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Marek Hlasko, rebelde de nacimiento

Marek Hlasko, rebelde de nacimiento
Artículo Completo 731 palabras
Roman Polanski definiría al genial 'enfant terrible' de las letras polacas de los años 50 y 60, Marek Hlasko (Varsovia 1934 – Wiesbaden, Alemania, 1969) como «un escritor autodidacta y superdotado, rebelde de nacimiento». Conductor de camiones antes de dedicarse a la escritura, comparado en su día con Jack Kerouac ; con la generación británica de los años 50, llena de ira, de los 'Angry Young Men' o, también, con el inconformista y feroz talento que fue el poeta galés igualmente malogrado muy pronto, Dylan Thomas, cuya extrema lucidez a menudo se vio igualmente empapada en alcohol, Hlasko sería una de las grandes y míticas figuras de aquellos años. Su vida tormentosa, sus vagabundeos, escándalos e internamientos en psiquiátricos no harían más que hacer crecer su leyenda a cada paso.Narrativa 'El siguiente en el paraíso' Autor Marek Hlasko Editorial Automática Año 2026 Páginas 272 Precio 22 euros Valoración **** Tras el famoso Levantamiento de Varsovia contra los alemanes , una vez acabada la guerra se iría a vivir en 1946 a la ciudad de Wroclaw. Más tarde, aprovechando una beca se escaparía del régimen comunista, instalándose primero en París, pero recorriendo luego varios países europeos, Israel (donde transcurrirían varias de sus obras, como su excéntrica novela negra 'El segundo perro', ambientada en Tel Aviv, publicada por Malpaso) o Los Ángeles, donde acudiría llamado por su admirador Polanski, para escribir guiones. Otra de sus grandes obras sería 'El octavo día de la semana' (Automática). La cruda y descarnada novela 'El siguiente en el paraíso', de 1958, bañada a cada paso por un humor negro y desencantado, pespunteado de amargos y sombríos sarcasmos, está ambientada en la época de glorificación del comunismo en Polonia, «que por fin los ha hecho libres». Noticia relacionada general No No Libros 'La serpiente', de Stig Dagerman, una obra maestra pacifista Mercedes MonmanyLa acción se desarrolla en una especie de desolado y perdido 'no-land', en una base maderera aislada de todo, rodeada de bosques y cumbres, en los montes del sur del país. Allí, un grupo de hombres «exhaustos, muertos de frío, con grandes bloques de nieve que se pegan a sus botas» transportan cada día madera en camiones desvencijados, mientras luchan por carreteras al borde de abismos, jugándose la vida. Cuando llega la primavera los barrancos, adornados por flores rojas y una hierba perfumada, ofrecen el aspecto de «un precipicio rojo». A veces, «en unos parajes donde no hay más que madera, carretera y lobos», se cruzan con grupos de guardias de frontera, bramando canciones del ideario heroico y socialista : «Nuestro Partido, que aplasta al fascismo/ nuestro Partido, herramienta del pueblo/ ha de llevarnos hasta el socialismo/ con paso victorioso». Al oírlo, uno de los obreros comentará asqueado, en voz baja: «Hay que jorobarse». La acción se desarrolla en una especie de desolado y perdido 'no-land', en una base maderera aislada de todoTodos odian el lugar y querrían vagamente escapar, aunque se ven atrapados en ese 'paraíso' agreste y solitario, que hace las veces de una cárcel «lejos de Varsovia, de la gente, de la ciudad». Un día, todos asisten a la fiesta del Primero de Mayo, en honor de todos ellos, los obreros, que tendrán que pronunciar solemnes discursos de alegría y compañerismo por la vida que llevan, mientras unas gigantescas pancartas lucen enormes retratos «de un hombre con bigote y una mirada bonachona». Una enorme tristeza y una ira sofocada los envuelve a todos, impidiendo ver el cielo. Cuando el camarada y miserable «hombre del Partido» le pregunte a Warszawiak, uno de los hombres del grupo, «si le gustan las estrellas», éste responderá: «Las odio. En realidad, no hay estrellas en el cielo. Las inventaron canallas como tú, para que la gente tuviera algo con lo que torturarse».

