La vuelta de las vacaciones es una gran fuente de conflictos, algunos aplazados. Si quieres llegar a buen puerto con tu pareja, ojo con volverte marmota, topo o caracol
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Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 27/08/2026 Actualizado a las 19:34h.Último viernes de agosto y para muchos, cuanta atrás para volver a la realidad, la rutina... y las discusiones. Algunas de ellas, además, aplazadas. Y ... es que en este periodo hay quien evita a toda costa entrar en conflicto, sobre todo si es con la pareja, para, como dice el refranero, tener la fiesta en paz. Que no recoges el lavavajillas, no pasa nada, son vacaciones. Que no repones las cervezas en la nevera, qué le vamos a hacer, son vacaciones. Que no tiendes la lavadora, en fin, son vacaciones... Por la paz, un avemaría. Pero la oración no es eterna y a la vuelta, con los nervios a flor de piel y el bajón de dejar esa ficticia 'vida de ricos', en dos días tenemos montada la tercera guerra mundial en casa... con las maletas todavía a medio deshacer. Y no, ya no son vacaciones.
Hay quien siente que se transforma en la Hidra de Lerna (ya saben, ese ser de la mitología griega que era una serpiente de agua con múltiples cabezas). Y otros, en el Papa. Pero no son estos los dos papeles más peligrosos en una bronca de pareja. Hay otros tres que conviene evitar si no queremos acabar pidiendo cita a esos abogados matrimonialistas de unas líneas más arriba. Ojo, que tienen nombre de animal.
La marmota
Podríamos decir que son aquellas personas que discuten una y otra vez sin acabar de llegar a ningún acuerdo. Sobre lo mismo. Como si fuera 'el día de la marmota'. La especialista en terapia de pareja Bárbara Montes define estas broncas como «discusiones circulares» y en ellas, los protagonistas «vuelven continuamente al mismo reproche». Además de no llegar a acuerdo alguno, «no aceptan las diferencias», subraya. Lo que da lugar a un abismo entre las dos partes, ya de por sí distantes porque el objetivo de cada una de ellas en esta situación no es otro que quedar por encima. Y discutir bien no va de esto precisamente.
Una buena discusión –de calidad, no de dimensiones– puede fortalecer cualquier relación, opina la psicóloga sanitaria Beatriz Molina. En ella, «el objetivo es entenderse». Cuando esto no es así, es decir, cuando «pasa a ser ganar la discusión o hacer daño al otro», deja de ser una herramienta de ajuste de pareja para ser justo lo contrario.
– Dice el refranero que los amores reñidos son los más queridos...
– Molina: Discutir mucho no significa quererse más, de la misma manera que una relación sana tampoco es aquella en la que nunca hay desacuerdos. Lo importante no es la intensidad del conflicto, sino la calidad de la comunicación cuando aparecen las diferencias.
El topo
El topo es ese animal que siempre que puede anda bajo tierra. Pero en una discusión te vuelves un topo cuando escarbas en aquellas debilidades o intimidades que te ha contado tu pareja y las sacas en plena discusión con el único objetivo de cortar la bronca y 'ganar'. Esos golpes bajos no forman parte del manual de la buena pelea al que deberías echar mano en estos momentos, es el pase directo a acabar con esa relación. «Utilizar información que la otra persona compartió desde la confianza para hacerle daño en esta situación es una línea roja que no hay que traspasar», responde tajante Molina, fundadora de Terapia con Bea. Está al mismo nivel que «insultar, ridiculizar, humillar o amenazar continuamente con la relación». Sí, podemos sobreponernos a la bronca, pero «la huella que dejan estos comportamientos es muy profunda», continúa la experta.
«El vínculo sufre una erosión silenciosa cuando aparecen el desprecio, la crítica destructiva o la indiferencia», añade Montes, muy en la línea de su colega. Para que la discusión sea buena, por tanto, «hay que abordarla desde la parte vulnerable y el respeto». Y sabemos que lo hemos hecho bien cuando el poso que queda tras la batalla se caracteriza por «una sensación de alivio y mayor cercanía. Si lo que notamos es amargura, soledad o distancia, estamos ante un síntoma de desgaste que requiere atención.
El caracol
¿Te da miedo discutir y lo evitas? Eres el caracol, el tercer animal en el que no debes transformarte si quieres estar en una relación saludable. Las dos expertas lo tienen claro: la pareja ideal no es aquella que no discute. «Bajo esta premisa, el silencio se confunde con la armonía y la ausencia de conflicto en estabilidad», señala Montes, sexóloga en Diversual. «Hay parejas que apenas discuten porque han aprendido a resolver bien sus diferencias, pero otras dejan de discutir porque han dejado de intentarlo», añade Molina.
La conducta de evitación es altamente dañina; y si se hace para evitar «críticas o enfados», peor porque puede acabar generando «distancia emocional». En una discusión, «ambos deberían poder expresar lo que sienten sin miedo al enfado, las críticas o la reacción del otro y con la sensación de ser escuchados, aunque no estén de acuerdo», prosigue la psicóloga clínica. Si existe ese temor, «merece la pena preguntarse qué está ocurriendo en ese vínculo».
De la cama también hay que discutir
«Uno de los terrenos donde más cuesta discutir, o simplemente hablar, es el de la cama». Lo dice la sexóloga Bárbara Montes. Sí, en pleno siglo XXI también. Resulta que todavía muchas parejas «prefieren el malentendido sexual antes que una conversación que perciben como incómoda»... sin darse cuenta de que lo que se vuelve incómodo luego es la propia relación. De y en la cama hay que hablar, y también discutir:«La comunicación en este ámbito es el pilar de una salud sexual plena», concluye.
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