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Macron ofreció a Canadá unirse a la UE al compartir frontera terrestre con Dinamarca a través de Groenlandia

Macron ofreció a Canadá unirse a la UE al compartir frontera terrestre con Dinamarca a través de Groenlandia
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El primer ministro canadiense se tomó en serio la idea. Desde entonces, Canadá y Europa han dado pasos para reducir su dependencia de EEUU. Más información: Trump insiste en que EEUU debería controlar Groenlandia y amenaza con retirar todas sus tropas de Europa.

El presidente francés, Emmanuel Macron, saluda al primer ministro canadiense, Mark Carney, durante la cumbre del G7 en Francia. Isabel Infantes Reuters

Europa Macron ofreció a Canadá unirse a la UE al compartir frontera terrestre con Dinamarca a través de Groenlandia

El primer ministro canadiense se tomó en serio la idea. Desde entonces, Canadá y Europa han dado pasos para reducir su dependencia de EEUU.

Más información: Trump insiste en que EEUU debería controlar Groenlandia y amenaza con retirar todas sus tropas de Europa.

Publicada 9 julio 2026 02:41h Las claves

Las claves Generado con IA

El primer ministro canadiense, Mark Carney, acudió al Elíseo en París en mayo de 2025, sólo tres días después de asumir su cargo. Rompía así con la vieja tradición de dedicar la primera visita internacional a su vecino de Washington.

Estaba indignado por las declaraciones del presidente Donald Trump sobre convertir a Canadá en el estado 51 de EEUU. Los informes de Inteligencia hablaban de algo más que un farol lanzado para negociar.

El presidente francés, Emmanuel Macron, lo recibió con los brazos abiertos. Durante el almuerzo, dejó caer que Canadá y Dinamarca comparten frontera en una isla ártica frente a Groenlandia. Eso podría convertir al país norteamericano en un candidato legítimo para ingresar por la vía rápida en la UE. Carney sonrió, pero no se lo tomó a broma.

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La frontera está en la minúscula isla de Hans, un islote deshabitado situado en el canal ártico de Kennedy, entre la costa groenlandesa y la isla canadiense de Ellesmere. Un lugar remoto de kilómetro y medio de longitud, suficiente para considerar a Canadá en la frontera de la Unión Europea.

Ambos mandatarios intercambiaron ideas sobre cómo sus dos países podrían ayudarse mutuamente a reducir su dependencia de EEUU. Canadá poseía los minerales críticos que necesitaba Francia, cuyas firmas tecnológicas respaldadas por el Estado estaban dando sus primeros pasos en ámbitos dominados por EEUU, como la IA o la computación cuántica.

Macron y Carney se conocían bien de la etapa en la que el primer ministro canadiense desempeñó el cargo de gobernador del Banco de Inglaterra. El presidente francés era socio de la banca Rothschild y luego ejerció el cargo de ministro de Economía del presidente François Hollande.

Durante los casi siete años que el canadiense dirigió la entidad británica forjó relaciones productivas con miembros relevantes de la vida financiera europea. Algunos ejemplos: el que fuera presidente de la filial alemana de BlackRock, Friedrich Merz, actual canciller alemán, o el exvicepresidente del Banco Europeo de Inversiones, Alexander Stubb, hoy presidente de Finlandia.

Además, Carney aprendió en Londres una lección dolorosa: la economía global, diseñada para la eficiencia, se había vuelto peligrosamente dependiente del pilar estadounidense y de su moneda. Cuando se hizo cargo del Gobierno comprobó que su país era plenamente subsidiario de EEUU en materia económica, militar, tecnológica o financiera.

Según la investigación liderada por el Wall Street Journal, Carney recordó las palabras que Trump dijo a su predecesor, Justin Trudeau: "Si rompo el tratado de 1908, todo tu país se desmorona". Carney se enfrentaba a una realidad inesperada: su aliado de siempre se había convertido en una amenaza.

Fue entonces, cuando el mandatario canadiense cambió su foco hacia Europa. Desde París, viajó a Londres para encontrarse con el primer ministro británico, Keir Starmer.

Eran días en los que la amenaza de los aranceles se cernía sobre el mundo. El Reino Unido gozaba de una 'relación especial' con Washington y Starmer no era partidario de provocar al presidente Trump.

Estaba alineado con la convicción del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, de que la mejor forma de preservar las relaciones dentro de la alianza occidental era halagar a Trump y cumplir algunas de sus exigencias. El Gobierno británico había evitado hacer comentarios públicos sobre la idea de que EEUU se anexionara Canadá, un país de la Commonwealth.

El rey Carlos III y la reina Camila a su llegada a Ottawa, Canadá. Imagen de archivo. Victoria Jones. Reuters.

Siempre según el medio, fue el rey Carlos III quien se mostró más decidido a prestar su apoyo: a finales de mayo, visitó oficialmente Canadá para participar en la ceremonia de apertura del Parlamento en Ottawa. Starmer temió que el gesto pudiera contrariar al presidente Trump, pues la economía británica no estaba para un golpe por la vía de nuevos aranceles.

Carney volvió a la carga durante la cumbre del G-20 que se celebró a finales de noviembre en Johannesburgo. Consiguió reforzar el apoyo de Macron a su proyecto europeísta y atrajo al finlandés Stubb y al presidente español, Pedro Sánchez, pero no consiguió arrastrar a Starmer, que seguía temeroso de la reacción estadounidense.

