La periodista, que toma el relevo de Rafa Latorre al frente de la actualidad nocturna de Onda Cero, reflexiona sobre cuestiones como el reto de informar en la era de los algoritmos, la vivienda, la defensa europea y la inigualable cercanía de la radio.
Créditos Texto Elena Pérez Fotografía Esteban Palazuelos Vídeo Eva Calzadilla Estilismo Mapi Vidal Asistente de estilismo Lucía Atencia Maquillaje Rebeca Trillo-Figueroa para YSL Beauty Producción Lola Cuevas Fecha de publicación:10 noviembre 2024, 1:06h
Actualizada:24 noviembre 2024, 21:32h
Dice Marta García Aller que sus amigos están acostumbrados a que les use como sujetos de estudio. Están tomando algo, hablando de cualquier cosa y, de repente, ella pone esa cara. “Esto lo vas a usar para algo”, sospechan.
Sus hermanas le recuerdan que menos mal que la comparten con el resto del mundo, porque "con lo que me gusta hablar, en casa no habría quien me aguantara". Ella se ríe. Pero luego, efectivamente, es capaz de convertir una conversación de barra de bar, una moda particular o una frase captada al vuelo en una reflexión sobre cómo vivimos.
A esta periodista de raza le interesa todo. La política, claro. La economía, que fue durante años su escuela para explicar asuntos complejos sin que el personal salga corriendo. Pero también los fenómenos sociales.
Ante los micros es posible escucharla debatiendo sobre si los likes son la droga de la soledad moderna o las claves del catolicismo cool, entre otras muchas cuestiones. García Aller, que ha estudiado y vivido entre Inglaterra, República Checa, Italia, Francia y Bélgica, tiene claro que los españoles no somos tan especiales. Ni para lo bueno ni para lo malo.
Columnista de El Confidencial, colaboradora en Antena 3 y La Sexta y autora de libros como La generación precaria y Años de perro, lleva tiempo siguiendo las pistas de un mundo que cambia cada vez más deprisa. En su último tomo repasa aquellos años en los que han sucedido cosas hoy normalizadas, pero que antes habrían parecido imposible: pandemias, guerras, redes, inteligencia artificial y la sensación de abrir los ojos cada mañana y no tener ni idea de qué incendio tocará apagar.
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Ahora, además, le toca ponerse al frente de La Brújula. La rentrée viene acompañada de nuevo mandato, pues desde el 31 de agosto releva a Rafa Latorre en el programa nocturno de Onda Cero, después de que él lo haya dejado en máximos de audiencia para pasar a Más de uno.
Top de Simorra, pantalones de Fracomina My Cossy67 y zapatos de HumeGarcía Aller llega con la responsabilidad de recoger un formato muy rodado y con ganas de regalarle su mirada: disputas políticas, tecnología, cambios sociales, cultura y todo lo que dé de sí un día que, últimamente, suele dar bastante.
Hablar con Marta tiene una pega: termina una sin saber cómo titular. En esta entrevista, organizada en el Hyatt Regency Hesperia de Madrid, ha dado frases sobre vivienda, bulos, Europa, populismos, igualdad, radio y la manía de los políticos de no admitir una sola virtud en el rival ni aunque se la pongan delante.
Repite palabras como 'desinformación', 'real', 'falso' y 'fascinante'. Al final, todo va un poco de eso: de lo bello que puede llegar a ser el ejercicio de ayudarnos a entender qué demonios está pasando antes de que nos dé igual distinguir la verdad de cualquier otra cosa.
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Vivimos un momento de cambios en las redacciones, en la era del algoritmo. ¿Qué debe hacer hoy un buen periodista para no volverse irrelevante?
Igual que ocurrió con internet, en el oficio se está viendo un antes y un después de la inteligencia artificial. A veces nos planteamos si el trabajo del periodista va a desaparecer, pero creo que es exactamente al revés: lo que debemos preguntarnos es cómo está cambiando la manera en que la audiencia nos presta atención y consume las historias.
El oficio es el mismo que era en el siglo XX e incluso en el XIX, que es contarle a la gente lo que está pasando y, a veces, también entretenerla por el camino. Ahora, con la IA, hay un desafío para los informadores y la ciudadanía: diferenciar lo que es real de lo que no. Nuestro trabajo será más importante que nunca en la era de los algoritmos, porque hay una saturación de contenidos y un desconcierto enorme.