Roman Polanski definiría al genial 'enfant terrible' de las letras polacas de los años 50 y 60, Marek Hlasko (Varsovia 1934 – Wiesbaden, Alemania, 1969) como «un escritor autodidacta y superdotado, rebelde de nacimiento».

Conductor de camiones antes de dedicarse a la escritura, comparado ... en su día con Jack Kerouac; con la generación británica de los años 50, llena de ira, de los 'Angry Young Men' o, también, con el inconformista y feroz talento que fue el poeta galés igualmente malogrado muy pronto, Dylan Thomas, cuya extrema lucidez a menudo se vio igualmente empapada en alcohol, Hlasko sería una de las grandes y míticas figuras de aquellos años. Su vida tormentosa, sus vagabundeos, escándalos e internamientos en psiquiátricos no harían más que hacer crecer su leyenda a cada paso.

Tras el famoso Levantamiento de Varsovia contra los alemanes, una vez acabada la guerra se iría a vivir en 1946 a la ciudad de Wroclaw. Más tarde, aprovechando una beca se escaparía del régimen comunista, instalándose primero en París, pero recorriendo luego varios países europeos, Israel (donde transcurrirían varias de sus obras, como su excéntrica novela negra 'El segundo perro', ambientada en Tel Aviv, publicada por Malpaso) o Los Ángeles, donde acudiría llamado por su admirador Polanski, para escribir guiones. Otra de sus grandes obras sería 'El octavo día de la semana' (Automática).

La cruda y descarnada novela 'El siguiente en el paraíso', de 1958, bañada a cada paso por un humor negro y desencantado, pespunteado de amargos y sombríos sarcasmos, está ambientada en la época de glorificación del comunismo en Polonia, «que por fin los ha hecho libres».

'La serpiente', de Stig Dagerman, una obra maestra pacifista

La acción se desarrolla en una especie de desolado y perdido 'no-land', en una base maderera aislada de todo, rodeada de bosques y cumbres, en los montes del sur del país. Allí, un grupo de hombres «exhaustos, muertos de frío, con grandes bloques de nieve que se pegan a sus botas» transportan cada día madera en camiones desvencijados, mientras luchan por carreteras al borde de abismos, jugándose la vida. Cuando llega la primavera los barrancos, adornados por flores rojas y una hierba perfumada, ofrecen el aspecto de «un precipicio rojo».

A veces, «en unos parajes donde no hay más que madera, carretera y lobos», se cruzan con grupos de guardias de frontera, bramando canciones del ideario heroico y socialista: «Nuestro Partido, que aplasta al fascismo/ nuestro Partido, herramienta del pueblo/ ha de llevarnos hasta el socialismo/ con paso victorioso». Al oírlo, uno de los obreros comentará asqueado, en voz baja: «Hay que jorobarse».

La acción se desarrolla en una especie de desolado y perdido 'no-land', en una base maderera aislada de todo

Todos odian el lugar y querrían vagamente escapar, aunque se ven atrapados en ese 'paraíso' agreste y solitario, que hace las veces de una cárcel «lejos de Varsovia, de la gente, de la ciudad». Un día, todos asisten a la fiesta del Primero de Mayo, en honor de todos ellos, los obreros, que tendrán que pronunciar solemnes discursos de alegría y compañerismo por la vida que llevan, mientras unas gigantescas pancartas lucen enormes retratos «de un hombre con bigote y una mirada bonachona».

Una enorme tristeza y una ira sofocada los envuelve a todos, impidiendo ver el cielo. Cuando el camarada y miserable «hombre del Partido» le pregunte a Warszawiak, uno de los hombres del grupo, «si le gustan las estrellas», éste responderá: «Las odio. En realidad, no hay estrellas en el cielo. Las inventaron canallas como tú, para que la gente tuviera algo con lo que torturarse».

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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