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Maillol y Hugué o la mujer vista por dos maestros

Maillol y Hugué o la mujer vista por dos maestros
Artículo Completo 732 palabras
« Aristide Maillol y Manolo Hugué representan el enfoque clásico de la primera vanguardia, una decisión basada en el retorno al orden griego arcaico, a los orígenes de la escultura», sentencia el texto (anónimo) del catálogo… Suele decirse que hasta los años 50 la escultura no encuentra su lugar en la sucesión vertiginosa de movimientos vanguardistas con la que se inicia el siglo XX. Lo cual es a la vez lógico y paradójico: los pintores se vieron obligados a buscar vida más allá de la foto; los escultores no tenían que realizar ese esfuerzo. Pero igualmente tenían que superar el academicismo: como la pintura, la escultura había llegado, con la Academia, a la perfección absoluta.Noticias relacionadas estandar Si ARTE 'En el laberinto': la madura jovialidad de Javier de Juan Fernando Castro Flórez estandar Si ARTE Andrea Canepa: «Sin duda alguna, el goce es político» Javier Díaz-GuardiolaAhí está Maillol, con esas «formas puras», sintéticas, revisitando la estatuaria helenística en su versión más excelsa (esa «rigidez antigua», como dice el texto). Y, así, influye en Moore, que es quien hará resurgir el arte escultórico. Y Manolo, que –tal vez– da un paso más, permeándose con cautela del expresionismo entonces boyante, porque esta historia se inicia –así comienza nuestro bonito texto anónimo– durante la IGM. Así que esto es lo que veremos en esta exposición exquisita: una treintena de esculturas –algunas de gran formato–, relieves y dibujos de Maillol y Manolo; hieratismo, elegancia, pureza, figuras mayestáticas, lisura, volúmenes, ausencia total de accidentes.En pos de la purezaAmbos, resume el texto, «persiguen el mismo objetivo: la búsqueda de una escultura pura, esencial, sin retórica ni artificio, lejos del exceso narrativo. Para entender este proceso de depuración, podría decirse, en resumen, que Maillol supera a Rodin y Manolo supera el Art Nouveau catalán. En otras palabras, huyen de las formas ondulantes del fin de siglo para reencontrar el Mediterráneo –su luz, su orden y sus proporciones– como motor del acto creativo».Pura belleza. 'Mujer sentada', de Hugué; y 'La pareja' y 'Joven sentada', de Maillol ABC¿Por qué esta exposición? Aristide Maillol (1861-1944) y Manolo Hugué (1872-1945) vivían a pocos kilómetros de distancia –cada uno de un lado de los Pirineos–, se conocen durante la Guerra y se visitan a menudo. Reunir a estos dos artistas era un proyecto del fallecido escritor y gestor cultural Àlex Susanna, vinculado a la galería Artur Ramón Art de Barcelona (adonde viajará la muestra en marzo), que trabaja con la obra de Manolo desde hace décadas, y a él está dedicada la exposición, que cuenta con la colaboración indispensable de l a galería Dina Vierny de París (septiembre), que lleva el legado de Maillol (Dina Vierny fue su musa y modelo principal); y la de Leandro Navarro : esta es la primera exposición dedicada a la obra de Aristide Maillol en una galería de arte española y la segunda que Leandro Navarro le dedica a Manolo Hugué. Y un último actor: la mujer. «La mujer es uno de sus temas favoritos, el cuerpo femenino desnudo percibido como un ideal de perfección, símbolo de armonía y eternidad», prosigue el texto. Maillol era, en palabras de Alex Susanna, un «hombre sensual» que «crea un prototipo de mujer con formas voluptuosas típicas del Rosellón, rebosante de salud, símbolo de la 'joie de vivre'. La plenitud de los volúmenes se cierra en una escultura lisa, de contornos contenidos, donde la mano del artista no es perceptible, en marcado contraste con los múltiples perfiles de Rodin . La expresión surge de la redondez de la silueta, mientras que el rostro suele ser inexpresivo, sin emoción, y en esto se parece también a Manolo».Aristide Maillol y Manolo Hugué Maillol: 'Manolo. La escultura pura Galería Leandro Navarro. Madrid. C/ Amor de Dios, 1. Hasta el 20 de febrero. Cuatro estrellas. Manolo, se dice, «es más prudente, quizás incluso modesto—no erótico, sino más inocente o primitivo». En suma, una muestra excepcional que nos presenta un ideal clásico de belleza femenina de la mano de dos maestros.