Hablando de nuevos retos, desde el 31 de agosto dirigirás La Brújula, el programa nocturno de Onda Cero.
Será un gran día. El estreno de la nueva etapa de un programa que lleva más de tres décadas existiendo. La Brújula era mi espacio favorito antes de trabajar en la radio. Cuando lo dirigía Carlos Alsina hace 20 años, lo escuchaba y soñaba con hacer lo mismo. Por aquí han pasado profesionales emblemáticos, desde Concha García Campoy hasta David del Cura y Rafa Latorre, que me deja el enorme desafío de asumir el formato en un récord de audiencia tras un trabajo extraordinario.
Estar al frente en esta franja tan cercana, de 19:00 horas a 23:30 horas, momentos en los que volvemos del trabajo en coche o transporte público y tenemos ese rato para estar para estar con nosotros mismos y enterarnos de lo sucedido a lo largo del día antes de irnos a dormir. Es un instante importante tanto en lo informativo, por el reto de explicar la actualidad, como para estar presentes. La radio es información, pero, sobre todo, es compañía.
Rafa Latorre ha dejado una impronta muy personal en el programa. ¿Qué identidad propia y qué nuevos enfoques vas a aportar a esta nueva etapa de La Brújula?
Todos aportamos nuestra mirada y las ganas de pasarlo bien, que es clave. A diferencia de la imagen que te puede engatusar con otros mensajes, la voz es transparente y transmite si estás teniendo un buen día y si te crees lo que dices. Eso es algo que Rafa ha hecho de una manera extraordinaria. Él y yo somos amigos y tenemos diferentes formas de interpretar las cosas. Cada uno, como diría él, tiene sus neuras y al final es con lo que uno llega a los demás.
A mí me interesa la política, llevo muchos años escribiendo sobre ella, pero también me apasiona la economía. Va a ser una parte importante del programa. También hay cambios sociales y tecnológicos que a mí me resultan fascinantes, así como los eventos culturales. En cuatro horas y media hay tiempo de hablar desde el deporte hasta las últimas novedades de la inteligencia artificial, pasando por la Audiencia Nacional.
Top de Pull&Bear, pantalones de H&M Studio y zapatillas de HOFF"Creemos que lo que pasa en España no sucede en ningún sitio, pero no somos tan únicos"- Marta García Aller
Marta ha hecho su pequeña revolución feminista en La Brújula. Ha incorpora mucho talento femenino con “periodistas a las que admiro mucho, como Olga Viza y Nativel Preciado”. Y se incorporan a la tertulia Gemma Martínez, directora de El Periódico y María Llapart, cronista parlamentaria de La Sexta. Además de Clarisa Sekulits, experta en educación financiera y Macarena Muñoz, periodista de Bloomberg, que llegan a reforzar La Brújula de la Economía.
Decía antes uno de nuestros compañeros que la voz de locutora no te abandona ni en la sesión de fotos. Una es periodista las 24 horas del día.
[Ríe] La verdad es que sí. Para los que nos apasiona contar lo que pasa, es un privilegio tener un micrófono delante y que encima nos paguen por ello. Eso no se cambia.
¿Eres capaz de desconectar en algún momento? Al fin y al cabo, convives con una faceta que constantemente analiza fenómenos sociales y luego acaba escribiendo sobre ellos.
Puedo estar tomando algo en un bar con amigos, que estos noten que me cambie la expresión y me digan: “Esto lo vas a usar para algo”. El periodismo no es sólo contar la última noticia del Congreso de los Diputados, que también, sino prestar atención a lo que nos pasa en la familia, en el trabajo, al enamorarnos… Procesamos cambios continuamente y esta es una época fascinante que contar.
Por eso, no sólo hay que prestar atención al periódico de la mañana; cuantos más puntos de vista incorporemos, mejor. Leo mucha prensa internacional porque ayuda a poner en perspectiva la actualidad española. A veces nos creemos el centro del mundo y pensamos que lo que ocurre aquí no pasa en ningún sitio; conviene leer más sobre lo que sucede fuera para darnos cuenta de que no somos tan únicos.
