Vídeo | Manuel Jabois en 'Una hora con Lorena': “Se puede ser del Real Madrid y de izquierdas, yo lo soy"
Opinión Una hora con Lorena Manuel Jabois: “Me acostaría con un hombre por vicio, no por admiración: si admiro mucho a una persona, la prefiero vestida”“Se puede ser del Real Madrid y de izquierdas: yo lo soy".
“Yo me meto con el PSOE, con los indultos, con la amnistía y con la corrupción, y de eso a un hemisferio no le interesa acordarse”.
“Tu pene no habla de ti: lo que habla de ti es cuánto te obsesiones con tu pene”.
Lorena G. Maldonado Publicada 10 julio 2026 18:08hCuaderno de bitácora (una conversación también es un viaje)
29/05/2026
Lo primero que le pregunto a Manuel Jabois es qué quieren decir los niños cuando dicen que quieren ser Manuel Jabois, pero ya lo sé.
Quieren escribir como él escribe desde Irse a Madrid, con un candor salvaje y una inteligencia natural que dan miedo, quieren el poder de su ligereza, de la cosa radiante y sucia del chico guapo que no se da mucha cuenta, quieren la estela simpática del muchacho que aún actúa como un perdedor aunque vaya ganando, aunque no pueda evitar ganar, aunque todo eso de los podios le incomode un poco o endemoniadamente.
Quieren resbalar como él resbala por los sitios, por la columna de un periódico o por las barras paliconas de Madrid -todo es un tobogán para jugar, para seguir jugando-, quieren levantar una piedra y que salgan espontáneos y amigos y chicas bonitas, quieren ser hondos y divertidos, quieren meterse en el barro de la Dana o de la vida y contarlo húmedo en un reportaje o en un libro, quieren que Florentino les invite al palco, quieren ser agudos sin ser crueles, quieren enamorarse siempre como si nunca nadie se hubiese enamorado, como si todo se hubiese inventado hace un cuarto de hora.
Manuel Jabois y yo durante la entrevista. Sara Fernández.
Yo creo que Manuel es eso: un nervio del vivir hacia afuera y de escribir de la carne hacia adentro. Da gusto encontrárselo en internet o en una fiesta y contemplar, casi acojonada, su entusiasmo maravilloso por la cita recóndita de un libro o por un marisquillo a la plancha.
Si él se pone triste todos nos entristecemos con él, le tenemos mimado de alguna forma: su tristeza es una injusticia histórica como que a un chiquillo le roben la bicicleta nueva.
También nos alegramos de verle. Hasta Pedro J., que es un hombre muy suyo para los afectos, ha venido hoy a saludarle. ¡Le ha abrazado! Lo he visto con mis ojos y puedo jurarlo. Fue el director de esta casa quien fichó a Manuel para El Mundo. “¿Qué has publicado?”, dice mi jefe, ya no el suyo. “Ya sabes que yo soy más de no ficción”. Lo sabemos, sí.
Jabois y Pedro J.: el reencuentro. Sara Fernández.
Yo diría que Jabois es un novelista de detalle irónico, de brocha milimétrica. Con un gesto o un anécdota dibuja un personaje, una verdad, una vida. Le gustan las historias pequeñas (ninguna historia es pequeña, todo pueblo resume el mundo) porque conserva en formol ese brutal corazón de provincia.
Recuerdo de memoria que la protagonista de su última novela, La víspera (Alfaguara), que se llama Amalia y está a punto de cumplir 65 años, despellejaba sin inmutarse un animal para cocinarlo con la misma mano con la que había masturbado deportiva, mecánicamente a su marido la noche anterior. Ah: esa mano de la ejecución. Esa mano aterradora de la sangre fría. Esa mano de la agencia.
Legrar ese tipo de datos que retratan a alguien por dentro: esa es la especialidad de Manuel Jabois, fotógrafo de interiores.
Este último libro suyo habla de lo que no se habla: de la omertá de las familias. ¿Es la familia una mafia legítima o una forma de legitimar la mafia? Foucault decía que era una de las primeras instituciones de encierro, un espacio micropenal. Engels la señalaba como primera forma de dominación. Simone de Beauvoir creía que era el primer estadio humano de la corrupción. David Cooper recordaba que lo de la estirpe no es más que una aniquilación de la libertad del individuo.
Todo es cierto, nada es cierto. ¿Qué sé yo? Si tanto te gusta la familia, métela en tu casa. ¿No era algo así?
Aquí nuestra Amalia, bárbara, prepara su hogar y su mesa para recibir a los suyos mientras el pueblo se sacude por un terrible suceso: la desaparición de unos niños. Y hasta aquí puedo leer. Ya se lo compran ustedes y se lo llevan a la playa y luego miran a su familia y verán que les parecen unos santos, unos primores, una gente magnífica. Jajá.
Jabois me mira. Sara Fernández.
Y yo le miro. Sara Fernández.
Hablo con Jabois sobre si el concepto de familia es un regalo que le ha hecho la izquierda a la derecha. Hablamos de eso que decía Olmos de que todo lo que no es paternidad es adolescencia. Hablamos de la cosa críptica de los padres, de su viejo mutismo. Hablamos de ser hijo. Me cuenta que una noche coincidieron Willy Bárcenas, de Taburete, y Nacho Vegas, y que se presentaron sus respetos artísticos (¡el abrazo de las Españas!). Por lo visto esa noche acabó con Willy torteando a un tío que se le acercó para faltarle a su padre. A Vegas, al enterarse, le pareció una reacción lógica. ¿No es precioso?
Hablamos de que el éxito es no tener envidia, como decía Josep Pla: si no tienes envidia, dice Manu, te salen six packs, te pones moreno. Hablamos de la venganza. “La venganza es que te siga yendo bien”, sostiene. “La venganza es poder seguir escribiendo”. Eso me gusta mucho.
Hablamos del amor, de las amistades (del horror de perderlas, como él perdió a Gistau) y de si creer en dios es de pobres: le cuento que mi amiga Marta Espartero dice que si pagas la cuota del Club Matador ya no te apetece ir al cielo porque hay mucho populacho.
Hablamos de la obsesión por el pene porque uno de sus personajes está obsesionado con su miembro. Hablamos del morbo, del Real Madrid, de las fiestas de los ricos, del insulto “payaso”, de Nadal y de Amancio Ortega.
Hablamos de la suerte que tiene el de Zara de que ningún hijo suyo haya intentado matarle. “Porque no hace senderismo”, ríe él. “El otro día fui a una ruta con mi hijo y le dije ‘pasa tú primero, que te quieres quedar con el ordenador’”. Y me reí con él. Bienvenidos a nuestra charla.
Manuel Jabois en nuestro estudio. Sara Fernández.