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Una embarazada descansa en la cama de su habitación. EP Newsletter 'Claves económicas' Más madres primerizas de 40… que de 25España protagoniza el primer repunte de bebés en más de una década, ¿un cambio de tendencia?
Madrid
Viernes, 20 de febrero 2026, 09:59
... y, si te parece bien, puedes compartirla con tus amigos o recomendarla.Una semana más, la actualidad ha estado marcada por escándalos políticos, ahora protagonizados por el mandamás de la Policía. Crispación es quizá una de las palabras que mejor definen ahora la situación que vive el país. Y está llegando a ser de tal calibre, que enmascara medidas del calado de la subida del salario mínimo.
Un año más, la renta más baja fijada por ley para desarrollar un trabajo a tiempo completo escala, un 3,1%, 37 euros más al mes, hasta sobrepasar por primera vez la barrera de los 17.000 euros al año, brutos, aunque exentos de tributación. Desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa, el SMI se ha impulsado un 66%, como él mismo se afana en decir, lo que supone casi 500 euros más al mes, 6.800 euros más en 2026 que en 2018. Sin embargo, este aumento que beneficia de forma directa a cerca de 2,5 millones de trabajadores (una cifra que refleja que España tiene unos salarios, todavía, muy deficientes) quedó opacado por un nuevo enfrentamiento entre el Gobierno y los empresarios, buscado, esta vez, por el propio Pedro Sánchez. El presidente, en un gesto insólito, se plantó en el Ministerio de Trabajo para asistir a la firma del acuerdo con los sindicatos y cargar, sin miramientos, contra la patronal por no estar, por no firmar la subida. Precisamente en un momento en el que la izquierda, su futuro, es objeto de un intenso debate de redefinición. Y, para no perder ripio, su vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, se sumó rápidamente, una vez más (para ella esto no es nuevo), a las acusaciones y a la descalificación del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi.
Por eso, porque estamos ya hastiados de asistir a estas escenas más propias de una telenovela o de un plató de Sálvame que de la clase política, la que nos representa, la que nos dirige, me voy a permitir destacar un dato: 321.164. Son los bebés que nacieron en nuestro país el año pasado. La novedad es que son 3.159 más que el ejercicio anterior, según la estadística del INE publicada este miércoles. Siguen siendo pocos, insuficientes: se mueren más personas de las que nacen (125.818 más), por lo que el país perdería población si no fuera por la inmigración. Pero España ha protagonizado el primer repunte de nacimientos en más de una década, el segundo en diecisiete años. ¿Puede significar -ojalá- el origen de un cambio de tendencia?
Es cierto que no se pueden lanzar las campanas al vuelo, porque, pese a este leve repunte del 1%, el año pasado nacieron ¡100.000 bebés menos que hace una década! Es muy complicado y bastante improbable que vayamos a darle de pronto la vuelta a esta imparable caída de partos que se inició en 2008 tras el 'shock' desatado por la Gran Recesión, lo que disparó el paro a niveles nunca vistos, provocó un incremento de las estrecheces familiares y un frenazo durante años de la inmigración, que incluso en algunos períodos vivió más retornos a sus países de origen que llegadas.
Y ahora esta -por el momento mínima- recuperación de los nacimientos coincide con la bonanza económica que vive España, que se ha convertido en la locomotora de Europa, y con la llegada masiva de inmigrantes en los últimos tres años y medio, que han aportado al censo nacional cerca de un millón de nuevos residentes cada ejercicio desde finales de 2022 y que permitirán pronto al país superar la barrera de los 50 millones de habitantes, quizá este mismo 2026.
Sin embargo, las mujeres inmigrantes están asimilando rápidamente los patrones de comportamiento de las españolas con la maternidad y cada vez más tienen menos hijos y retrasan ese momento. Es más, nacen más hijos de madres de 40 que de 25, que es la edad en la que realmente la fertilidad es mayor. Hace una década las mujeres de menos de 25 años protagonizaban unos 5.000 nacimientos más que las de más de 40; ahora, estas últimas tienen 2.800 nacimientos más que las primeras, según datos del INE. Otro cambio de patrón.
No habría nada que objetar si esto se debiera a un deseo y decisión de las mujeres. Sin embargo, todo hace indicar que es un retraso de la maternidad obligado. Obligado por los bajos salarios que aún imperan principalmente entre los jóvenes. Obligado por las dificultades para independizarse ante el grave problema de vivienda. Obligado por los problemas para conciliar la vida laboral y personal, en un país con muy pocas ayudas destinadas a fomentar la natalidad…
Así lo señalan en España 2,5 millones de mujeres, que admiten haber tenido menos hijos de los que querían: un 25% por razones laborales o de conciliación; un 16% por razones de salud; un 7,6% porque no han encontrado una pareja adecuada y un 7% porque tienen demasiados años para tener niños. Por ello, casi la mitad de las madres españolas ha tenido su primer hijo 5,2 años más tarde de lo que habría querido.
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