El Wall Street Journal refleja en su investigación que el primer ministro británico seguía mostrándose cauteloso e insistía en salvar su relación con EEUU. "¡No hay ninguna relación que salvar!", replicó Carney.

Canadá estaba en lo cierto: Trump acababa de aumentar los aranceles a ese país con un impuesto especial y las relaciones comerciales estaban congeladas. El mandatario ofreció una solución rápida al Gobierno de Ottawa: "Convertíos en el estado 51 y los aranceles desaparecerán".

Canadá en Eurovisión

Carney necesitaba urgentemente el respaldo de Europa. En noviembre, el Gobierno canadiense cancelaba un viejo proyecto pactado con la Unión Europea de Radiodifusión (UER) para crear una versión del concurso musical en aquel país. También se incorporó a los Presupuestos Federales una partida de 150 millones de dólares canadienses (92 M de euros) para explorar la participación en el auténtico Festival de Eurovisión.

En junio de este año, la UER aceptó a la CBC/Radio-Canada, la televisión pública canadiense, como miembro de pleno derecho de su organización. Este 1 de julio, coincidiendo con el día de Canadá, se anunció oficialmente que este país debutará en la edición de 2027 del Festival de Eurovisión que se celebrará en Bulgaria.

Cartel publicitario de Eurovisión en la última edición celebrada en Viena. Imagen de archivo. Lisa Leutner. Reuters.

El repentino europeísmo de Mark Carney no obedeció a motivos culturales, sino estratégicos. Trump había vuelto a reclamar el control de Groenlandia y no había descartado el uso de la fuerza.

El 6 de enero, pocos días después de la captura del dictador Nicolás Maduro, se celebró en el Elíseo una reunión de los aliados de Ucrania. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, exigía la solidaridad europea.

Carney estaba presente y le pareció que la amenaza sobre Groenlandia sería un buen pretexto para continuar su cruzada de acercamiento a Europa. Un par de semanas después, se presentó en Davos con un mensaje contundente: "El orden internacional basado en normas se está desvaneciendo y los fuertes actúan como les place, mientras que los débiles deben soportar las consecuencias".

Carney abogó en su discurso por una alianza de las economías medias del planeta. "Hay una tendencia a apaciguar, a evitar problemas... y eso no será así", dijo, refiriéndose a garantizar la seguridad. Propuso construir "geometrías variables" o coaliciones flexibles de países que compartan esfuerzos y recursos en distintos ámbitos.

El pirmer ministro canadiense, Mark carney, en el Foro Económico Mundial de Davos. Imagen de archivo. Denis Balibouse. Reuters.

Trump seguía el discurso desde el Air Force One. Quienes estaban presentes relataron que, mientras el público de Davos se ponía en pie y dedicaba una ovación cerrada al primer ministro, Trump dijo que Canadá era un país "desagradecido".

Ambos mandatarios se encontraron un día después en la ciudad suiza. Trump le espetó: "Canadá existe gracias a Estados Unidos". "Recuerda eso, Mark, la próxima vez que hagas tus declaraciones", dijo.

En febrero, el presidente del Consejo de Europa, António Costa, convocó a los líderes a una reunión extraordinaria. Canadá fue invitada a la reunión. Iban a tratar la forma de abordar el alejamiento de EEUU.

El entonces primer ministro búlgaro, Rosen Zhelyazkov, relató: "Asumimos que una confrontación directa con EEUU era contraproducente". "La solución pasaba por ganar tiempo", explicó a los medios.

A partir de ese momento, las inversiones en tecnologías de defensa y de doble uso se han acelerado. Los europeos quieren desconectarse de las plataformas estadounidenses.

Francia, por ejemplo, sustituyó las aplicaciones de videoconferencia como Zoom, Microsoft Teams o GoTo Meeting, por la francesa Visio en las comunicaciones de sus 2,5 M de funcionarios. Alemania, Polonia, Países Bajos, Luxemburgo, Bélgica y también Francia están sustituyendo los servicios de mensajería de WhatsApp por las aplicaciones oficiales.

Macron y Carney volvieron a encontrarse en junio en el Elíseo para preparar la cumbre del G7. En esta ocasión, ambos líderes celebraron el acercamiento estratégico de Canadá a la UE. El país norteamericano había dado un paso decisivo al unirse al nuevo fondo de defensa de la Unión Europea dotado con 150.000 millones de euros.

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El primer ministro canadiense ha estado muy ocupado reforzando sus lazos europeos: en abril se encontró con el finlandés Stubb en Ottawa. Con Alemania lanzó la Alianza Tecnológica Soberana y sus asesores han empezado a trabajar con el futuro primer ministro británico Andy Burnham.

La OTAN se reúne estos días en Ankara. Todos están pendientes del estado de ánimo de Donald Trump. Cuando llegó, volvió a reclamar el control de Groenlandia y a arremeter contra los países que no quisieron ayudarle en Irán.

La ruptura del alto el fuego en aquel teatro de operaciones puede distraer de otros asuntos que generen tensión, como el apoyo a Ucrania, los presupuestos nacionales en defensa o las reclamaciones territoriales de EEUU. De eso se trata, de ganar tiempo.

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