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Tras su regreso, el piloto español es consciente de que lo que la gente ve de él "va más allá de las carreras" .
El regreso de Marc Márquez (Cervera, 1993) tras su durísima lesión tuvo forma de epopeya. No tanto por lo que se vio, sino por lo que estuvo cerca de no volver a verse. El telón amagó con bajar antes de tiempo. Pero no lo hizo. Y cuando volvió, lo hizo por la trazada que conoce: compitiendo y ganando.
El título de MotoGP que logró la temporada pasada con el Ducati Lenovo Team (el séptimo de su carrera de un total de nueve) no solo le ha devuelto al centro del escenario de la competición. También ha reordenado el relato. Porque cuando el campeón vuelve a serlo, la presión no desaparece: cambia. Los rivales aprietan, la parrilla se alborota y el foco regresa, inevitablemente, al origen.
Y, sin embargo, el motor interno que mueve a Marc Márquez no ha cambiado. ¿O sí?
"Uf... buena pregunta. Lo que realmente me corre por las venas es la competición pura. La gente piensa que lo que más me mueve son los títulos, pero la verdad es que no. Los títulos son la consecuencia, no el octanaje. Eso es lo que me engancha desde pequeño", asegura en una entrevista en exclusiva con EXPANSIÓN.
Después viene la pasión. "Si no te apasiona esto, no aguantas los días malos, las lesiones, los sacrificios... y ya sabes que de eso he tenido unos cuantos. La pasión es lo que te hace volver, pero la competición es lo que te hace apretar".
¿Y las ganas de títulos? "Sí, están ahí. Siempre estarán. Soy competitivo, y quien diga que no piensa en ganar miente un poco. Pero no es el motor principal. El motor es salir a pista, sentir la moto moverse, buscar el límite y como he dicho muchas veces, disfrutar".
Ese equilibrio -competir por instinto, ganar como consecuencia- define su presente.
"Cuando bajas la pantalla por última vez... ahí se acaba todo lo de fuera. Solo estás tú, la moto y el semáforo. Es un momento de concentración absoluta", apunta. Un instante en el que intenta no pensar demasiado, "me centro en la respiración, en sentir el embrague... lo básico", aunque reconoce que hay un pensamiento que siempre vuelve: "Haz lo que sabes hacer".
Porque, al final, "después de toda la semana, de los datos, de las reuniones... lo que toca es confiar en ti, en el trabajo del equipo y en que la primera curva no sea un caos". Y cuando llega el momento, no hay margen: "La luz roja se enciende y ya está, ahí solo estás esperando que se apague y que empiece el lío".
Tiempo
No como límite inmediato, pero sí como conciencia, el tiempo introduce otra lectura.
"Cada año que pasa es uno menos para disfrutar de lo que me ha dado todo en la vida. Eso lo tengo muy claro, pero mientras me levante con la ilusión de ponerme el mono y sentir la moto, aquí seguiré", afirma Márquez, que en un escenario ideal tiene claro cómo le gustaría cerrar el círculo: en pista.
"Un piloto de verdad se despide donde ha vivido todo: ahí dentro, compitiendo, apretando, sufriendo y disfrutando. Ver que las nuevas generaciones te pasan, que tú sigues intentándolo... eso también forma parte del deporte. Y es bonito, aunque duela un poco".
Pensar en el futuro, sin embargo, le lleva a otro terreno.
"Puf... si ahora tuviera que dibujar un boceto de mi vida dentro de 20 años, me saldría un garabato raro, porque lo mío es más la moto que el lápiz. Pero sí tengo claras algunas cosas. Me gustaría verme feliz. Suena muy tópico, pero es así. Feliz y tranquilo, que es algo que durante mi carrera no siempre he podido ser".
Se ve cerca de los suyos. "Me imagino viviendo cerca de mi gente, con mi familia, y ojalá con la salud que a veces damos por hecha hasta que la perdemos". Y ligado, de una forma u otra, al motociclismo.
"Me gustaría seguir vinculado de alguna manera. No sé si desde un muro, ayudando a jóvenes, o simplemente disfrutando como aficionado... pero no me veo lejos de este mundo. Es parte de mí desde que tengo uso de razón".
