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Mayor Oreja: "Desde que llegó Sánchez han ido a enriquecerse y a robar. La ruptura carece de límite, la corrupción es síntoma"

Mayor Oreja: "Desde que llegó Sánchez han ido a enriquecerse y a robar. La ruptura carece de límite, la corrupción es síntoma"
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El exministro advierte sobre un proceso de "ruptura" sin límites éticos y la inminente llegada al poder de los herederos del terrorismo en España. Más información: Neos pide "tomar conciencia" ante una situación que pone en riesgo principios como la libertad y la unidad de España

Jaime Mayor Oreja, exministro del Interior y eurodiputado. Cedida

Reportajes Mayor Oreja: "Desde que llegó Sánchez han ido a enriquecerse y a robar. La ruptura carece de límite, la corrupción es síntoma"

El exministro advierte sobre un proceso de "ruptura" sin límites éticos y la inminente llegada al poder de los herederos del terrorismo en España.

Más información: Neos pide "tomar conciencia" ante una situación que pone en riesgo principios como la libertad y la unidad de España

Publicada 28 febrero 2026 02:38h

Jaime Mayor Oreja, exministro del Interior y eurodiputado, presenta Una verdad incómoda, un testimonio personal sobre los hechos más relevantes de la historia reciente de España. El libro aborda la lucha contra ETA, el 11-M, la evolución política del país, el papel de la Unión Europea y los retos institucionales.

Mayor Oreja ofrece su mirada directa y vivida de estos episodios, advirtiendo que no se trata de unas memorias al uso, sino de un relato que puede resultar incómodo para quienes no compartan su interpretación de los hechos.

PREGUNTA.- ¿Qué necesidad personal le llevó a publicar Una verdad incómoda ahora?

RESPUESTA.- Había tantos relatos, tantas mentiras y tanta falta de explicación que sentí la obligación de dar un testimonio. La editorial me ofreció escribirlo hace diez años, pero entonces estaba demasiado cerca de la pelea partidaria. En 2014, tras dejar el Parlamento Europeo, el tiempo me dio perspectiva, y me pareció que ahora ya era una obligación. No es una sola verdad la que incomoda, pero me pareció que sí era un buen título.

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P.- Hablemos de ETA. En su libro diferencia entre miedo físico y miedo reverencial. ¿Cuál condicionó más a la sociedad vasca?

R.- Yo creo que el miedo reverencial. Cuando hay muchos crímenes, te anestesias; piensas que es el río, el monte, que rodea al pueblo. No era ETA matando, sino un miedo reverencial a un ambiente, a una moda dominante.

P.- También señala que ETA no solo era una organización terrorista, sino un proyecto político. ¿Cuándo adquirió esa dimensión?

R.- Paulatinamente. Yo ya sabía que ETA no era una organización terrorista antifranquista. Era una organización terrorista, pero también un proyecto político, cultural y social de una época. Una época en la que las ascuas de la hoguera estaban mal apagadas y ETA, 12 o 20 años después de la Revolución Española, revivió. Aunque ETA nació en 1959, realmente su proyecto se consolidó entre 1968 y 1969, a finales de los 60. Era un proyecto político y cultural en el que una pseudo-religión, que era la liberación nacional de Euskadi, había desplazado la religión de siempre, provocando en muchas conciencias personales una gran crisis.

Esto no es una crisis de la nación, sino de muchas conciencias personales que justificaban el asesinato. ETA era un proyecto político y social que se ha legitimado y pactado con frecuencia. Por ejemplo, el PNV, en 1998, ante el pánico de Ermua, se abrazó a ETA. Y luego, el Partido Socialista, por miedo a la situación política y a la mayoría absoluta del PP en 2000, pactó un proceso con ella. Hasta que el resultado va a ser que va a gobernar ETA en el País Vasco a corto plazo, aprovechándose del miedo de estas fuerzas políticas.

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P.- Usted ha dicho que el proyecto político volverá a tener protagonismo. ¿Cómo lo ve en el País Vasco y Navarra?

R.- El proyecto político va a gobernar el País Vasco y Navarra en un plazo muy breve. Luego se mantendrá el proceso de coordinación entre la asociación de Zapatero-Sánchez con ETA y Esquerra Republicana de Cataluña, y habrá acuerdos en País Vasco, Navarra y Cataluña, pero eso es en el futuro. Esta vez no será como con Zapatero, cuando perdió y se enterró el proceso; ahora estará a plena luz, frente a lo que llaman un gobierno de derecha o extrema derecha. Allí habrá que refugiarse y actuar con firmeza.

La libertad exige no mantenernos pasivos ante este proyecto. Ellos intentarán que sí lleguen al poder, pero que sea tan débil su cohesión que dure poco.

P.- La idea de las víctimas representa una verdad moral irrenunciable, pero el sentimiento de las víctimas no siempre coincide con ello. ¿Cómo lo ha vivido usted?

R.- Al final, somos personas con limitaciones y a veces no queremos recordar. Esa no ha sido mi actitud. Desde que entré en el gobierno en 2006, siempre llevé a las víctimas conmigo, porque yo había vivido entre víctimas y yo mismo había sido víctima. ¿Cómo podía dejarlas?.

El tiempo es inexorable y puede aumentar el malestar de las víctimas ya dolidas, por la falta de recuerdo, pero algunos no lo olvidamos. En Valencia, el 5 de marzo celebramos el tercer concierto en recuerdo de las víctimas; vendrá el hijo de Manolo Broseta, asesinado por ETA, y es un homenaje que mantiene vivos estos recuerdos.

