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Malabarismos de Talavante con un distinguido sobrero

Malabarismos de Talavante con un distinguido sobrero
Artículo Completo 621 palabras
Corrida impropia por hechuras de Garcigrande castigada con tres devoluciones, dos de ellas discutibles. Un sobrero de 710 kilos, marca inédita en las Ventas. Cumplen Morenito de Aranda y Pablo Aguado con lotes muy distintos
Malabarismos de Talavante con un distinguido sobrero

Corrida impropia por hechuras de Garcigrande castigada con tres devoluciones, dos de ellas discutibles. Un sobrero de 710 kilos, marca inédita en las Ventas. Cumplen Morenito de Aranda y Pablo Aguado con lotes muy distintos

Regala esta noticia Añádenos en Google Alejandro Talavante da un pase a su segundo toro durante la corrida de la Feria de San Isidro. (Efe)

Barquerito

29/05/2026 a las 22:38h.

En la nobleza pajuna de un distinguido sobrero de Torrealta -negro listón, remangado y veleto, muy bello porte, soltado sin divisa- encontró Talavante fuente de ... inspiración para sorprender con una rara faena heterodoxa, deliberadamente ajena al canon, planteada de partida como una intriga. Nervioso pero frágil el toro, de tanta fijeza como falta de fuelle, todo por ver o casi todo. Entre rayas, apertura de rodillas en tono provocador -un tercero muletazo cambiado por la espalda, y celebrado-, y en seguida, claudicante el toro, al borde de la segunda raya una tanda completa en corto, muy en corto y a pulso, que iba a ser la única medio en serio de toda la trama, una larga trama que tuvo por argumento una serie de juegos malabares, una cadena de continuos cambios de mano al entrar el toro en jurisdicción y al salir de la suerte engañado, cambios recibidos con general admiración y también alguna censura, y al cabo el trato suave del toro, que fue la clave del negocio. Para que los malabarismos no parecieran tan solo un divertido camelo o incluso arte de magia, Talavante se enroscó el toro por dos veces o tres y, pisando con desenfado su terreno, se dejó acariciar el chaleco por los buidos pitones del toro que nadie esperaba -era segundo sobrero- y a nadie defraudó. Una estocada de efecto tardío – un eufórico salto al salir de la reunión- y la repetición de una escena que ha pasado a ser parte del repertorio propio: aguardar rodilla en tierra para contemplar la muerte del toro como si fuera épica.

La corrida más dispar y la de mayor volumen que Garcigrande haya echado nunca en Madrid. Castigada con tres devoluciones. No solo el que Talavante mandó al limbo. También un tercero que se dejó media vida en el caballo y fue devuelto con precipitación. Y en fin un primer sobrero de 715 kilos, enorme, sí, fuera de tipo también y asfixiado por su propio peso. Sin golpe de riñón, cargado de cuartos traseros, el primero, fijo en engaños, derrotó al rematar viaje. El tercero bis -se corrieron turnos-, de malos apoyos y pobre prestación, fue el de peor nota. El cuarto, 620 kilos al aparato, escarbó mucho, descolgó, consintió las habilidades de Morenito de Aranda, que pretendió enredarse, y medias, al cabo de largo trasteo sobrado de oficio. El mismo con el que despachó al toro que partió plaza y que tumbó de formidable estoconazo en la yema, sin puntilla. A ese toro lo esperó de rodillas frente a la puerta de chiqueros, pero más cerca de la boca de riego que de la salida, y el toro, que embistió en dos tiempos, no lo vio.

Pablo Aguado firmó con el segundo de corrida el quite de la tarde. La verónica de compás tan de su sello, plantas posadas, sueltos los brazos, tan sutil el vuelo de la capa que parece sencilla. Librado del compromiso del sobrero 700, estuvo centrado y a gusto con el tercer sobrero, segundo de los dos de Torrealta, noble, pero de otras hechuras, descompensado, grandón, flojo y noble. Lo mató por arriba.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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