El rostro, el espejo y la identidad
El impacto de la violencia química no termina en las lesiones físicas. Aunque en los últimos años se ha registrado un aumento de casos en países como Colombia, México, Perú, Argentina, Brasil y República Dominicana, América Latina todavía tiene poca investigación sobre sus efectos. En México, uno de los estudios que ha intentado llenar ese vacío es Afectaciones psicosociales en mujeres mexicanas sobrevivientes de ataques con ácido, publicado en 2023.
La investigación mostró que, en el 90% de los casos analizados, las lesiones se dirigieron al rostro. No es un dato menor, ya que este forma parte de la identidad. Cuando la agresión se concentra ahí, el daño altera la forma en que una mujer se mira, se reconoce y se presenta ante otras personas.
“Ellas al mirarse al espejo no van a encontrarse. ¿Quién soy yo ahora? ¿Soy la misma, no soy la misma? Si lo que me da identidad es un nombre y una cara, un rostro que además está siendo evaluado en el mercado a partir de su juventud y su belleza [...]. Ahora imaginemos por un momento que ese rostro que nos da identidad deja de existir, entonces, mi pertenencia, mi lugar, mi presente está fragmentado”, dice Yazmín Ramírez, psicoterapeuta feminista que atiende de manera solidaria y gratuita a las sobrevivientes de la Fundación Carmen Sánchez.
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