ESPAÑOL.
Pero ahora, más que en el Gobierno confían en la naturaleza. Las temperaturas comienzan a descender, aunque no mucho, pero esta situación se va a alargar en el tiempo según auguran los vecinos.
Son estos vecinos los que miran al cielo para que haya un cambio de temporal porque los inmigrantes no van a poder aguantar ni estar en la orilla de la playa "ni con el frío, ni con el oleaje que se generan por las condiciones climatológicas" de cada región.
Así, puede que para estos vecinos el rayo de luz venga con el otoño y con que el temporal obligue a desalojar la playa del Trampolín y, también, las aledañas y se vuelva a recuperar, al menos, el sueño de estos vecinos.
Pero con los pies en la tierra, muchas veces consideran que esto no será posible porque "de momento, no hay dónde meterlos a todos y cada vez hay más que salen de sus escondites porque se dan cuenta que si no salen, no comerían ese día.
Ahora tan solo les queda esperar en mitad de la "desesperación" y la angustia y confiar en que esos campamentos de estas playas se desalojen a lo largo de los próximos meses o semanas porque o bien se crean "nuevas instalaciones" o los inmigrantes "acabarán abandonando las playas por su propio pie" porque no podrán resistirlo.
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