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Malagueños por la Península: construir una vida desde la añoranza

Malagueños por la Península: construir una vida desde la añoranza
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Cerca de 120.000 personas nacidas en Málaga han emigrado fuera de Andalucía: por toda la geografía española se abren camino sin perder sus raíces

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Cristina Chamizo vive en Barcelona y Jorge Gallardo, en Madrid. SUR Malagueños por la Península: construir una vida desde la añoranza

Cerca de 120.000 personas nacidas en Málaga han emigrado fuera de Andalucía: por toda la geografía española se abren camino sin perder sus raíces

Cristina Vallejo

Viernes, 27 de febrero 2026, 00:32

¿Cuántos son y dónde están los malagueños que viven en el resto de España?

La mayoría de los malagueños residentes fuera de la provincia ya están en edad de jubilación

Jorge Gallardo, periodista

«Con la situación del tren siento que me han cortado el cordón umbilical con Málaga»

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Jorge Gallardo

«Para mi desgracia me fui de Málaga con 22 años». Así comienza Jorge Gallardo una narración que inmediatamente desmiente el drama que trasluce esa primera frase y otra que dice más adelante: «Yo me lamento todos los días de estar aquí». Le puede, dice, la morriña especial que sienten los malagueños. Porque su historia es de éxito y además pone rostro a las investigaciones de especialistas en migraciones como el profesor de la UMA Rafael Grande, que concluyen que ahora las mudanzas de españoles, andaluces y malagueños están protagonizadas por personas altamente cualificadas, ellas son las que protagonizan la movilidad geográfica. «Me fui por motivos profesionales y laborales exclusivamente», sintetiza. Y cuenta su periplo: antes de acabar la carrera de Comunicación Audiovisual en la UMA entró en la Cadena Ser de becario, desde ahí el mismo grupo Prisa le hizo una oferta para trabajar en Jaén, que también le pagó un MBA en Madrid y que luego le ofreció trabajar para la televisión pública aragonesa en Zaragoza. Desde ahí fue que en 2010 dio el salto a Madrid, a Antena 3, primero en las tardes, después en los informativos y ahora como director de Espejo Público.

Que la suya no es una historia desgraciada lo desvela la simple descripción de los hitos anteriores y también las siguientes frases: «En la carrera siempre tuve la inquietud de trabajar en televisión, así que estar en Madrid y en una televisión nacional era cumplir un sueño. Cuando durante la carrera realicé una estancia en CNN, en su sede de Atlanta, que coincidió con los atentados del 11-S, decidí que me iría donde fuera que hubiera trabajo».

Mantiene lazos en todos los lugares donde ha recalado, desde Atlanta hasta Jaén -sigue siendo miembro de su asociación de la prensa-, pasando por Zaragoza, esa ciudad de la que dice que es el Chicago español. Pero la que mantiene intacta es su vinculación con Málaga, con toda la Costa del Sol, aquí se viene en cuanto que puede. «En Madrid bromean con eso de que no hay fin de semana que me quede… aunque ahora con la situación del tren, siento que me han cortado el cordón umbilical con Málaga. No me preocupa que se restablezca el servicio, sino que se haga bien, porque si el viaje empieza a durar más de cuatro horas…», reflexiona.

También lamenta que ya no tiene su pandilla de malagueños en Madrid. De los cinco que la formaban, se han vuelto ya cuatro porque han encontrado empleos en Málaga mejores o al mismo nivel de los que tenían en la capital. «En realidad, hay una conversación generalizada de que Madrid está muy sobrevalorada o, sino, ¿por qué llega un puente y se vacía?», bromea. Aunque acto seguido reconoce: «Si quieres trabajar en el sector audiovisual en Andalucía hay muy pocas oportunidades». Ni siquiera para él fue suficiente el premio al mejor expediente académico del año en su disciplina. Se tuvo que ir de Málaga. Dondequiera que ha estado, ha seguido formándose y además de haber cumplido su sueño de estar en una tele nacional, es catedrático en la Universidad Camilo José Cela. Y ello, además, sin dejar de ser profeta en su tierra, donde presenta los premios Ciudad de Málaga y es embajador del Ayuntamiento de Torremolinos.

Cristina Chamizo, experta en gestión laboral y recursos humanos

«En Cataluña me siento integrada, he podido crecer, pero llevo mal estar lejos de mi tierra»

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Cristina Chamizo

Las migraciones la mayoría de las veces se producen por motivos económicos. Pero también tienen lugar por amor. Como en el caso de Cristina Chamizo Pérez, a quien una feria de Málaga, la de 2003, le cambió la vida. Fue entonces cuando conoció a David. Él vivía en Barcelona. Al principio mantuvieron la relación a distancia. «Siempre estábamos con idas y venidas. Alguien tenía que dar el paso. Mi marido es un enamorado de Málaga, pero es funcionario de la Generalitat y no podía trasladarse. Así que me fui yo para allá. Aunque me costó mucho. Soy muy malagueña y además llevaba ocho años en mi trabajo, en un despacho de abogados de La Malagueta, donde me especialicé en gestión laboral y recursos humanos», explica Cristina Chamizo en conversación telefónica con SUR desde Barcelona.

Ella tenía claro que si se iba, lo hacía con un contrato de trabajo bajo el brazo: «Si me voy a una ciudad nueva y sola, sin apenas amistades, yo, que soy muy activa, sabía que tenía que hacerlo con algo», recuerda. Así que a la semana de llegar a Barcelona, ya estaba trabajando en una tienda de bisutería. Eso, para el mientras tanto, hasta que le saliera una cosa de lo suyo, porque ella ya había orientado su carrera hacia la gestión laboral. Y está contenta porque ha podido ir ascendiendo en su profesión, hasta el punto de que ahora es responsable del departamento laboral de la consultora Delvy: «Es una empresa con presencia en todas partes de España, también en Málaga, en calle Larios, y eso y el teletrabajo me permite ir más». Siente que aquí en la Costa del Sol también podría haber crecido, aunque reconoce que las oportunidades que ofrecía Málaga hace veinte años no son las de ahora. «A mí allí no me faltó trabajo; lo tuve antes de terminar la carrera de Pedagogía. Creo que en mi caso mi vida no hubiera sido diferente, porque soy ambiciosa. Barcelona es verdad que da muchas oportunidades, pero también va en la persona», reflexiona.

Comenta que aunque lleva mal estar lejos de su tierra, en Castellbisbal, el pueblo a 30 kilómetros de Barcelona en el que reside, se siente muy bien integrada, no sólo laboralmente, también socialmente: ha sabido construir su círculo. Aunque reconoce que al principio le costó y se sintió un poco sola.

Allí, a tantos kilómetros de distancia, también siente en sus carnes y con la información que le proporcionan los sentidos que antes que ella muchos malagueños y andaluces ya habían emigrado a Cataluña. «A veces Castellbisbal parece un pueblo de Andalucía por los acentos que se escuchan por la calle. No sólo de Málaga, también de Jaén, de Córdoba, de Granada. Es raro que en un pueblo catalán no haya una peña andaluza. Yo soy socia de la de aquí y este 28 de febrero, Día de Andalucía, iré», explica. También sabe que hay peñas malaguitas por Cataluña, pero ella no pertenece a ninguna porque no le pillan cerca. En realidad, no necesita ir a ninguna parte para encontrarse con Málaga: ella la lleva siempre consigo, a su familia, a sus amigos de toda la vida y, sobre todo, su luz. Y se emociona cuando habla de ella.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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