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El banquero central concluye su mandato y ve la presencia de España en el Comité Ejecutivo "perfectamente justificada" pese a los "episodios específicos" que sacuden al Gobierno.
Luis de Guindos ha ocupado durante ocho años una gran parte de la planta 40 del rascacielos de la calle Sonnemannstrasse, la torre que acoge la sede del Banco Central Europeo (BCE), y el lugar donde ha desempeñado el cargo de vicepresidente.
El banquero central recibe a EXPANSIÓN en su despacho, que ya prácticamente ha recogido. Tras una labor marcada por la concatenación de crisis, Guindos está preparado para regresar a España y dar el relevo en la autoridad monetaria al croata Boris Vujcic, que recoge el testigo para los próximos ocho años. Este domingo es su último día como segundo al mando en banquero central.
Tras la mudanza, Guindos se incorpora al mundo académico, una actividad que considera perfecta para "mantenerme al día, analizando informes y tendencias", indica.
Ese propósito de mantenerse al día de todas las cuestiones resulta especialmente relevante de cara a potenciales movimientos en un futuro. La figura del vicepresidente del BCE está sujeta a un periodo de restricción (cooling off) de un año para trabajar en entidades supervisadas por el propio banco central o de seis meses para el resto. Además, tiene la obligación estricta de informar por escrito al Comité de Ética del BCE sobre cualquier actividad laboral remunerada que pretenda realizar durante los dos años siguientes a la fecha de fin de su mandato.
Después de ocho años, en los que no ha habido descanso entre la pandemia, guerras y el shock inflacionario, y ahora con los aranceles y la tensión de Oriente Próximo, ¿qué valoración hace de este tiempo en la vicepresidencia del BCE?Tengo principalmente dos sentimientos. El primero es que el tiempo vuela. Y el segundo, que cuando uno mira la cantidad de cosas que han pasado, se da cuenta de que el mundo es hoy muy diferente al de hace ocho años. El cambio fundamental es que el riesgo geopolítico ahora es mucho más importante y eso impregna todas las decisiones de política económica. Hemos vivido una pandemia, la reapertura de la economía, la invasión de Ucrania, el aumento de la inflación y la llegada de la nueva administración americana, que supone un cambio de paradigma en las relaciones internacionales. El mundo es completamente distinto.Con su salida del Comité Ejecutivo, España se queda temporalmente sin representación en el BCE. ¿Cree que la debilidad del Gobierno o los casos de corrupción pueden afectar al proceso para recuperar esa silla?España es la cuarta economía de la zona euro y su presencia en la Ejecutiva del BCE es fundamental y está perfectamente justificada. El país tiene un sistema bancario saneado y ha demostrado cómo las reformas implementadas hace algo más de una década permiten que una economía crezca por encima de la media europea, casi duplicándola. Esa realidad debe jugar un papel, más allá de episodios políticos específicos. España puede tener buenos candidatos y estoy convencido de que podrá mantener una silla en la Ejecutiva en los próximos trimestres, cuando expiran varios mandatos de los miembros actuales¿Debería España apostar por la presidencia?Si se puede apostar a la presidencia, mejor, pero no especularía. Lo importante es tener presencia en el Comité Ejecutivo.Una vez que abandone el cargo mañana, parece que su destino es el ámbito académico.Voy a ocupar una cátedra en la Universidad de Comillas y a colaborar con el IESE. Es una actividad muy interesante y que me permitirá mantenerme al día analizando informes y tendencias¿No se plantea regresar a la política como se ha especulado en los últimos tiempos?No me planteo un regreso a la política. Estuve seis años y medio como ministro de Economía y mi nivel de vanidad está más que satisfecho en ese sentido [comenta entre risas].En la reunión del Consejo de Gobierno de junio ya no podrá votar, pero si siguiera en Fráncfort, ¿cuál sería su apuesta respecto a los tipos de interés?No voy a apostar por nada, pero mi opinión es que estamos ante un shock de oferta global que se reflejará primero en la inflación y luego en el crecimiento. Ese shock, además de en el plano energético, afecta a otros productos, lo que acentúa el deterioro de la relación real de intercambio. Eso va a tener un impacto especialmente intenso en el crecimiento económico a través del consumo y