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'Majareta', de Juan Manuel Gil: voces de barriada

'Majareta', de Juan Manuel Gil: voces de barriada
Artículo Completo 835 palabras
Juan Manuel Gil ha escrito la que me parece su mejor novela hasta la fecha . Su cualidad más destacable es la inteligencia aplicada a una trama que no está acabada, sino que se va componiendo conforme avanza la narración, acogiéndose a una estructura de informe que una figura conocida como 'el autor' va recabando de una veintena de personas relacionadas con una persona caída en desgracia debido a un delito no del todo claro. La estructura no es nueva, puesto que la manejaron ' Manhattan Transfer' de John Dos Passos y popularizó 'A sangre fría' de Truman Capote. Entre nosotros la recuerdo muy bien utilizada, primero por Camilo J. Cela en 'La colmena', y luego por la novela 'El día de mañana' de Ignacio Martínez de Pisón.NOVELA 'Marajeta' Autor Juan Manuel Gil Editorial Seix Barral Año 2026 Páginas 335 páginas Precio 20,90 euros 4Juan Manuel Gil explota la estrategia de hacer avanzar la historia coincidiendo con la reflexión metaliteraria. Lo que realmente ocurrió en una vida, la del personaje conocido como 'El conserje', es imposible de obtener como un todo coherente, es más, se va deshaciendo y crece en complejidad y contradicciones según la indagación avanza, conforme esos personajes van introduciendo su perspectiva particular sobre ella. La del puzle o rompecabezas viene a ser la mejor metonimia para definir tal estructura de la novela. En cuanto a la complejidad de tal estructura como calidoscopio de miradas y voces hay varias habilidades que Juan Manuel Gil ha desarrollado con cuidado. La primera es que el argumento trazado, la resolución de un enigma, no avanza siempre hacia mayor luz, sino que, como un pez que se muerde la cola, hay retrocesos, y lo que un personaje ha dicho sobre lo que ocurrió, se ve matizado o bien desdicho por lo que otro personaje aporta. Noticia Relacionada Fotos de alumnos en el Instagram del colegio: ¿publicidad encubierta? Carlota Fominaya Los centros educativos tienen un excelente escaparate en las redes socialesEsa estructura proporciona la imagen de un tejido que como el que nació de Penélope se compone y descompone. Solamente al final llegara el lector a resolver la verdad de la trama, y no del todo. En tal insuficiencia o déficit, es decir en que tampoco queda del todo claro, creo que calibra Juan Manuel Gil una de sus mejores estrategias. Obviamente, como le ocurre a los enigmas bien narrados, casi toda la luz se guarda para el final de la novela, con una sorpresa, o vuelco inesperado, que me cuidaré mucho de revelar. La otra habilidad literaria puesta en juego por Gil es el buen oído para las voces de los informantes. En un barrio, un lugar pequeño, que contextos varios hacen deducir que se trata de la ciudad de Almería, se ha producido una ambigua y nada clara situación en la que Leo Almada Sapena, conserje durante muchos años de un colegio privado de regencia religiosa, se ha llevado por iniciativa propia de excursión a un grupo de veinte niños y niñas, con desaparición por unas horas de una de las niñas. El escándalo tiene la consecuencia de la jubilación forzosa del conserje , que además se comportó siempre de un modo raro, y cuyas costumbres erráticas va la novela deslizando. Lo que comienza siendo una indagación sobre tal figura se extiende a lo que aporta cada personaje del barrio sobre el padre, que es el farmacéutico, o la madre, que se había suicidado años antes. Son los personajes que con labia popular y con suposiciones, van añadiendo complejidad, pero también situaciones contadas en registros distintosTambién es enigmático el hermano mellizo del padre, y hay por último un suceso familiar trágico que aportar. Lo interesante es que Juan Manuel Gil no subsume todo en su propia voz 'auctorial' sino que son los personajes que con labia popular y con suposiciones, van añadiendo complejidad, pero también situaciones contadas en registros distintos, en especial hay varias escenas de un humor inteligente, como el diálogo reproducido entre el cura y la limpiadora que se hace llamar la sacristana. Juan Manuel Gil, seguramente porque es andaluz o en todo caso por haber sabido poner el oído, entrega ricos registros coloquiales y sobre todo una idea: en una pequeña barriada se da todo, pues hay celos, secretos, envidias, mentiras, y tantas metamorfosis de unos y otros que solo tiene un autor que estar atento. Y saberlo contar. Así ha ocurrido.