En tu libro Años de perro analizas cómo a menudo no nos damos cuenta de estar viviendo momentos históricos trascendentales, o cómo magnificamos otros que acaban en el olvido. ¿Cómo surge esta reflexión?
Escribí varios libros sobre el futuro y las grandes tendencias tecnológicas, pero me di cuenta de que lo vertiginoso no era mirar hacia adelante, sino hacia atrás. Hace diez años del Brexit y del primer mandato de Donald Trump. Multitud de cosas que hoy nos parecen normales habrían sido extraordinarias como una película de ciencia ficción hace apenas una década.
Ahora convivimos con lo inverosímil con una cotidianidad pasmosa y creo que este es uno de los mejores termómetros de cómo la vida está cambiando sin que nos demos cuenta. Con Años de perro la idea era analizar el pasado y ver de dónde venimos. Eso nos ayuda a ser optimistas al comprobar nuestra capacidad de adaptación. Eso tiene su lado bueno y malo, porque a veces, de tan rápido que lo hacemos, perdemos la perspectiva y naturalizamos cosas que deberían seguir siendo extraordinarias.
Los populismos son un gran ejemplo de eso. Por frecuente que sea que los políticos se falten al respeto, no debemos aceptarlo. Por habitual que sea que los medios de comunicación metan cizaña en el conflicto para enfadar a la opinión pública en vez de ayudar a entender mejor lo que pasa, tampoco debemos legitimarlo. Hay que seguir escandalizándose por las cosas que no deberían ser normales.
Si piensas en acontecimientos que hayan marcado el rumbo de la historia pero que hemos dejado en la trastienda, ¿qué te viene a la cabeza?
El Brexit fue uno de esos canarios en la mina que nos pusieron sobre aviso. Antes veíamos a líderes como Boris Johnson o Donald Trump como algo excéntrico, y han pasado a ser la norma. A veces los grandes cambios fueron excepciones que se consolidaron. Luego hay otros que creíamos que venían para quedarse y resultaron fugaces: con el 15M y el surgimiento de Ciudadanos y Podemos pensábamos que el bipartidismo había terminado, y luego el bipartidismo acabó con ellos.
En Años de perro se recuerdan momentos muy interesantes, como cuando parecía que Albert Rivera iba a ser el presidente del Gobierno y que no había marcha atrás. De repente llegó una moción de censura que lo cambió todo. Hace ya ocho años de aquello y, sin embargo, fíjate el mundo y la política a la que dio lugar. Es un camino que podría haber sido de otra manera.
¿Qué lectura haces de los últimos pasos de España y la Unión Europea para regular el acceso de los menores a las redes sociales y poner coto a la desinformación?
Desde el Gobierno se ha dicho que se iban a hacer muchas cosas, pero luego no se ha materializado en casi nada concreto. La mayor parte de las directrices que intentan proteger a la ciudadanía de la desinformación colisionan de manera compleja con la libertad de expresión. Creo que Europa está siendo valiente al intentar acotar lo que a veces se disfraza como libertad de expresión pero en realidad es vía libre para la desinformación.
A las plataformas les interesa que consumamos contenido. Cuanto más, mejor. Está demostrado en informes, y muchos extrabajadores de grandes redes lo dicen, que las compañías saben que pueden llegar a ser perjudiciales. Es un caso evidente de desprotección. ¿A qué otro generador de contenidos, cadena de televisión o radio se le permitiría hacer algo activamente dañino para los niños sin ponerle coto?
Es un terreno muy complicado, pero tenemos que abrir un debate público sobre cómo regularlo mejor. Creo que la desregulación total no es realista, porque en otros canales de comunicación no se aplica. La libertad de expresión es fundamental y es sagrada, pero no puede ser el salvoconducto para erosionar la salud mental de los menores, y en algunas ocasiones lo está haciendo.
Top de H&M Studio con falda de Bimba y LolaAterrizando en la política nacional, ¿cómo evalúas el momento que vive España en este 2026?
Es un septiembre fascinante en el plano informativo. Empezar ahora La Brújula con la actualidad tan candente en España, donde cualquier cosa puede pasar en cualquier momento y con la tensión constante sobre cuándo se hará una convocatoria electoral o a quién imputarán hoy, es muy especial. Y también desde el punto de vista de la ciudadanía, porque aunque haya una desafección creciente a las noticias, también hay una necesidad mayor de saber qué está pasando.
