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María Hervás: “Cuando una mujer quiere algo y va a por ello parece que se convierte en una zorra insensible. Y no”

María Hervás: “Cuando una mujer quiere algo y va a por ello parece que se convierte en una zorra insensible. Y no”
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La actriz sabe del poder narrativo de la imagen y la moda y lo utiliza a su favor, aunque su belleza —indiscutible, insultante— es solo un extra. Lo verdaderamente magnético de María Hervás es su cabeza: su manera de pensar, de cuestionar, de analizar, de enfilar y de profundizar.
Entrevista María Hervás: “Cuando una mujer quiere algo y va a por ello parece que se convierte en una zorra insensible. Y no”

La actriz sabe del poder narrativo de la imagen y la moda y lo utiliza a su favor, aunque su belleza —indiscutible, insultante— es solo un extra. Lo verdaderamente magnético de María Hervás es su cabeza: su manera de pensar, de cuestionar, de analizar, de enfilar y de profundizar.

Créditos Texto Raúl Rodriguez Fotografía Esteban Palazuelos Estilismo Fran Marto Localización Espacio cedido por Iconic Living Maquillaje y peluquería Rosa Navajas Vídeo Tania Franco Asistente de Producción Paloma Altemir Fecha de publicación:

10 noviembre 2024, 1:06h

Actualizada:

24 noviembre 2024, 21:32h

María Hervás (Madrid, 1987) entra en la sala y el ambiente cambia por completo. El estrés previo, ese que acompaña a cualquier producción de moda y que obliga a que todo salga según lo previsto, se disipa en cuestión de segundos gracias a la energía que desprende. Saluda al equipo con cercanía, pero no se queda ahí: en apenas unos minutos recuerda el nombre de todos, interesándose de verdad por quienes la rodean. No hay distancia, solo una naturalidad que convierte el trabajo en un juego de niños compartido.

Cree en el tándem entre actriz-moda, entiende el poder narrativo de la imagen y lo utiliza a su favor, aunque su belleza —indiscutible, insultante— es solo un extra. Lo verdaderamente magnético de María Hervás es su cabeza: su manera de pensar, de cuestionar, de analizar, de enfilar y de profundizar.

“No sé si esto es una entrevista para Magas o un tratado de filosofía para La Sorbona”, comenta con ironía al concluir la extensa conversación. Y no exagera. Conscientes de su vasto conocimiento y de su capacidad reflexiva, no íbamos a desaprovechar la oportunidad de preguntarle por todo aquello que mueve el mundo: amor, amistad, dinero, poder, influencias, relaciones abiertas, infidelidades, feminismo y mujeres. María es mujer de mujeres. Y una de ellas es su madre, Juana Hervás, de quien tomó su apellido.

“[Mi madre] a veces me dice: ‘¿Pero cómo te puede afectar tanto esto?’. Una crítica, por ejemplo. Para ella, me tendría que resbalar. Pero cuando tienes un reconocimiento popular, pierdes un poco la capacidad de recibir un ‘no’, porque todo el rato te dicen lo bien que lo haces o lo buena que eres en eso. Entonces, al mínimo conflicto, se te cae el mundo encima. O transitas la fama con los pies en la tierra —yo lo intento— o te infantiliza”, explica la actriz.

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Son muchas las mujeres que habitan en María. En series se ha metido en la piel de Daniela, Amaya, Amelia, Susana, Isabel, Clara, Maite o Martina. En teatro ha interpretado a Iphi, Leonor o Jbara. Esta última es la protagonista de Confesiones a Alá , obra con la que triunfó sobre las tablas hace más de una década. Incluso la reina Letizia le sugirió que la retomase. Ella a veces lo piensa, pero, prudente y respetuosa, afirma no hacerlo “por miedo al debate del relativismo cultural”. En cine ha dado vida a Lourdes, Umay, Moni, Tania y, en última instancia, a Julia.

En El fantasma de mi mujer, en cines desde el 20 de febrero, Julia es la amante de Fernando —Javier Rey—, que está casado con María —Loreto Mauleón—. Una noche, él recibe la llamada de su amante diciéndole que acaba de atropellar a María. Un accidente en el que no se sabe si acaba de ocurrir o si no quería matarla, pero en el que necesita ayuda para deshacerse del cadáver.

“El amor es una aventura, una fiesta interminable y durísima también. Yo he llegado a dormir en un rellano por amor, y no me arrepiento”

- María Hervás

María, ¿usted ayudaría a un amigo, a una amiga o a una pareja a esconder el cadáver de una persona?

