- IÑAKI GARAY (DIRECTOR ADJUNTO DE EXPANSIÓN).
Le ha recordado María Jesús Montero a Arcadi España, su sustituto en Hacienda, que para ser ministro del ramo hay que tener empatía, inteligencia para comprender lo que se tiene delante, capacidad negociadora y, sobre todo, capacidad para decir que no, cuando llega el momento.
Entiendo que María Jesús habla de los ingredientes para ser un buen ministro, porque para lo demás basta con que te nombre el presidente, aunque seas un tarugo.
Si lo que quería es que la valorásemos atendiendo a estos indicadores se ha dado un auténtico tiro en el pie. La capacidad negociadora de alguien que deja el cargo sin haber conseguido siquiera presentar los presupuestos en lo que va de legislatura deja mucho que desear, aunque en su descargo hay que decir que no lo ha tenido fácil, dada la precariedad con la que gobernaba su jefe.
La empatía y la inteligencia se las vamos a presuponer solo por ser ministra, aunque todo el mundo sabe que desde hace ya mucho serlo no es garantía de nada.
Ahora bien, lo de la capacidad para decir que no ha sido como mencionar la soga en casa del ahorcado. María Jesús no ha sido vicepresidenta y ministra de Hacienda porque reuniese un currículum brillante sino porque ha demostrado ser la servidora más fiel de Pedro Sánchez.
Cualquiera que haya visto el ímpetu con el que aplaudía cualquier intervención del presidente lo entiende. Dice ella de sí misma, hablando en tercera persona como si fuera Napoleón, que probablemente es la mujer que ha tenido más poder desde que se reinstauró la democracia, y que, con este bagaje, decida presentarse a unas elecciones en Andalucía tiene mucho mérito. Es una reflexión un poco torpe.
Para cualquier andaluz, incluso para cualquier español, debería ser un honor casi inigualable aspirar a ser presidente de Andalucía. Por eso es muy posible que Montero no esté diciendo la verdad y que lo de concurrir a las elecciones no haya sido decisión suya sino la dolorosa imposición del jefe. Esto desmentiría que sea esa mujer poderosa que dice ser y que tiene esa capacidad indispensable de decir que no. Si alguien no puede elegir presentarse o no a las elecciones no tiene demasiado poder. Si no puede siquiera presentar los presupuestos su influencia es muy limitada.
Si desde la vicepresidencia primera y el Ministerio de Hacienda tiene que admitir como animal de compañía un modelo de financiación que privilegia a Cataluña y penaliza a Andalucía, o no quiere mucho a su tierra o es una mandada. Lo que quiere decir que no sabe decir que no a quien se lo tiene que decir.
A nadie le hace poderoso el cargo sino su desempeño en él. Su capacidad para decirle a Sánchez, como socialista no puedo acceder a tomar una medida que contraviene mis principios. Y el principio de solidaridad entre las personas y las regiones siempre ha estado en la base del proyecto socialista. Que se lo pregunten a Alfonso Guerra. No al Alfonso Guerra de ahora, ese al que el sanchismo considera un facha, sino al Guerra que no sabía usar la pala del pescado. Al descamisado. Si se lo preguntan, muchos descubrirán que el Alfonso facha y el descamisado piensan lo mismo. Pues eso es tener principios.
La gente poderosa se puede permitir el lujo de ser fiel a sus principios. Como ella misma aconseja, se puede permitir el lujo de decir que no. También es posible que Montero no tenga principios, o los tenga volubles como Groucho Marx. Pero que no dude de que, si hubiera sabido decir que no, a lo mejor ahora no era la candidata en Andalucía, pero sus paisanos las percibirían como esa mujer poderosa que dice ser.
Perder Extremadura es dramático para el socialismo por la importancia de esa plaza para el PSOE. Perder en Aragón puede ser doloroso, y hacerlo en Castilla y León un incordio que se puede explicar. Pero caer derrotado con estrépito en la Andalucía que hizo grande al partido al que representas es la muestra extrema de que el jamón está en el hueso.
Para Sánchez una derrota aplastante de Montero es su puntilla y su culpa, porque a ninguno de sus candidatos les permitió que le dijeran que no.
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