Ese es el desafío de los periodistas: contar las cosas de manera que interesen y se entiendan. A veces olvidamos que la gente no dispone de tiempo para estar al tanto de la letra pequeña del último sumario de la Audiencia Nacional. Pero en algún lugar de nuestro cerebro, nos interese o no la información política o económica, todos queremos conocer los temas que influyen en nuestra familia, trabajo o hipoteca.
El problema de la vivienda sigue en el centro del debate. Hace 20 años publicaste La generación precaria. ¿Cómo analizas la evolución de esta crisis?
En ese primer libro que escribí había un capítulo sobre este problema y sobre cómo los jóvenes de aquel momento sentíamos que atestiguábamos una quiebra del contrato social. La idea de esforzarte en los estudios para tener trabajo no te garantizaba un hogar. Aquello entonces era novedoso, la primera vez en que la brecha entre los salarios de los titulados y el acceso a la vivienda se hacía tan evidente.
En 2006 no se había producido el estallido de la burbuja y había gente con muy buenos sueldos, por ejemplo, si se dedicaba a la construcción. Ahora cuesta creerlo porque eso sí que ha cambiado mucho. Pero esto sigue igual. Por eso ahora, cuando el Gobierno dice que quiere solucionarlo, es normal que cunda el descrédito. Hace ocho años que lo tenemos y puede decir que esto es competencia de las comunidades, pero en Madrid hace más de 30 años que gobierna el mismo partido.
¿De verdad no han tenido tiempo de ponerse de acuerdo en un plan? Hace dos décadas, el problema ya se veía venir y parecía que sería algo episódico, pero no ha hecho más que agravarse. Si las administraciones no se entienden entre sí, no lo solucionarán nunca. Creo que hace falta poner mucho empeño en la indiferencia para haber dejado que el acceso a la vivienda se convierta en algo tan complicado en un país como este.
¿La polarización ideológica bloquea soluciones?
Se ha puesto más empeño en culpar al rival que en resolver la crisis de la vivienda. España ha dejado de ser un país de propietarios para serlo de mayores de 45 años. El problema real es la falta de acceso, lo que quiebra la meritocracia y el contrato social: todo depende de si tu familia te puede ayudar con la entrada o el alquiler.
Mucho talento se queda sin prosperar ni estudiar lo que querría porque no puede pagarse un piso, afectando a la esencia de cualquier proyecto de vida y a la propia natalidad. Existe una miopía ideológica en todos los partidos al creer que la respuesta está en su ideología y que el de enfrente no tiene ni una sola idea aprovechable. Como no se busque un consenso pronto, esto va a explotar.
La carga de los cuidados sigue recayendo sobre las mujeres. En 2026, ¿sigue siendo ineludible abordar la igualdad en la agenda mediática?
Hay muchas razones para seguir hablando de cambios sociales, empezando porque no hemos alcanzado una paridad real. Afortunadamente, en lo legislativo se ha vivido una revolución en los últimos 20 o 30 años, pero en la vida cotidiana persisten sesgos que no se corregirán si no se muestran.
Los cuidados son un ejemplo: sostienen el país, pero siguen sin ser reconocidos como pilar fundamental. Hay que hablar de ellos, de la brecha salarial y de la diferencia de poder que se observa en el IBEX 35. Nuestra labor es contar lo que queda pendiente de hacer sin ser pesimistas, porque se ha logrado mucho. Aunque existan sectores interesados en desmerecer el trabajo por la igualdad, tenemos camino por recorrer.
¿Crees que en los medios se ha alcanzado la igualdad?
A la sociedad aún le queda mucho por avanzar y nosotros, como espejos que somos, lo reflejamos. No es una buena noticia ser la única periodista al frente de una franja informativa tan relevante como la nocturna; refleja la falta de nombres femeninos en lugares de decisión. Las redacciones y las universidades están llenas de ellos y somos la mitad de la población: ¿por qué no ocupamos la mitad de los puestos de poder?
