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Málaga, hija de la mar y del brezoVenus y Neptuno, graciosamente ofrendados a Málaga, deben ser bienvenidos y darles la mayor importancia. Lejos de disuadir, deben estimular la llegada de gentes de ultramar
QUINTÍN CALLE CARABIAS. PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD ERASMIANA DE MÁLAGA (SEMA) ILUSTRACIÓN: Á. SÁNCHEZ
Martes, 10 de febrero 2026, 01:00
... puso nombre, es de genio apacible, protector y hospitalario. Hoy un viento ábrego, portador de tormentas, altera su natural tranquilo. La inesperada llegada de sus parientes marinos al puerto causa entre sus gentes inusitado desencuentro.Tratándose del cielo, todo han de ser regalos, pues los mortales nada podemos decidir al respecto, sólo aceptarlos. Pero normalmente el huésped no decide el aposento que ha de ocupar en la casa, que eso lo decide el dueño. Cuando un amigo regala un 'pongo', casi siempre acaba en la estantería de la biblioteca. Allí sirve a la memoria del oferente y de almena al castillo sentimental de su receptor; pero lamentablemente no todo cabe en el borde de un anaquel.
En el siglo de Pericles el griego Fidias, inspirándose en Homero, esculpió el monumental Zeus criselefantino de Olimpia, que, junto al Coloso de Rodas, pasó a la historia como una de las siete maravillas del mundo antiguo. Se discute cómo habían logrado introducirlo en su templo, pues, según la tradición, sentado en el trono, medía 12 metros de altura. Lo más probable es que fuera al revés, que el templo se terminara de construir en torno a la estatua y se acomodara a sus dimensiones. Los restos del templo que aún persisten permiten hacerse una idea.
Los griegos tenían muchos dioses, pero todos estaban en la tierra. Incluidos, los Campos Elíseos -aunque tal denominación se deba a Virgilio en sus 'Geórgicas', I 38-, adonde los dioses griegos mandaban a los héroes y a las almas justas y que Estrabón en su 'Geographia' I 1,4, siguiendo a Homero ('Odisea', canto IV 363-368), sitúa en «los confines de la tierra, donde mora Radamante. Allí la vida es sumamente cómoda para los hombres. No hay nieve ni largos inviernos ni siquiera lluvias torrenciales, sino que siempre, al soplar el blando céfiro, el océano envía a los hombres brisas refrescantes». Radamante, hijo de Zeus y de Europa, por su gran sabiduría, rectitud y justicia se convirtió, a su muerte, junto a Minos, en juez de las almas en el inframundo, el Hades.
Gonzalo del Cerro Calderón, en su maravilloso libro sobre 'La mitología grecolatina en la ciudad de Málaga' (Ayuntamiento, 2004), del que está tomada la cita anterior (p.222), concluye que los míticos Campos Elíseos están en la Bética, y más precisamente donde nosotros vivimos: «en los bosques apacibles y en las sonrientes praderas de los confines del mundo. Allí donde da la vuelta el sol y donde los más grandes héroes de la Mitología consumaron sus hazañas y sus vidas» (p. 227) ¿O es que alguien piensa que esto de 'la costa del sol' viene de hoy?
Pedro Antonio de Alarcón, en 'Dos días en Salamanca', habla de «l'embarras du choix» a la hora de elegir acomodo. Y es que, siendo gravosos los huéspedes, la intendencia también cuenta; pero lo que más importa es que no interrumpan el cotidiano quehacer ni distraigan de las pequeñas cosas que dan sentido al conjunto y hacen hospitalaria la acogida.
Venus y Neptuno, graciosamente ofrendados a Málaga, deben ser bienvenidos y darles la mayor importancia. Lejos de disuadir, deben estimular la llegada de gentes de ultramar. Si lo embarazoso del caso es su acomodo, déseles la misión de ser atractivos heraldos de bienvenida a cuantos puedan llegar. Que, en la bocana del puerto, una y otro a cada lado, en sendos pedestales bien peraltados, abran las puertas de la Málaga milenaria, la defiendan de los embates del mar y, según el mito, anuncien la placidez de su morada.
«I've got a dream» -repetía M. Luther King en su conocida plática. Yo también tengo la impresión de haber soñado. No me hagan, pues, mucho caso.
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