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Mael, el niño con manos y piernas de robot que venció al meningococo: "Está rompiendo todas las barreras"

Mael, el niño con manos y piernas de robot que venció al meningococo: "Está rompiendo todas las barreras"
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El pequeño perdió las extremidades a causa de la bacteria y se ha convertido en un ejemplo de superación gracias a las redes sociales. Más información: El atleta Alberto Ávila rompe el estigma de la discapacidad en su paso por 'Supervivientes': "Es noticia porque estaban vetados"

Mael y su padre, Pablo, en una fotografía cedida.

Historias Mael, el niño con manos y piernas de robot que venció al meningococo: "Está rompiendo todas las barreras"

El pequeño perdió las extremidades a causa de la bacteria y se ha convertido en un ejemplo de superación gracias a las redes sociales.

Más información: El atleta Alberto Ávila rompe el estigma de la discapacidad en su paso por 'Supervivientes': "Es noticia porque estaban vetados"

Publicada 24 abril 2026 07:30h

Mael (Gijón, Asturias, 3 años) es un niño como cualquier otro de su edad. Le gusta ir a clase, hacer deporte con su padre y jugar con su hermano pequeño. La única diferencia es que no tiene piernas ni manos.

Nació con ellos, pero se los tuvieron que amputar con 2 años tras luchar “contra un dragón”, como cuentan su padre, Pablo Aldecoa (Mieres, Asturias, 36 años), y él mismo. El monstruo apareció en junio de 2025 y su verdadero nombre es meningococo, que es la causa más común de meningitis bacteriana en niños y en adolescentes.

A principios del verano del año pasado, el pequeño se puso enfermo, con fiebre, malestar general y vómitos. Sus padres creían que era un virus pasajero, como tantas otras veces: “Pensábamos que se le pasaría con Apiretal y Dalsy”, apunta Pablo.

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Sin embargo, una de esas madrugadas se despertó para ir al baño y vieron “dos manchitas moradas” en su cuerpo –llamadas petequias– que les hicieron saltar las alarmas. Lo llevaron al hospital preocupados y el diagnóstico fue tajante: meningitis meningocócica.

A partir de ahí, los médicos deciden intubarle e inducirle un coma para permitir que el cuerpo pudiera eliminar al meningococo y recuperarse.

Sin embargo, los médicos fueron claros en todo momento, subraya el padre del pequeño, y les dijeron que habría secuelas cuando despertara, aunque no sabían cuáles. Todas las posibilidades estaban abiertas porque la bacteria le había provocado una sepsis.

Cuando despertó, todos los órganos estaban bien, pero no sus extremidades. Pablo explica que no fue una consecuencia directa del meningococo, sino del trabajo que hizo el cuerpo de Mael contra él. “Es como que se autodestruyó para intentar salvarse”.

Los médicos decidieron amputarle las piernas por debajo de las rodillas y las manos a la altura de la mitad de las palmas, pero eso no le frenó. Para no convertirlo en una tragedia, sus padres decidieron inventarse un cuento para explicarle lo que le había ocurrido.

En esa historia, él era el protagonista y había luchado contra un dragón. Se había quemado las extremidades en ese combate, pero lo había vencido y era “el único niño con superpoderes” que iba a tener manos y pies de robot, narra su padre a ENCLAVE ODS.

Eso le ayudó a aceptar y naturalizar la situación y el pasado octubre, solo cuatro meses después, volvió a caminar gracias a unas prótesis. “Va rompiendo todas las barreras que los adultos tenemos en la mente”, dice Pablo orgulloso.

Pequeñas adaptaciones

Su progenitor reconoce que cuando hablaron con los médicos, tanto él como su mujer, Nerea Bernardo, creyeron que las limitaciones iban a ser mucho mayores y que su vida cambiaría por completo. Para su grata sorpresa, no fue así.

Ahora Pablo reconoce que su hijo vive su día a día como cualquier niño de su edad, pero con “pequeñas adaptaciones”. Gracias a ellas, puede lavarse los dientes, dibujar o comer solo, entre otras cosas.

Su día a día pasa entre ir al colegio, ir a sesiones con dos fisioterapeutas distintos y clases de natación tres veces por semana. También disfruta mucho jugando con su hermano pequeño, que para el padre es “la mejor rehabilitación”.

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Además, como es un niño muy activo, le encanta practicar deporte. Le gusta la escalada, por lo que su padre le está construyendo un pequeño gimnasio en casa con rocódromo.

También están buscando la forma deadaptar una bicicleta porque ya ha mostrado interés por el ciclismo. “Queremos abrirle todas las puertas”, asegura Pablo.

La mayor dificultad para esta familia no ha sido que su hijo mayor haya perdido las extremidades, sino la burocracia. “Tenemos que pelear con la Ley de dependencia, la de discapacidad y con la educación”. lamenta el padre.

Tienen la primera concedida, pero todavía no han empezado a recibir las ayudas pertinentes. Asimismo, Pablo tuvo que luchar para conseguir que Mael tuviera una auxiliar en clase que le ayudara, algo que, reconoce, no pueden permitirse todos los hogares.

Por el momento, no utiliza prótesis en las manos porque las que él necesita no las hacen para niños tan pequeños, pero es algo que saben que llegará y no les preocupa, cuenta su progenitor. “Tiene limitaciones, pero se maneja muy bien sin ellas”.

El niño ‘influencer’

El pequeño tiene un perfil en redes sociales que cuenta con casi 64.000 seguidores en Instagram y casi 65.000 en TikTok. Sus padres decidieron iniciar este proyecto porque al volver a casa, en Gijón, notaron que había mucha gente que no les hablaba ni se les acercaba “por miedo”.

No sabían cómo tratarles ni cómo relacionarse con ellos en una situación, a priori, tan complicada. Entonces pensaron que las redes sociales podían servirles para mostrar cómo era su nueva vida y normalizarlo.

Publicaron un vídeo de Mael en el que se veía cómo se colocaba las prótesis y cómo aprendía a caminar. Funcionó: “A partir de ahí la mentalidad y la visión de todas las personas cambiaron”, celebra Pablo.

Todos querían hablar con ellos y les decían lo fuertes que habían sido y lo bien que llevaba el niño la situación. “Mael pasó de ser el pobre pequeño amputado al valiente y feliz que había luchado contra un dragón”.

El segundo motivo por el que decidieron iniciar este proyecto era servir de referente para menores a los que les ocurriera lo mismo, algo que a ellos les fue muy útil en su momento.

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Eso les llevó luego a crear Amima2: Asociación Amigos de Mael, centrada en el caso de su hijo y en sensibilizar y recaudar fondos para situaciones similares.

Además, Pablo y su hijo imparten charlas en colegios para contar su historia, una actividad que al pequeño le apasiona. “Le encanta coger el micro, ser el protagonista y contar su historia delante de otros niños”.

Su trabajo está dando sus frutos porque ya les han contactado varias familias con casos como el suyo. A todas les da el mismo mensaje contra el desaliento: “De todo se sale”. Eso sí, reconoce que es crucial buscar apoyo en amigos, familiares e instituciones.

Lo más importante, para él, es establecer prioridades e ir paso a paso. Ellos se enfocaron primero en salir del hospital, luego en buscar las prótesis y en que aprendiera a usarlas.

Siguen por el mismo camino casi un año después y les ha ayudado a cambiar la mentalidad: “Ahora nos centramos en lo que tenemos, Mael está sano y feliz”.

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  2. Objetivo 3: Salud y bienestar
  3. Objetivo 10: Reducción de las desigualdades

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    Fuente original: Leer en El Español
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