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'Los versos satánicos': por qué la novela de Rushdie va mucho más allá de la fatua

'Los versos satánicos': por qué la novela de Rushdie va mucho más allá de la fatua
Artículo Completo 755 palabras
Cuando Salman Rushdie publicó en 1988 'Los versos satánicos' , la novela fue recibida como un trabajo ambicioso que trataba de manera experimental, desde el realismo mágico, el asunto de la identidad, en el marco de la inmigración, la transculturalidad y el desarraigo del tramo final del siglo XX. Muy lejos de todo lo que sucedería después con el libro y con su autor.'Los versos satánicos' era entonces la cuarta novela de Rushdie (Bombay, 1947), un escritor indio educado en Inglaterra que había alcanzado notoriedad internacional con 'Hijos de la noche', ganadora del Booker Prize en 1981. Los protagonistas de la novela, recordémoslo, eran dos indobritánicos que, después de sobrevivir a la explosión de un avión secuestrado (¿ anuncio del 11S ?), sufrían una fantástica transformación: uno adoptaba rasgos angelicales y el otro, demoníacos. Rushdie explicó entonces que se trataba de una novela sobre el cambio : nada permanece completamente puro cuando entra en contacto con otra cosa. La fábula incorporaba episodios inspirados en tradiciones del islam y la vida de Mahoma, y pronto fueron muchos los lectores musulmanes que interpretaron determinadas escenas como una ofensa al profeta . El libro fue prohibido en varios países, entre ellos la India, y al año siguiente el ayatolá Jomeini, líder supremo de Irán, emitió una fatua que pedía la muerte de Rushdie y de quienes hubieran participado conscientemente en la publicación del libro. El escritor pasó los años siguientes bajo protección policial, y durante largo tiempo 'Los versos satánicos' quedó atrapada en una gran paradoja : era uno de los libros más famosos del mundo, y al tiempo uno de los menos leídos por quienes hablaban de él.Por su frescura, originalidad y capacidad de interpretar la realidad, deberíamos leer 'Los versos satánicos' como lo que es: una novelaSueños, metamorfosis, parodia religiosa y cultural, Bollywood, Londres, la India, sexualidad, racismo… y una imaginación que se negaba a respetar fronteras. ¿De dónde sale lo nuevo, pues? ¿De la pureza o de la mezcla? La cuestión no era menor entonces. Y parece que ahora tampoco. En seguimiento de la fatua, en agosto de 2022, más de tres decenios después, Rushdie fue apuñalado cuando iba a participar en un acto en Estados Unidos. Sobrevivió, pero perdió la visión de un ojo y sufrió graves lesiones. Entre medias, habían caído las Torres Gemelas de Nueva York…Nada de esto ha arredrado al autor de 'Los versos satánicos', quien ha seguido escribiendo y defendiendo la libertad de expresión. Así pues, ¿cómo deberíamos acercarnos ahora, casi cuarenta años después, a 'Los versos satánicos'? Desde luego, en honor a su frescura, originalidad y capacidad de interpretar la realidad, deberíamos leerla como lo que es: una novela. No un manifiesto social, cultural ni mucho menos religioso. Por difícil que nos resulte sustraernos a la actualidad de las migraciones o las guerras de Gaza e Irán . Una de las funciones esenciales de la buena literatura es ir más allá de entretenernos o complacernos, hasta llegar a incomodarnos. Contradictorio, absurdo, múltiple, terrible, fascinante… Así era el mundo de Rushdie (y el nuestro) en 1988. En lo que toca a las migraciones, a las culturas y a las identidades, ahora sin duda volvemos a vivir arrojados hacia los extremos . O por lo menos hacia el alto maniqueísmo: nosotros y ellos, creyentes y descreídos, autóctonos y extranjeros, tradición y modernidad, religión y nacionalismos, grandes y pequeños, los unos contra los otros… Y en medio la persona. La raza humana, que diría Einstein. Satánico Salman Rushdie.

Cuando Salman Rushdie publicó en 1988 'Los versos satánicos', la novela fue recibida como un trabajo ambicioso que trataba de manera experimental, desde el realismo mágico, el asunto de la identidad, en el marco de la inmigración, la transculturalidad y el desarraigo ... del tramo final del siglo XX. Muy lejos de todo lo que sucedería después con el libro y con su autor.

'Los versos satánicos' era entonces la cuarta novela de Rushdie (Bombay, 1947), un escritor indio educado en Inglaterra que había alcanzado notoriedad internacional con 'Hijos de la noche', ganadora del Booker Prize en 1981.

Los protagonistas de la novela, recordémoslo, eran dos indobritánicos que, después de sobrevivir a la explosión de un avión secuestrado (¿anuncio del 11S?), sufrían una fantástica transformación: uno adoptaba rasgos angelicales y el otro, demoníacos. Rushdie explicó entonces que se trataba de una novela sobre el cambio: nada permanece completamente puro cuando entra en contacto con otra cosa.

La fábula incorporaba episodios inspirados en tradiciones del islam y la vida de Mahoma, y pronto fueron muchos los lectores musulmanes que interpretaron determinadas escenas como una ofensa al profeta. El libro fue prohibido en varios países, entre ellos la India, y al año siguiente el ayatolá Jomeini, líder supremo de Irán, emitió una fatua que pedía la muerte de Rushdie y de quienes hubieran participado conscientemente en la publicación del libro. El escritor pasó los años siguientes bajo protección policial, y durante largo tiempo 'Los versos satánicos' quedó atrapada en una gran paradoja: era uno de los libros más famosos del mundo, y al tiempo uno de los menos leídos por quienes hablaban de él.

Por su frescura, originalidad y capacidad de interpretar la realidad, deberíamos leer 'Los versos satánicos' como lo que es: una novela

Sueños, metamorfosis, parodia religiosa y cultural, Bollywood, Londres, la India, sexualidad, racismo… y una imaginación que se negaba a respetar fronteras. ¿De dónde sale lo nuevo, pues? ¿De la pureza o de la mezcla? La cuestión no era menor entonces. Y parece que ahora tampoco. En seguimiento de la fatua, en agosto de 2022, más de tres decenios después, Rushdie fue apuñalado cuando iba a participar en un acto en Estados Unidos. Sobrevivió, pero perdió la visión de un ojo y sufrió graves lesiones. Entre medias, habían caído las Torres Gemelas de Nueva York…

Nada de esto ha arredrado al autor de 'Los versos satánicos', quien ha seguido escribiendo y defendiendo la libertad de expresión. Así pues, ¿cómo deberíamos acercarnos ahora, casi cuarenta años después, a 'Los versos satánicos'? Desde luego, en honor a su frescura, originalidad y capacidad de interpretar la realidad, deberíamos leerla como lo que es: una novela. No un manifiesto social, cultural ni mucho menos religioso. Por difícil que nos resulte sustraernos a la actualidad de las migraciones o las guerras de Gaza e Irán. Una de las funciones esenciales de la buena literatura es ir más allá de entretenernos o complacernos, hasta llegar a incomodarnos.

Contradictorio, absurdo, múltiple, terrible, fascinante… Así era el mundo de Rushdie (y el nuestro) en 1988. En lo que toca a las migraciones, a las culturas y a las identidades, ahora sin duda volvemos a vivir arrojados hacia los extremos. O por lo menos hacia el alto maniqueísmo: nosotros y ellos, creyentes y descreídos, autóctonos y extranjeros, tradición y modernidad, religión y nacionalismos, grandes y pequeños, los unos contra los otros… Y en medio la persona. La raza humana, que diría Einstein. Satánico Salman Rushdie.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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