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Política

Malos tiempos para el jefe de gabinete

Malos tiempos para el jefe de gabinete
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"Pedro selecciona cuidadosamente entre los suyos para los puestos de responsabilidad a quienes no conocen la vergüenza" Leer

La noticia de la semana es que ha dimitido un político español. ¿Habrá sido la ministra de educación (tolón, tolón) por la sima de los huesos donde yacen los cráneos de nuestros estudiantes, según el informe Pisa? Frío, frío. ¿Será entonces la ministra de Defensa, harta de defender a sus agentes del ataque de su jefe y de todos sus compañeros? Pues frío también, pero quizá con alguna décima de fiebre. ¿Y no habrá presentado al fin su renuncia el ministro Marlaska por haber encargado dosieres de periodistas para clasificarlos no por ideología (nadie en el sanchismo sabría reconocerla) sino por su grado de adicción al régimen? Helado, gélido, nival como la ceniza de los crematorios donde tantas veces ha entrado y salido ya el carbonizado crédito del titular de Interior, que hoy hasta se peina con sus propios rescoldos.

Quien ha dimitido es un jefe de gabinete. Se llama Gonzalo Sanz y quiere volver a pasear por las calles de su ciudad sin tener que ocultarse entre las soluciones habitacionales improvisadas en la playa del Trampolín para que los ceutíes no le identifiquen. Un tipo que recibió a tiempo la advertencia del riesgo de "intrusión violenta fronteriza" (usemos la jerga técnica policial para no escandalizar a las almas bellas que reaccionan al término "invasión" como las barbudas de La vida de Brian al tabú de "Jehová") y la transmitió reglamentariamente a su jefe, el delegado del Gobierno en Ceuta, que atiende por Miguel Ángel Pérez Triano.

Este Triano es un sanchista de primera hora, puro, sin cortar. El pedigrí ético se le adivina en la obscenidad de sus mentiras, en la clínica falta de empatía con sus gobernados y en la cobardía ratonera con la que descarga toda responsabilidad sobre el eslabón más débil. Semejante conducta proclama el celo con el que Pedro elige a los suyos para los puestos de responsabilidad: selecciona cuidadosamente a quienes no conocen la vergüenza. De ahí que Sanz haya dimitido: el rubor le quemaba las mejillas. Bueno, el rubor y un pánico sabio a la jueza Tardón, que ha puesto en marcha la pesada maquinaria y no tiene pinta de dejarse amilanar.

El tal Triano, por cierto, alcanzó esta semana el pico de su reputación cuando por orden de su amo, el Perro sin amo, se atrevió a desmentir al CNI porque -aseguraba- los informes de inteligencia viajan en "sobre lacrado", como todo el mundo sabe. Todo el mundo que haya visto Los tres mosqueperros, quiso decir.

Hablando de perros y amos, hay otro jefe de gabinete en el disparadero, señalado por la genial idea de publicar los informes secretos que ridiculizan al patrón. Se llama Diego Rubio y todavía es el jefe de gabinete del presidente del Gobierno, por el cual debe ser capaz de tirarse por un barranco siguiendo la doctrina Redondo. Pero Rubio no se ha tirado: ha empujado a Pedro Sánchez. No por patriotismo sino por error. Rubio no es ningún tonto, solamente es un académico al que la realidad ha desmentido su tesis sobre la utilidad política de la mentira. No era verdad, Diego. No se puede mentir en todo a todos todo el tiempo.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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