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MariscadasYo los casos de corrupción no me los creo hasta que no veo la foto de una mariscada en condiciones
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26/05/2026 a las 00:01h.Yo los casos de corrupción no me los creo hasta que no veo la foto de una mariscada en condiciones. No se puede celebrar un ... negociete de los buenos tomando sopas de ajo en un bar de carretera, aunque paren muchos camioneros y el menú del día incluya el vino y la gaseosa. Tampoco es cuestión de ir a un restaurante con estrellas Michelin; sería algo demasiado sofisticado y limpio, con esas raciones minúsculas servidas en platos de diámetros imposibles. Uno no puede soltarse la melena, contar chistes verdes y cantar rancheras comiendo, qué sé yo, pithivier de morrillo de atún micuit con su juguito de espinas. Podría caber, dadas las circunstancias, el recurso al restaurante étnico, de arepas, cachapas y tequeños, aunque esa imagen, sabrosa pero pobretona, luciría poco en un sumario judicial y no daría para abrir telediarios, salvo que Koldo tirara de agenda y consiguiera un par de mulatas. En las mariscadas, sin embargo, hay algo muy nuestro, de pueblo que vivía en la miseria hasta hace nada y en cuya memoria genética langostas, ostras y percebes habitan un firmamento anhelado pero de difícil acceso. El toque de nuevo rico se completa cuando uno desprecia el albariño y ordena champán francés. Mucho me extrañaría que no anduvieran por ahí esperando su turno unos habanos de medio metro.
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