Jueves, 24 de septiembre de 2026 Jue 24/09/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

'Manon Lescaut', o cómo el Teatro Real arregla una ausencia de ciento dos años

'Manon Lescaut', o cómo el Teatro Real arregla una ausencia de ciento dos años
Artículo Completo 1,198 palabras
Una orquesta magníficamente empastada, una admirable Sondra Radvanovsky y el acierto del resto del elenco saldaron la deuda con Puccini en el estreno de este miércoles. Más información: El Teatro Real salda su "incomprensible" deuda de 102 años con la ópera 'Manon Lescaut' de Puccini

La soprano Sondra Radvanovsky en el papel de Manon Lescaut durante el ensayo general de la ópera en el Teatro Real © Javier del Real | Teatro Real

Ópera'Manon Lescaut', o cómo el Teatro Real arregla una ausencia de ciento dos años

Una orquesta magníficamente empastada, una admirable Sondra Radvanovsky y el acierto del resto del elenco saldaron la deuda con Puccini en el estreno de este miércoles.

Más información:El Teatro Real salda su "incomprensible" deuda de 102 años con la ópera 'Manon Lescaut' de Puccini

Publicada 24 septiembre 2026 14:02h Actualizada 24 septiembre 2026 14:59h Síguenos

Entre el estreno madrileño de Manon Lescaut, el 4 de noviembre de 1893, y la función que estos días puede verse han pasado ciento dos años sin que el coliseo volviera a programar la partitura. Entre medias, el Teatro de la Zarzuela la acogió en 1978, en unas funciones que la afición más veterana recuerda con cariño y que sirvieron para que el título no desapareciera del todo del mapa local. Es una desidia incomprensible.

Que el olvido fuera tan prolongado resulta más difícil de justificar cuando se recuerda lo que Puccini se jugaba. El toscano se metió en el terreno de Massenet sin pedir permiso y con la partitura francesa todavía coleando en los carteles europeos, y respondió a quienes le advertían del suicidio comercial con una salida de tono que era, en realidad, una declaración de poética: su Manon no sería la muchacha de polvos y minués, sino una criatura arrastrada por lo que él mismo llamó una passione disperata.

La apuesta era la emoción bruta, y el estreno turinés del 1 de febrero de 1893 le dio la razón con un éxito que convirtió a un autor de treinta y cinco años en el heredero indiscutible de Verdi.

Un momento de 'Manon Lescaut' en el ensayo general en el Teatro Real. © Javier del Real | Teatro Real

La escena que llega a Madrid no es nueva ni pretende serlo. Carlos Wagner la firmó para la Oper Köln, donde se estrenó el 28 de septiembre de 2025 en el Staatenhaus. El eje del dispositivo de Frank Philipp Schlößmann es un carrusel de feria que muta de función en cada acto: jaula dorada en el boudoir de Geronte, prisión circular en Le Havre —con los reclusos a la vista de todos, expuestos al escrutinio— y lecho giratorio en la muerte de Luisiana, donde la atracción queda reducida a un disco desnudo en medio de un páramo.

Wagner lo justifica con un argumento que el Real ha repetido en su material promocional: Manon no huye por codicia, huye de la pobreza, y su único capital es el atractivo físico en un mundo que no piensa pagarle nada más. El tiovivo sería así la fantasía de fuga de dos amantes que giran sin llegar a ninguna parte.

Un momento de 'Manon Lescaut' en el ensayo general en el Teatro Real. © Javier del Real | Teatro Real

Nicola Luisotti conoce este foso como pocos y sabe que la partitura no admite una lectura perezosa. Quien haya seguido su trabajo con esta ópera recuerda lo que hizo en la San Francisco Opera en 2019, donde se subrayó que descubría bellezas y elegancias sutiles que no suelen aparecer en las lecturas al uso, precisamente porque la mayoría de los directores y las producciones se quedan en el verismo y en su brutalidad. Aquel fue un acercamiento insólito, casi lírico, al problema.

Aquí la apuesta es otra, y conviene decirlo: Luisotti ha venido a Madrid a reivindicar la densidad motívica y la pujanza física del joven Puccini. La orquesta titular responde con un empaste magnífico y una paleta de colores que no se queda en el brochazo. El intermedio del tercer acto, ese pasaje donde la orquesta dice lo que el libreto calla, se sostiene con una tensión admirable.

El problema es de equilibrio y aparece en los momentos previsibles: en el segundo acto y en los concertantes del tercero, el volumen orquestal es tan generoso que obliga a los solistas a apretar para no quedar sepultados. No es un detalle menor en una obra cuyo protagonista vocal es una soprano.

La clásica tiene un plan para ti: los mejores conciertos de la nueva temporada

Sondra Radvanovsky sigue siendo, a estas alturas, uno de los últimos fenómenos de verdad del panorama lírico: una cantante que no se guarda nada y que en un mercado de voces clónicas y precavidas resulta casi una rareza antropológica. Su instrumento es un torrente de proporciones dramáticas, con un centro denso y una pegada en el agudo que atraviesa la orquesta sin aparente esfuerzo.

Lo admirable no es el caudal, es la ductilidad: esa capacidad de recoger semejante volumen en filados y medias voces que dejan la sala en suspenso. Su In quelle trine morbide tuvo nostalgia y su Sola, perduta, abbandonata fue una agonía de verdad, no un aria de lucimiento, con esa lectura que la propia cantante ha defendido en entrevistas —la idea de que en ese punto Manon ya está mayormente muerta y el canto es su último aliento— convertida en materia sonora.

Un momento de 'Manon Lescaut' en el ensayo general en el Teatro Real. © Javier del Real | Teatro Real

Michael Fabiano vuelve a ser el caso más discutible de la noche. Es exactamente el tenor que se necesita para el cuarto acto. El problema llega antes: su emisión arrastra una tensión muscular en la zona de paso que endurece el acceso al agudo y le impide modular con la holgura del lirismo italiano, y hay una tendencia a cantar en un forte continuo donde el matiz se sacrifica.

Su Donna non vidi mai resultó más empeño que poesía; su No! pazzo son!, en cambio, fue un arrebato sincero que tuvo a la sala conteniendo el aliento. Fabiano actúa bien y cree lo que dice; le falta la morbidez del legato. Acertado todo el resto del reparto, con figuras conocidas y queridas.

El Real ha cumplido, aunque no haya sido de recibo que se tenga en colas de veinte minutos al sol a espectadores que han pagado más de 600 euros por una localidad. Protocolo ha de moderar sus exigencias de seguridad.

Manon Lescaut, de Giacomo Puccini

Nueva producción del Teatro Real en coproducción con la Oper Köln.
Dirección musical: Nicola Luisotti.
Dirección de escena: Carlos Wagner.
Escenografía: Frank Philipp Schlößmann.
Vestuario: Jon Morrell.
Iluminación: Nicol Hungsberg.
Manon Lescaut: Sondra Radvanovsky.
El caballero Renato des Grieux: Michael Fabiano.
Lescaut: Lucas Meachem.
Geronte di Ravoir: Pietro Spagnoli.
Edmondo: Alejandro del Cerro.
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.

  1. Ópera
  2. Música
NEWSLETTER - EL CULTURAL Todos los jueves un avance de los contenidos de la edición impresa Apuntarme De conformidad con el RGPD y la LOPDGDD, EL LEÓN DE EL ESPAÑOL PUBLICACIONES, S.A. tratará los datos facilitados con la finalidad de remitirle noticias de actualidad.
    Fuente original: Leer en El Español
    Compartir