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Madrid late al ritmo que marca Bad Bunny, un fenómeno que transciende el plano musical

Madrid late al ritmo que marca Bad Bunny, un fenómeno que transciende el plano musical
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Benito Martínez Ocasio confirmó durante su primer concierto en la capital que su música es ya la banda sonora de una generación. Más información: Bad Bunny llega a Madrid: la 'setlist', las canciones exclusivas que ha cantado y las que podría interpretar en el Metropolitano.

Bad Bunny, durante su primera concierto en el Riyadh Air Metropolitano, este sábado en Madrid. Europa Press

Música Madrid late al ritmo que marca Bad Bunny, un fenómeno que transciende el plano musical

Benito Martínez Ocasio confirmó durante su primer concierto en la capital que su música es ya la banda sonora de una generación.

Más información:Bad Bunny llega a Madrid: la 'setlist', las canciones exclusivas que ha cantado y las que podría interpretar en el Metropolitano.

Publicada 31 mayo 2026 03:20h

En una época en que la realidad viaja por varias dimensiones, acudir a un espectáculo como el de Bad Bunny trasciende lo musical para convertirse en hito. El nombre de Benito Martínez Ocasio ha dejado de representar a un artista, a un país o a un estilo para convertirse en fenómeno. Y marca la agenda del lugar donde aterriza. No importan ni el fútbol ni la visita de un Papa. Quizás, usando la comparación fácil, porque el pontífice es él. O así lo cree el medio millón de personas que ha comprado una entrada para sus conciertos de Madrid.

Durante el primero, este sábado, confirmó su grandeza. Con una mezcla de reguetón, salsa, dembow o folclore caribeño, el puertorriqueño levantó el estadio Metropolitano y consiguió que una ciudad latiera al ritmo que marcaban sus letras. Llevaba tiempo haciéndolo: desde hace meses, cuando se agotaron los 10 espectáculos que ofrece en este estadio, las conversaciones giraban en torno a él. Hasta el punto en que, en una red social, alguien se atrevió a lanzar esta pregunta: ¿merece la pena ir a verle o es simple FOMO, ese miedo contemporáneo a perderse aquello de lo que todo el mundo habla?

Responder no es fácil. Habrá quien continúe viendo en Bad Bunny al símbolo máximo de una industria hipermusculada o al exponente de un marketing salvaje, pero incluso para estos costaría negar una evidencia: pocas veces un concierto logra ser el centro de gravedad de una comunidad que engloba tantos continentes. Y que desde tres horas antes, en plena alerta amarilla por el calor, abarrotaba los alrededores del recinto y corría entre las gradas como si se anunciara el nacimiento del mesías.

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Y casi lo fue. Bad Bunny surgió de las entrañas del escenario y aguantó en silencio una ovación que le aupaba a la eternidad. Con un traje beis, gafas tornasoladas y pose de Todopoderoso, dejó que el aire silbara hasta que entonó La MuDANZA. Detrás, una orquesta batía la percusión y el viento. Era, como dijo en EL ESPAÑOL Kiko Amat, un cóctel imposible entre James Brown y la Fania All Stars. La comparación no engaña: si su paisano Héctor Lavoe era EL CANTANTE, en mayúsculas, Benito Martínez Ocasio es el líder popular. La estrella global, el vecino del barrio, el presidente de una nación.

Siguió sin tregua con Callaíta, agrietando las vigas del estadio. “Buenas tardes, Madrid. Voy a estar toda la noche con ustedes. Espero que me traten bien”, alegó. “Hace mucho tiempo que no estoy por aquí. Casi ni me acuerdo. Espero que me refresquen la memoria”, continuó en uno de los primeros parlamentos. Luego lo repetiría a menudo, avanzando entre guiños culturales y demostraciones de riqueza musical.

Hubo un inesperado homenaje a Paco de Lucía con el solo de Entre dos aguas. Hubo una versión mestiza de PIToRRO DE COCO que se mezcló con La Flaca. Y hubo momentos en los que cualquier género se licuaba en pos del disfrute colectivo. “¿Quién me va a dar una vuelta por Madrid?”, soltó en pleno éxtasis. Su versatilidad confirmaba algo que muchas veces olvidan tanto admiradores como detractores: Bad Bunny no es únicamente reguetón. Su propuesta funciona como una síntesis de estilos adaptados al idioma del pop global.