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Juan Manuel Gil ha escrito la que me parece su mejor novela hasta la fecha. Su cualidad más destacable es la inteligencia aplicada a una trama que no está acabada, sino que se va componiendo conforme avanza la narración, acogiéndose a una estructura ... de informe que una figura conocida como 'el autor' va recabando de una veintena de personas relacionadas con una persona caída en desgracia debido a un delito no del todo claro.

La estructura no es nueva, puesto que la manejaron 'Manhattan Transfer' de John Dos Passos y popularizó 'A sangre fría' de Truman Capote. Entre nosotros la recuerdo muy bien utilizada, primero por Camilo J. Cela en 'La colmena', y luego por la novela 'El día de mañana' de Ignacio Martínez de Pisón.

Juan Manuel Gil explota la estrategia de hacer avanzar la historia coincidiendo con la reflexión metaliteraria. Lo que realmente ocurrió en una vida, la del personaje conocido como 'El conserje', es imposible de obtener como un todo coherente, es más, se va deshaciendo y crece en complejidad y contradicciones según la indagación avanza, conforme esos personajes van introduciendo su perspectiva particular sobre ella.

La del puzle o rompecabezas viene a ser la mejor metonimia para definir tal estructura de la novela. En cuanto a la complejidad de tal estructura como calidoscopio de miradas y voces hay varias habilidades que Juan Manuel Gil ha desarrollado con cuidado. La primera es que el argumento trazado, la resolución de un enigma, no avanza siempre hacia mayor luz, sino que, como un pez que se muerde la cola, hay retrocesos, y lo que un personaje ha dicho sobre lo que ocurrió, se ve matizado o bien desdicho por lo que otro personaje aporta.

Esa estructura proporciona la imagen de un tejido que como el que nació de Penélope se compone y descompone. Solamente al final llegara el lector a resolver la verdad de la trama, y no del todo. En tal insuficiencia o déficit, es decir en que tampoco queda del todo claro, creo que calibra Juan Manuel Gil una de sus mejores estrategias.

Obviamente, como le ocurre a los enigmas bien narrados, casi toda la luz se guarda para el final de la novela, con una sorpresa, o vuelco inesperado, que me cuidaré mucho de revelar. La otra habilidad literaria puesta en juego por Gil es el buen oído para las voces de los informantes. En un barrio, un lugar pequeño, que contextos varios hacen deducir que se trata de la ciudad de Almería, se ha producido una ambigua y nada clara situación en la que Leo Almada Sapena, conserje durante muchos años de un colegio privado de regencia religiosa, se ha llevado por iniciativa propia de excursión a un grupo de veinte niños y niñas, con desaparición por unas horas de una de las niñas.

El escándalo tiene la consecuencia de la jubilación forzosa del conserje, que además se comportó siempre de un modo raro, y cuyas costumbres erráticas va la novela deslizando. Lo que comienza siendo una indagación sobre tal figura se extiende a lo que aporta cada personaje del barrio sobre el padre, que es el farmacéutico, o la madre, que se había suicidado años antes.

Son los personajes que con labia popular y con suposiciones, van añadiendo complejidad, pero también situaciones contadas en registros distintos

También es enigmático el hermano mellizo del padre, y hay por último un suceso familiar trágico que aportar. Lo interesante es que Juan Manuel Gil no subsume todo en su propia voz 'auctorial' sino que son los personajes que con labia popular y con suposiciones, van añadiendo complejidad, pero también situaciones contadas en registros distintos, en especial hay varias escenas de un humor inteligente, como el diálogo reproducido entre el cura y la limpiadora que se hace llamar la sacristana.

Juan Manuel Gil, seguramente porque es andaluz o en todo caso por haber sabido poner el oído, entrega ricos registros coloquiales y sobre todo una idea: en una pequeña barriada se da todo, pues hay celos, secretos, envidias, mentiras, y tantas metamorfosis de unos y otros que solo tiene un autor que estar atento. Y saberlo contar. Así ha ocurrido.

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Colaborador de ABC Cultural. Crítico de libros relacionados con literatura en español.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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