Creo que si es alguien a quien quiero mucho, le ayudaría a cualquier cosa.

Es usted una amiga… cómplice.

Yo creo que soy una amiga muy leal, pero porque en general soy una persona muy leal. Llevo 17 años trabajando con mis representantes. Tardo en considerar a una persona mi amiga o parte de mi equipo, pero cuando lo hago —y creo que soy bastante psicologista, pillo rápido a la gente—, intento que eso sea de por vida.

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Es bonito esto que dice de la amistad. Los artistas y el cine dedican muchísima energía a las historias de amor romántico, al desamor, a las infidelidades… ¿Por qué damos tan poca importancia al amor entre amigos? ¿Por qué no se les escriben canciones?

Son amores distintos. Es verdad que el amor romántico es más revolucionario en el sentido de que te abre nuevas miradas, y creo que tiene que ver incluso con una alteración química. Se necesita una especie de explosión dentro del cuerpo para atreverte a cosas tan difíciles como besar a alguien. Es un atrevimiento muy fuerte saltar al cuerpo de otra persona, arriesgarse al rechazo. Esas explosiones químicas generan felicidad, valentía, la sensación de que puedes con todo, de que te vas a comer el mundo. Lo romántico conlleva cosas muy especiales.

Ahora bien, la amistad… Mi padre siempre me ha dicho: “Enróllate con quien quieras, ten las parejas que quieras, los amantes que quieras, pero cuida a los amigos porque son los grandes compañeros de vida”. Yo tengo una amiga, Laura, a la que conozco desde el primer día de colegio, con tres años, y sigue siendo una gran confidente.

También hay mucho dolor cuando se rompen las amistades.

Muchísimo. Y si me preguntas cuál ha sido la gran ruptura de mi vida, no te hablaría de una pareja, sino de una amiga mía que era como mi hermana. Fue muy duro, porque yo la proyectaba de por vida. Me veía con ella de viejitas, muertas de la risa, vacilando, viajando juntas por el mundo.

Es difícil aceptarlo porque incluso los vínculos más arraigados cambian. Creo que el sufrimiento nos viene porque queremos que las cosas no se muevan, queremos atraparlas. Pero la propia naturaleza de estar vivos es el movimiento. Nada permanece. Definitivamente, mi peor ruptura fue mi amistad con esa amiga a la que todavía quiero muchísimo.

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Si fuese una pareja quizá no le preguntaría, pero siendo una amiga, me atrevo: ¿es irreconciliable?

Mira, rompimos la amistad y, tres años después, fui a un concierto de C. Tangana, el mítico con la mesa y la orquesta, en mitad de un bosque, en un enclave maravilloso. Me llegó muy fuerte la idea de celebrar con los amigos, la lealtad, el “si no entran, yo no entro”. Me puse a llorar pensando en ella. Me había tomado unas cervezas y dije: “Venga, me lanzo”. Le escribí para decirle todo lo que la quería, que estaba pensando en ella, que me encantaría estar ahí con ella.

Al día siguiente no me acordaba de haberle escrito, pero recibí un mensaje suyo. Me dijo que soñaba cada semana conmigo, que siempre me iba a querer. Nos cruzamos un par de mensajes y decidimos dejar que la vida siguiera. A veces no tiene sentido intentar recuperar algo tal y como lo recuerdas. Eso no funciona así. Pero fue muy cálido sentir que yo había significado mucho para ella. Y a veces significar mucho para alguien también es dejarle ir.

Volvamos a El fantasma de mi mujer. En la ficción muchas veces se pinta a la amante como una villana. ¿Qué defensa haría de Julia?

Lo primero que defiendo de Julia es su compromiso radical con su deseo. Su pensamiento es: “Yo quiero cosas y voy a ir a por ellas sin pedir permiso ni perdón por desearlas. No tengo compromiso con nadie: es esa otra persona la que está siendo infiel”. Julia está absolutamente comprometida con lo que quiere. Si no lo consigue, ya será la vida quien no se lo ponga fácil, pero no será porque ella no lo intente. A mí me gustan mucho las mujeres que no se instalan en la duda o en el miedo, que no piden disculpas por ir a por lo que desean.

A las mujeres se les ha achacado históricamente la ambición como egoísmo y como algo malo o perverso. ¿De dónde cree que viene esto?