Hace 20 años nos decían que esto era cuestión de tiempo, pero los cambios sociales no son lineales. No es normal que haya tan pocas mujeres al frente de las grandes compañías o de los grupos políticos. Miramos a los medios de comunicación, pero debemos poner la atención también en los partidos.
Vestido de Susmies"Los populismos ofrecen soluciones fáciles, a menudo falsas, a problemas tremendamente complejos"- Marta García Aller
¿Cómo ha enriquecido tu capacidad de análisis el haber pasado por el extranjero?
Gracias a una beca estupenda hice un máster que me llevó a estudiar en Inglaterra, la República Checa e Italia. Viví en Bruselas trabajando en la Comisión. Hice mi Erasmus en París. Toda esa experiencia me enseñó lo europeos que somos y me ayudó a entender que problemas que creemos típicamente españoles –como la corrupción, los populismos o la incapacidad para dimitir– lamentablemente ocurren en muchas partes.
La mirada exterior ayuda a poner en perspectiva la transversalidad de los cambios y de la incertidumbre que vivimos. Hay desafíos compartidos y distintas soluciones en marcha en otros países de las que podemos aprender. Por eso la información internacional tiene que estar muy presente en La Brújula: para analizar qué funciona fuera y qué no.
En el plano europeo, el gran debate actual es la defensa y la seguridad. ¿Qué papel debe jugar España?
Hay una atención enorme a esto que no habríamos entendido sin la invasión rusa de Ucrania. A los europeos nos recuerda lo cerca que estamos de que todo cambie de la noche a la mañana. No basta con aumentar el gasto en defensa –es el titular fácil–, sino con pactar una política coordinada, porque tener 27 ejércitos no es práctico. Tampoco ayuda tener a un secretario general de la OTAN sometido a un presidente de EEUU que no cree en la Alianza. Nos hemos acostumbrado a vivir en la inestabilidad.
La UE afronta el reto de lograr su autonomía de defensa, energética y financiera, pero no estamos en el mejor momento para lograr consensos cuando formaciones euroescépticas como la de Le Pen en Francia o la AfD en Alemania encabezan las encuestas. Aunar esfuerzos es más necesario que nunca ante la amenaza de Putin o la guerra arancelaria de Trump. Todo esto requiere grandes consensos y no caer en la trampa de los populismos, que ofrecen soluciones fáciles, a menudo falsas, a problemas tremendamente complejos.
Fuera del periodismo, Marta García Aller dedica su tiempo libre a…
A los libros que la actualidad me va dejando en la mesilla, a compartir sobremesas con amigos, a estar con la familia y a viajar. Ahora disfruto de Polis y cacos, una novela de Paloma Bravo sobre las etiquetas de la infancia. La autora se pregunta hasta qué punto somos capaces de deshacernos de los clichés que nos asignaron. Estoy leyéndola por gusto y, sin embargo, ya estoy pensando en cómo transformarla en un contenido interesante para el programa.
Si tuvieras una máquina del tiempo, ¿qué momento histórico te habría gustado cubrir?
No hay uno más fascinante que el presente, lo que pasa es que nos falta perspectiva para ponerle la épica, para saber si Hemingway llegó a convertirse en mito. Hoy el reto del periodismo no es sólo estar para contar la noticia, sino ayudar a comprenderla, abrirse paso y decir: “Mira, has tenido un día complicado, a lo mejor no sientes que lo necesites para acabar el día, pero te voy a convencer de que sabiendo qué ocurre, descansarás mejor porque sabrás por dónde te puede venir mañana el día”.
Marta, desvélanos el secreto. ¿Qué tiene la radio que tanto enamora a periodistas y a oyentes?
La intimidad. Tienes a alguien que te transmite emociones y te ayuda a alejarte de las pantallas. Puedes estar en un atasco sin sentir que pierdes el tiempo porque estás pasando un buen rato escuchando tu programa. La radio es uno de los medios que mejor están navegando por la digitalización y la IA, porque una voz humana contándote al oído lo que pasa es muy especial. Hay algo que noto en quienes me reconocen por estar en la televisión frente a quienes me escuchan en la radio: la primera permite que te reconozcan, aunque te vean con distancia; la segunda, que te conozcan.
Agradecimientos especialesAl Hyatt Regency Hesperia Madrid.
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