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«Aristide Maillol y Manolo Hugué representan el enfoque clásico de la primera vanguardia, una decisión basada en el retorno al orden griego arcaico, a los orígenes de la escultura», sentencia el texto (anónimo) del catálogo… Suele decirse que hasta los años 50 ... la escultura no encuentra su lugar en la sucesión vertiginosa de movimientos vanguardistas con la que se inicia el siglo XX.

Lo cual es a la vez lógico y paradójico: los pintores se vieron obligados a buscar vida más allá de la foto; los escultores no tenían que realizar ese esfuerzo. Pero igualmente tenían que superar el academicismo: como la pintura, la escultura había llegado, con la Academia, a la perfección absoluta.

Ahí está Maillol, con esas «formas puras», sintéticas, revisitando la estatuaria helenística en su versión más excelsa (esa «rigidez antigua», como dice el texto). Y, así, influye en Moore, que es quien hará resurgir el arte escultórico. Y Manolo, que –tal vez– da un paso más, permeándose con cautela del expresionismo entonces boyante, porque esta historia se inicia –así comienza nuestro bonito texto anónimo– durante la IGM. Así que esto es lo que veremos en esta exposición exquisita: una treintena de esculturas –algunas de gran formato–, relieves y dibujos de Maillol y Manolo; hieratismo, elegancia, pureza, figuras mayestáticas, lisura, volúmenes, ausencia total de accidentes.

Ambos, resume el texto, «persiguen el mismo objetivo: la búsqueda de una escultura pura, esencial, sin retórica ni artificio, lejos del exceso narrativo. Para entender este proceso de depuración, podría decirse, en resumen, que Maillol supera a Rodin y Manolo supera el Art Nouveau catalán. En otras palabras, huyen de las formas ondulantes del fin de siglo para reencontrar el Mediterráneo –su luz, su orden y sus proporciones– como motor del acto creativo».

¿Por qué esta exposición? Aristide Maillol (1861-1944) y Manolo Hugué (1872-1945) vivían a pocos kilómetros de distancia –cada uno de un lado de los Pirineos–, se conocen durante la Guerra y se visitan a menudo. Reunir a estos dos artistas era un proyecto del fallecido escritor y gestor cultural Àlex Susanna, vinculado a la galería Artur Ramón Art de Barcelona (adonde viajará la muestra en marzo), que trabaja con la obra de Manolo desde hace décadas, y a él está dedicada la exposición, que cuenta con la colaboración indispensable de la galería Dina Vierny de París (septiembre), que lleva el legado de Maillol (Dina Vierny fue su musa y modelo principal); y la de Leandro Navarro: esta es la primera exposición dedicada a la obra de Aristide Maillol en una galería de arte española y la segunda que Leandro Navarro le dedica a Manolo Hugué. Y un último actor: la mujer.

«La mujer es uno de sus temas favoritos, el cuerpo femenino desnudo percibido como un ideal de perfección, símbolo de armonía y eternidad», prosigue el texto. Maillol era, en palabras de Alex Susanna, un «hombre sensual» que «crea un prototipo de mujer con formas voluptuosas típicas del Rosellón, rebosante de salud, símbolo de la 'joie de vivre'. La plenitud de los volúmenes se cierra en una escultura lisa, de contornos contenidos, donde la mano del artista no es perceptible, en marcado contraste con los múltiples perfiles de Rodin. La expresión surge de la redondez de la silueta, mientras que el rostro suele ser inexpresivo, sin emoción, y en esto se parece también a Manolo».

Galería Leandro Navarro. Madrid. C/ Amor de Dios, 1. Hasta el 20 de febrero. Cuatro estrellas.

Manolo, se dice, «es más prudente, quizás incluso modesto—no erótico, sino más inocente o primitivo». En suma, una muestra excepcional que nos presenta un ideal clásico de belleza femenina de la mano de dos maestros.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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