Hay algo, sin embargo, que sí dejaría fuera de ese dibujo:
"La presión constante. Esa sensación de que todo depende de un resultado, de una curva o de una décima. Eso sé que algún día tendrá que quedarse atrás. La vida tiene etapas, y me gustaría saber cerrar una para abrir otra con la misma ilusión".
Familia
Ahora intenta que "el Marc de fuera del circuito" gane espacio. "Estar con la familia, con los amigos, desconectar... eso te equilibra. Te ayuda incluso a ser mejor piloto".
En este plano aparece su hermano, Álex. Apoyo constante y, al mismo tiempo, rival potencial.
"Con Álex siempre digo lo mismo: lo que gane él lo disfruto casi más que lo mío. Sé todo lo que ha trabajado y lo que ha pasado para llegar ahí".
Si llegara el título de MotoGP -"que ojalá"- le gustaría vivirlo desde dentro: "Batirme con él, pelear rueda a rueda... Somos hermanos, pero cuando bajas la visera, los apellidos dan igual".
Aunque también contempla la otra cara: "Si me toca verlo desde el otro lado del muro, tampoco pasa nada. A veces disfrutar las cosas con un poco de distancia te permite saborearlo más... lo importante es que lo consiga, esté yo donde esté. Y cuando llegue ese momento... ya me encargaré yo de celebrarlo como toca".
Su regreso también le ha colocado en otro lugar, más allá del deporte.
"Cuando volví después de todo lo que pasó, de las operaciones, de los momentos duros... ahí es cuando me di cuenta de que lo que ve la gente de ti va mucho más allá de las carreras. Al principio me sorprendía, porque yo solo intentaba hacer lo que he hecho toda la vida: luchar, equivocarme, volver a intentarlo y, si podía, sonreír un poco en el proceso".
Ese impacto también se mide en lo cercano. En casa, incluso. Mi mujer, por ejemplo, ha hecho suyo ese "sigue tu instinto" o el "si te paran los pies, te salen las alas" como una forma de enfrentarse a sus propios retos.
"Cuando ves que un niño, una niña... o incluso un adulto, como tu mujer, se queda con un mensaje, con una frase... ahí entiendes que el impacto es diferente. Y sí, claro que lo siento como una responsabilidad, porque no quieres fallarles. No en resultados, sino en valores".
Pero también como orgullo: "Que alguien haga suyo ese 'sigue tu instinto' o ese 'si te paran los pies, te salen las alas'... eso no tiene que ver con ganar o perder, tiene que ver con la vida. Con levantarte cuando toca y con ser valiente cuando parece que no puedes serlo".
Pero Márquez no pierde el norte. "Yo no me levanto cada día pensando en ser ejemplo de nadie, sería demasiada presión. Pero sí intento ser coherente conmigo mismo".
Muchas preguntas
Después de tantos años, hay preguntas que ha escuchado demasiadas veces, pero si tiene que elegir una, lo tiene claro: "¿Volverás a ser el de antes?". Ahora es él quien me devuelve pregunta: "¿Qué es ser el de antes?".
"La gente se queda con una versión idealizada, con el piloto invencible, el que caía y se levantaba sin consecuencias. Y mi carrera, como la de cualquiera, evoluciona. He tenido años increíbles y también años muy duros... y todos forman parte de quién soy ahora".
En el otro lado de la balanza, ¿qué no le preguntan a Marc Márquez y le gustaría contestar?
"Esta no me la hacen y estaría bien que a veces alguien la soltara... porque siempre hablamos de motos, de lesiones, de resultados, del futuro... y al final parece que solo exista el piloto".
Más por la persona, dejar al piloto en el 'paddock'. "Qué me hace feliz de verdad, qué me preocupa fuera del casco... porque ahí es donde puedes explicar que hay una vida detrás", Marc adelanta al piloto.
"Porque ahí es donde puedes explicar que hay una vida detrás, que también tengo miedos, ilusiones, momentos de duda y cosas que me motivan más allá de un campeonato.
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