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Equipo de 'Mala bèstia' en el estreno del largometraje en el Festival de Málaga. SUR 'Mala bèstia' lleva la adolescencia como territorio salvaje a la sección oficialLa directora Bàrbara Farré vuelve al Festival de Málaga con un largometraje que relata el miedo al abandono en el paso a la madurez
Carmen Barainca
Martes, 10 de marzo 2026, 18:39
... todavía es posible fingir que nadie se va. Pero algo, dentro de ella, ha empezado a ajustarse a la realidad. La intuición de que pronto tendría un hogar, junto al miedo abismal al abandono. ¿Dónde está el límite de quien creció en carencia absoluta teme perderlo todo? De esa premisa parte 'Mala bèstia', la nueva película de Bàrbara Farré, presentada en la sección oficial del Festival de Málaga.La historia sigue a Atenea, una adolescente que vive en un internado y que se aferra con fuerza a la idea de no crecer. Cuando una pareja decide acogerla, se abre ante ella la posibilidad de tener un hogar estable, algo que siempre ha anhelado. Sin embargo, el temor a ser reemplazada desata en la joven un instinto primario que la empuja hacia «decisiones cada vez más inquietantes», relatan los productores. El relato se construye así como una fábula oscura sobre el miedo al abandono y la necesidad de pertenencia.
Durante su presentación en Málaga. Farré explicó que la película no surgió de una idea completamente cerrada, sino de un proceso personal. «Es una historia que de alguna manera llegó a mí para enseñarme algo y para hacer también un viaje interior», señaló la directora, que ya pasó por el festival años atrás con su premiado cortometraje 'La última virgen'. Ahora regresa con una obra que busca conectar con el espectador desde lo emocional y lo sensorial.
Lo espectacular de las emociones comunes
Uno de los elementos clave de 'Mala bèstia' es precisamente su atmósfera. Farré ha construido un universo visual en el que los estados de ánimo de la protagonista determinan el tono de la película. «La atmósfera era una de las partes más importantes; reúne todos los sentimientos de Atenea. Me interesaba que estuviera incluso por delante de lo narrativo, que los sentimientos estuvieran a flor de piel», explicó la realizadora. En ese sentido, la cinta juega con los límites del cine fantástico sin recurrir necesariamente a lo espectacular. Lo extraordinario aparece en las emociones y en la percepción subjetiva de la protagonista.
Rodada en distintos parajes naturales de Cataluña, entre Barcelona y Girona, la película potencia ese carácter sensorial con una fotografía de Lucas Casanovas y la música de Raül Refree, que contribuyen a crear, como afirma el equipo, «un clima de misterio constante». Farré reconoció también la influencia de universos literarios y cinematográficos que exploran la ambigüedad y la infancia desde un ángulo oscuro.
El resultado es una obra que se adentra en la incomodidad de crecer, en ese momento en el que la infancia se resquebraja y la identidad empieza a transformarse. 'Mala bèstia' propone así un retrato inquietante de la adolescencia: un territorio emocional lleno de contradicciones donde, como en aquella primera escena silenciosa frente a la ventana, algo indómito comienza a despertar. Porque crecer, sugiere la película, a veces se parece mucho a escuchar dentro de uno mismo el rumor de una bestia que ya no quiere seguir dormida.
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