Las miradas entre Bad Bunny y Ester Expósito en La Casita. 😶🌫️ pic.twitter.com/WGGg5EPhVb

— BAD BUNNY DAILY UPDATES (@keiveiec) May 30, 2026

“Este show apenas está comenzando. Y es un show muy simple: cantar, bailar, reír, sudar, pasarla bien”, arengó en otra de sus alocuciones. La frase podría parecer una obviedad, pero encerraba buena parte de la filosofía de la noche. Porque si algo caracterizó el espectáculo fue su voluntad de trascender. “Madrid, baila sin miedo”, pidió en distintos momentos. Y Madrid, que era más que nunca un sancocho de identidades, obedeció.

Cuando se movió el espectáculo a La Casita -el segundo escenario y el que más intriga promete por la presencia de famosos-, modificó el tono. Allí apareció un Bad Bunny más cercano, casi doméstico. Interpretó varias canciones en bermudas, gorra y camiseta y dedicó cerca de 15 minutos a saludar a seguidores. En ese paseo entre fans hubo lágrimas, nervios, abrazos y sonrisas imposibles de disimular.

Por unos instantes (demasiados, quizás) desapareció la maquinaria del gran evento para dejar paso a una relación mucho más íntima entre artista y público. ¿Y quién estaba dentro? Pues actrices como Ester Expósito, Ana de Armas y María León o futbolistas como Kylian Mbappé, Álvaro Carreras e Isi Palazón. Esta parcela se rindió a lo urbano: Tití me preguntó, Neverita, Me porto bonito, Yo perreo sola o Safaera restauraron el punto de ebullición a un atardecer marchito, que explosionó en CAFé CON RON.

Bad Bunny llega a Madrid: la setlist, las canciones exclusivas que ha cantado y las que podría interpretar en el Metropolitano

Y adelantó la otra incógnita de la velada: ¿Quién le acompañaría en Madrid? Se solucionó pronto: Mike Towers, que no sólo cantó Adivino con él, sino que ocupó a solas el tejado con un popurrí de sus éxitos. No se notó el contraste. Resultaba inevitable pensar en algunas ideas que desarrolla Oriol Rosell en su ensayo Matar al papito: “El reguetón no conquistó el mundo porque los adultos lo entendieran, sino porque los jóvenes lo hicieron suyo”, escribe. El estadio le daba la razón: no se trataba simplemente de un repertorio comercial, sino de la banda sonora sentimental de millones de personas.

También se sintió en la recta final. De vuelta a la tarima con la orquesta, encadenó algunos de los momentos más emocionantes de la noche. Ojitos lindos empujó al abrazo y al beso enamorado. La canción, Moscow Mule, DÁKITI, Yonaguni y El apagón, una ristra de homenaje a su patria, fueron recibidas como clásicos contemporáneos. Todos éramos Puerto Rico, pero también Colombia, Venezuela, Bolivia o Costa Rica.

Antes de interpretar DtMF, Bad Bunny pronunció uno de los discursos más laureados. “No se olviden de disfrutar las cosas pequeñas. No pierdan el tiempo guardando rencor por cosas del pasado. De los errores se aprende. El pasado no se puede cambiar y el futuro no se sabe. Sólo se vive el presente. Y mientras uno esté vivo, amen lo más que puedan”, expresó. El enjuague de mejillas concluyó con EoO, una bomba de euforia y la despedida a tres horas de convulsión.

Fue el desenlace de una sensación difícil de resumir. La conclusión a una noche en la que el jangueo, término que ha puesto de moda, se quedó corto. Una fiesta de palabras ininteligibles, del apócope como lenguaje universal. De recuerdos imborrables y de pertenencia frente a otras citas secundarias. ¿Merece la pena? Puede que la única respuesta honesta sea la más sencilla: hay que vivirlo para saberlo.

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    Fuente original: Leer en El Español
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