Creo que eso viene de una muy mala lectura de la tradición católica -o cristiana, mejor dicho- que, mal entendida, hace pensar que está mal desear cosas para una misma. Eso se ha aplicado sobre todo a las mujeres. Cuando una mujer quiere algo y va a por ello, parece que se convierte en una zorra insensible. Y no. Es compatible ser empática, solidaria y no sentirte mal por ir a por lo que quieres. Además, cuanto más felices y realizadas somos las mujeres, mejores parejas, madres, hijas somos. Si no, acabamos reprimidas y frustradas, y eso sale por otros sitios. También pasa en las redes, al final esas mujeres terminan entrando en los perfiles de las demás para joderles la existencia.

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“Quizá mi cuenta bancaria es diez veces inferior a la que tendría si fuera influencer, pero yo no soy solo una marca, soy una artista”

- María Hervás

¿Le pasa mucho eso a usted? ¿La atacan en redes?

Hombre, constantemente. Intento relativizarlo cada vez más, pero somos vulnerables. Pienso que si esa persona se atreviera más a ser quien quiere ser, no necesitaría entrar en mi perfil para atacarme.

¿Cómo lo gestiona? Cuando éramos pequeños, admirábamos a artistas, pero eran inalcanzables. Ahora cualquiera le puede enviar un DM o poner un comentario y, por accidente, usted puede leerlos.

Va por épocas. Hay momentos en los que no leo nada para protegerme. Lo que sí quiero marcar es la enorme diferencia que hay entre actores e influencers. Respeto mucho a las influencers, pero yo estudié Arte Dramático porque soy una apasionada del cine, del teatro y de contar historias. Creo muchísimo en el poder modificador de contar historias. No menosprecio a nadie, pero ya basta de mezclar los trabajos. No es lo mismo generar contenido que dedicarte a contar historias como artista. Eso es así.

A veces es frustrante ver las cifras que se manejan en publicidad. Hay influencers que en una mañana de fotos se embolsan 60.000 euros por una campaña.

Las influencers ganan más dinero que las actrices. El trabajo del actor no está mal pagado, pero no tiene nada que ver con esos sueldos de la publicidad. A mí no me perturba ni me agrede porque mi felicidad está en irme a la cama satisfecha con el trabajo que he hecho: una secuencia, un texto, preparar un personaje. A mí me nutre eso. Quizá mi cuenta bancaria es diez veces inferior a la que tendría si fuera influencer, pero yo no soy solo una marca, soy una artista.

Volvamos a la película que acaba de estrenar. En ella, Julia, su personaje, ama a Fernando, que está casado con una mujer. ¿Dónde está la línea entre amar y agarrarse a un clavo ardiendo?

Es difícil. Para mí el amor tiene mucho que ver con el vínculo y la duración en el tiempo. En el caso de Julia, que es una persona mucho más práctica que yo, de aquí a Lima, no creo que esté agarrada a nadie. Ella tiene su trabajo, se prepara para un concurso de televisión, necesita tiempo sola. Ser amante le funciona: no le molesta, le da placer y puede seguir haciendo lo que quiere. Le va bien.

¿Estamos educados solo para la pareja convencional? Si queremos estar con otras personas fuera de la relación, ¿no sería más generoso comunicárselo en lugar de engañarla?

Como teoría, la pareja abierta me parece increíble. Pero la práctica es otra cosa. El ser humano es celoso, necesita seguridad. Entiendo el poliamor, pero no me siento lo suficientemente fuerte como para vivirlo. Somos muy vulnerables, especialmente las actrices, siempre expuestas a la validación externa: en un casting, en las redes sociales... Todo es un examen como para encima llegar a mi casa, con mi pareja, y ver que eso tampoco está cerrado. Por serte honesta, sería difícil para mí.

Bomber y falda de MARTÍN ALCALDE STUDIO

María y el amor

¿Cuál es su relación con el amor?

Soy una gran enamorada del amor. He viajado a otros lugares del mundo por amor, he hecho locuras, he dormido en un rellano. No me arrepiento de nada. El amor es una aventura, una fiesta interminable, durísima también. Ahora entiendo que no es un regalo que te dejan en la puerta: es un proyecto en el que hay que currar cada día. Si no estás dispuesto a currártelo, mejor no te metas.

¿Le dan miedo los conflictos?

No le tengo miedo a discutir. Me da más miedo lo reprimido, porque se enquista. Me dan más miedo los silencios prolongados, lo que no se expresa. Prefiero que, en un momento dado, nos tiremos un poco los trastos a la cabeza y luego entendamos por qué, que estar el domingo rayada delante del espejo pensando si llamo o no llamo, si escribo o no escribo.

Su madre, su referente

Su madre trabajó durante los últimos 15 años de su vida laboral como camionera. Sobre ella y sobre su abuela, usted ha dicho que son “supervivientes”. ¿Qué le contaba su madre de su trabajo?