de la inversión. Y eso acabará atemperando el efecto inicial que va a tener la subida de los precios de la energía sobre la inflación. El impacto en el crecimiento económico va a ser claro, incluso podría ser más intenso que el de la invasión de Ucrania, que fue algo más localizado regionalmente. El Consejo de Gobierno considerará todo esto a la hora de tomar su decisión, porque es una situación que plantea un dilema para los bancos centrales. Además, en junio, el Consejo de Gobierno tendrá nuevas proyecciones macroeconómicas e información sobre el conflicto, que es la gran incógnita.Si hay una subida de tipos, normalmente no se queda ahí, sino que suele haber un segundo movimiento al alza. ¿Considera ésta una hipótesis correcta?Yo no sería tan tajante. El planteamiento del BCE es ir reunión a reunión y decidir en función de los datos. No existe ninguna decisión predeterminada para junio. Pero incluso asumiendo que así fuera, esa segunda derivada que usted menciona, dando por hecho una segunda subida adicional, es todavía más incierta. Todo dependerá de los datos y las proyecciones.¿Percibe en el ambiente de las reuniones del Consejo de Gobierno un miedo a precipitarse subiendo los tipos de interés, como en 2011, o de llegar tarde, como en 2021?No. 2011 nos queda muy lejos, y no son situaciones comparables, principalmente porque la situación fiscal y bancaria de muchas economías europeas y de la propia estructura de gobernanza de la zona euro eran muy diferentes. En cuanto a 2021, la situación también es diferente, aunque por otras razones. Aquello fue una concatenación de shocks: la pandemia, los cuellos de botella que se produjeron tras la reapertura de las economías, la invasión de Ucrania y unas políticas monetarias y fiscales extremadamente expansivas. El déficit público en la zona euro llegó al 7%; desde el BCE inyectamos 2 billones de euros en liquidez a los bancos y compramos otros 2 billones en deuda a través del programa de emergencia pandémica. Además, los tipos de interés estaban en terreno negativo, no como ahora. En esa circunstancia, desde la perspectiva del tiempo, se puede decir que en 2021 comenzamos a actuar algo tarde, al igual, por cierto, que el resto de los bancos centrales. Pero la situación hoy es completamente distinta. Hoy hay un shock de oferta, pero las políticas económicas no están en una situación tan expansiva como hace unos años.La economía española parece ir muy bien en las cifras macroeconómicas. ¿Es oro todo lo que reluce?La economía española tiene ventajas estructurales por las reformas de hace doce años y un sistema financiero sólido. Es competitiva y ha tenido vientos de cola, como el aumento de la población por la inmigración, que ha empujado el PIB. Estoy a favor de la inmigración, como he dicho en muchas ocasiones antes. Y a la vez hay que analizar los costes sociales derivados de un aumento de población tan rápido en poco tiempo, principalmente la vivienda. Una mayor población eleva la demanda de alquiler, pero la regulación actual en España no favorece la oferta. El resultado es un aumento de precios que afecta a los jóvenes y al mercado laboral. Además, aunque el PIB español crece el doble que en Europa, el PIB per cápita lo hace al mismo ritmo que el europeo. Eso se debe principalmente a que la productividad por empleado no aumenta y por ello los salarios no suben todo lo que debieran¿Sigue habiendo preocupaciones en el terreno fiscal?La situación fiscal de España se ha visto favorecida por un incremento muy intenso de la recaudación y la no deflactación del IRPF. Pero ha habido un incremento del gasto estructural que va a presionar en el futuro, sobre todo las pensiones y la sanidad. En mi opinión se debería haber aprovechado el aumento extraordinario de los ingresos para haber hecho un ajuste estructural más intenso en los presupuestos.¿Qué le recomendaría a su sucesor?A Boris [Vujicic] solo le deseo suerte, porque las dificultades y los nuevos eventos van a estar ahí. Él tiene todas las cualidades para ser un gran vicepresidente del BCE: es proeuropeo, conoce los bancos centrales y ha estado mucho tiempo en el Consejo de Gobierno.Sharon Donnery (BCE): "A los bancos en Europa les falta tamaño y capacidad para escalar"El BCE cifra en casi 325.000 millones la exposición europea al crédito privadoEl BCE aprieta a la banca para que diseñe su defensa contra ataques con IA Comentar ÚLTIMA HORA-
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