Hace tres semanas, el 26S, el desahucio de Maricarmen Abascal prendió la lucha social por el acceso de la vivienda digna. Este miércoles por la noche, la pequeña ciudad de tiendas de campaña de la Puerta del Sol levantada desde entonces lloraba su fallecimiento en el Hospital Gregorio Marañón.
Su desahucio fue el "detonante", como explica Dayana, de 22 años, del despertar de una conciencia que ahora ha de "radicalizarse y moverse". A la sangre en ebullición que ya les alimentaba, se sumó la rabia, y en cuestión de minutos varios centenares de personas marcharon hacia el Congreso para señalar a sus enemigos: el Gobierno, la clase política y los rentistas. "Rentistas, vosotros sois los terroristas", coreaban antes de chocar con un "¿Dónde está el Gobierno progresista? ¡Cómplices!".
La cólera no necesitó tiempo para asentarse y se les atropellaba en las gargantas. Una consigna se comía a la siguiente y, apenas había espacio entre las palabras, para que el eco devolviera el clamor. "No son muertes, son asesinatos", gritaban en su retahíla sentenciadora.
Centenares de personas se reúnen frente al Congreso tras la muerte de MaricarmenCANDELA IBÁÑEZ / LUIS BLASCO (Vídeo)"Esto va más allá de la tendencia política de cada uno", sostiene Aroa, de 27 años. Vive en el único piso de alquiler de un bloque rodeado de viviendas destinadas a Airbnb en Lavapiés y dice estar cansada de que la vivienda se convierta en otro campo de batalla partidista. "Que se dejen de tirar mierda entre ellos. No queremos políticas bipartidistas, sino políticas para una España mejor".
Su amigo Antonio, de 28 años, comparte el diagnóstico. Habla de una "mayoría social" que, dice, "no está de acuerdo con la forma en que se vive en el país". "No se puede ir el 60% del sueldo en un alquiler", explica.
Es esa sensación -la de que la vivienda ya es una espada de Damocles sobre la cabeza de cualquiera- la que, según quienes están esta noche en Sol, ha permitido que la protesta desborde sus etiquetas. Aunque solo ondean banderas rojas, algunas de ellas salpicadas con las siglas de la CNT, y se proclama a la "clase obrera", los presentes saben que la transversalidad reside en que, "si no se cambian las cosas", como manifiesta Antonio, "todos estaremos expuestos a vivir un desahucio".
Mientras la muerte de Maricarmen ocupaba ya las portadas de la prensa internacional, un pequeño altar improvisado, de velas y una imagen suya impresa, a la cabeza de la concentración demostraba que su fallecimiento no será, por ahora, el fin de esta lucha. "Madrid", cantaban en la Puerta del Sol algunos acampados en una vigilia improvisada, "ha despertado, vamos a lucharlo".
Doce días después de su primera manifestación, la causa continúa defendiendo, a brazo partido, su no negociable: el acceso a una vivienda digna que les permita, como dice Dayana, "para empezar a construir una vida". La vivienda, decía Antonio, podía acabar poniendo a cualquiera frente al mismo abismo. "Si no se cambian las cosas, todos estaremos expuestos a vivir un desahucio", apostillaba el joven.
Con micrófonos o o a voz desnuda, los manifestantes se desgañitaban porque, según la joven, tienen que ser "escuchados" y "molestar hasta que se consiga algo" porque esto "simpatiza con todos". Por Maricarmen lloraron y guardaron un minuto de silencio porque "la han matado", como anunciaban por un megáfono, ese mismo que dejó escapar los últimos versos del poema Desahucio (Sobre los ángeles,1929): "¿Cuándo abandonas la casa, dime, qué ángeles malos, crueles, quieren de nuevo alquilarla? Dímelo".
No callarán, aseguran, irán de frente y en pie de guerra. "En ocho años de Gobierno no se ha avanzado, tampoco hemos sido escuchados y pasará con cada partido", lamentaba Dayana.
Al otro lado de la calle, Aroa asegura que si desde los escaños no se ha mirado a la calle es porque piensan que están "dormidos". Quizás si los hubiesen mirado habrían visto que, como esta joven dice, "es una crispación general" más allá de cualquier dogma político.
"Maricarmen vive, la lucha sigue", cantaban una y otra vez. Su muerte, aseguran -y eso parece-, no será de momento el fin de una lucha en la que jóvenes y no tanto, poniendo su cuerpo y voz de por medio, han logrado que los españoles vayan a las urnas el próximo 29 de noviembre.