Recuerdo cómo algunos tíos la vacilaban en los polígonos industriales, cómo la provocaban. Ella llegaba con el albarán y había hombres sentados que le decían que tenía que descargar el camión, cuando todo el mundo sabe que el conductor no carga ni descarga. La llamaban Barbie camionera.

Un apodo terrible y machista.

Terrible. Mi madre es una mujer bellísima, con ojos verdes grisáceos, pelo largo rubio, un rollo que parecía actriz. Todo eso, para el heteropatriarcado, es el cóctel perfecto para ir a por ella.

¿La vio sufrir?

Seguramente sufriría y lloraría alguna vez en la cabina del camión, aunque es menos frágil que yo. Es otra generación. No tenía tiempo para dramas. Tenía que pagar facturas, mi colegio, mi conservatorio, mi carrera de Arte Dramático. No podía permitirse venirse abajo.

“Una feminista sin teoría”, dijo usted que era su madre. ¿Qué cree que ha pasado con el feminismo hoy?

Es una pregunta enorme. Creo que el gran problema del feminismo actual es la necesidad de juzgar a otras mujeres. Un movimiento que viene a liberar no puede centrarse en señalar a la compañera. Hablar de si el vestido de la Pedroche es feminista o no... no es feminista. Usar a otra mujer como telón de fondo para demostrar lo buena feminista que eres… eso no es feminismo. Creo que hay muchos sectores del feminismo que están formado por pijas que se fijan en menudeces que solo les interesa a ellas y quitan el foco de las cosas importantes que quedan por hacer.

Vestido negro de gasa de THE LOOM

¿Dónde pondría ese foco?

En cosas reales: sueldos iguales, oportunidades laborales, permitirnos la ambición, los deseos. Que cada una haga con su cuerpo lo que quiera. Mi madre es feminista sin teoría: se ocupaba de que la respetaran, de que descargaran su camión, de que no me hicieran bullying.

¿Intenta aplicar todo ese aprendizaje en sus relaciones?

Todo el rato. Yo insisto mucho a mis parejas en que a mí también me gusta que me cuiden, que no soy un ser de cerámica. Yo, como ellos, también tengo pelos en las piernas. Y me los quito. “Habrá días que no me quite el vello y espero gustarte igual y que no me exijas tener que hacerlo”, les he llegado a decir. Es un work in progress constante.

Habló de feminismo con la reina Letizia. ¿Qué le dijo?

Me reconoció que había visto prácticamente todo mi trabajo en teatro. Yo no lo sabía, porque ella muchas veces va al cine y al teatro un poco de incógnito para no ser reconocida. Hablamos mucho de feminismo y me dijo que por qué no recuperaba Confesiones a Alá, un monólogo sobre una mujer magrebí que yo hacía en teatro. Me han propuesto retomarlo muchas veces, pero hoy me da miedo por el debate del relativismo cultural. Ella me dijo que, bien entendido, no veía problema, siempre que quede claro que cuento una experiencia concreta, no una mirada occidental sobre otra cultura. Aun así, no lo he vuelto a montar.

¿Se siente limitada como artista por ese miedo?

A veces sí. Me pasó también con un texto sobre la transición de Paul B. Preciado. Me sentía casi culpable por atreverme a querer contar esa historia siendo una mujer blanca, normativa. Pero yo creo que hay algo universal en los dolores, los amores, los deseos. El feminismo al que yo aspiro va hacia eso: a que, en última instancia, somos lo mismo.

¿Ha sentido que su éxito amenazaba a los hombres con los que estaba?

Sí, claro que lo he sentido. Es así. Literalmente. Pero quiero ser justa: el éxito está relacionado con el poder y la influencia y eso incomoda a todos. También me incomoda cuando mi pareja tiene una economía superior a la mía o una influencia superior a la mía. A mí también me pasa, pero es que los hombres están menos acostumbrados a que se dé eso. Rebajar el ego es complicado.

Para terminar, María, cuénteme planes e ilusiones.

Se ha estrenado El fantasma de mi mujer, con Javier Rey, que es uno de los mejores compañeros que he tenido. Este año también se estrena la tercera temporada de El Inmortal para Movistar+, volveremos a rodar Machos alfa y empiezo una serie con Hugo Silva. Trabajo no falta. A nivel personal, me gustaría terminar la reforma de mi casa, producir teatro, viajar —me encantaría volver a Japón— y, sobre todo, generar más sensación de hogar en mi vida.

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Fuente original: Leer en El Español
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