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P.- En su libro también aborda el 11-M. ¿Cree que los españoles tienen una explicación clara sobre quién lo planificó y ejecutó?

R.- Yo creo que no. El 11-M no está bien explicado. Empiezo por mi testimonio personal y luego por dos testimonios distintos que incluyo en el libro.

Tras el 11-M -yo ya no era ministro del Interior, había dejado el cargo en 2000-2001-, dije en 2004 que el atentado no había sido islamista, sino con determinación política: cambiar la dirección de España. Y la cambió.

El primer testimonio es el del ministro del Interior francés Jean-Louis Debré. En junio de 1996 vino a verme. Tras una reunión tensa entre las delegaciones española y francesa, me dijo: “Tiene que escoger: Francia o Ángel Guerrero”. Ángel Guerrero era un asesor vinculado a una red que operaba en Francia con Josu Ternera. Felipe González había pedido a Chirac que no lo extraditara, sino que lo expulsara administrativamente. Finalmente se le expulsó así. Debré planteó la disyuntiva.Yo respondí siempre: Francia.

El segundo testimonio es el de Driss Basri, ministro con Hassan II, apartado luego por el nuevo rey. Mantuvo relación conmigo y en 2005 me dijo que no le gustó la sobreactuación de Aznar en la foto de las Azores con Bush, Blair y Durão Barroso. Añadió: “No tendrás duda de que el 11-M es un atentado de un servicio secreto. Lo lógico sería pensar en los nuestros, los marroquíes, pero yo los formé y sé que son incompetentes. No han sido ellos. Mirad al otro país vecino”, refiriéndose a Francia.

Esa conversación la uní con la de 1996. Había una red, un servicio dirigido por el señor Pascua, exministro del Interior francés, vinculado además a la francmasonería.

Aporto esos dos testimonios, separados por casi una década. Sigo convencido de que el 11-M fue un atentado para cambiar la dirección política de España, la que había emprendido José María Aznar en el ámbito occidental, alineando a España con Gran Bretaña y Estados Unidos. Eso es lo que puedo aportar sobre el 11-M.

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P.- ¿A nivel social, hubo un antes y un después tras el 11-M? ¿Cómo definiría ese después?

R.- Sí, lo hubo. España no se ha recuperado de aquella fractura histórica. Un atentado tres días antes de las elecciones generales, con más de 200 muertos, no tiene precedentes en ninguna democracia occidental. Zapatero ganó las elecciones gracias al 11-M; cambió bruscamente la dirección política y lo primero que hizo fue entenderse con ETA, pactando un proceso apenas terminadas las elecciones de 2004, aunque no estaba formalizado. Se estaba formalizando el acuerdo con ETA en lo que llamaron mal llamado “proceso de paz”, que nosotros ya habíamos rechazado en 1997. Chris Michel, de la Fundación Carter, me explicó que estos procesos avanzan sin que la sociedad se entere y que al final solo quedan “gestos” de los contendientes, como montañeros subiendo una montaña. Le pregunté si después de la cumbre encontraríamos España o la autodeterminación de los pueblos, y su respuesta fue que eso no tenía respuesta, solo aseguraba la paz.

Los socialistas creyeron que podían manejarlo. Felipe González y Juan Luis Cebrián, en su libro El futuro no es lo que era (2001), definieron esto como la “segunda transición”, que pasaba por descalificar la política antiterrorista que llevábamos desde el gobierno del PP. Todos los socialistas, no solo Zapatero, pensaban que había llegado su momento de negociar con ETA, y así lo hicieron. Alfredo Pérez Rubalcaba, como ministro del Interior en el segundo gobierno de Zapatero, llevó adelante ese proceso, creyendo que eran más inteligentes y podían controlarlo, pero el proceso los superó.

Felipe González y Rubalcaba han comentado cómo se sorprendieron con la situación bajo Sánchez. Los intentos de control del proceso se escaparon de las manos y crearon un “monstruo” político: primero Zapatero y luego Sánchez. ETA dejó de matar, pero su proyecto político no cambió; los que se transforman son quienes pactan con ellos, como el Partido Socialista. Antes, el PNV, ante el pánico generado en Ermua por las movilizaciones de los españoles, se abrazó a ETA con el Pacto de Estella de 1998, pensando que así se contenía la amenaza sobre España y la democracia.

Jaime Mayor Oreja.

P.- La perspectiva que da el tiempo también es interesante en cuanto a la decisión con Irak. ¿Ahí empezó también a haber una polarización?.

R.- Bueno, lo que cambia todo es, en mi opinión, la mayoría absoluta del PP en marzo de 2000. Eso provocó temor en la izquierda española. Se podía haber aceptado la primera, la de 1996, pero aquel miedo hizo que la izquierda dijera que había que movilizarse. Antes ya estaba la crisis del Prestige, del chapapote, que provocó una enorme movilización.

La misma noche electoral, recibí la llamada del secretario general del PSOE, Ciprià Ciscar, preocupado por los resultados que daban ventaja al PP. Yo le expliqué que nuestro modelo de simulación en 200 mesas mostraba lo que realmente íbamos a obtener: mayoría absoluta.

Pero la izquierda ya estaba movilizada: primero por el chapapote, y después, con la guerra de Irak, se consolidó definitivamente. Las elecciones locales se convirtieron en un permanente conflicto. El 11 de mayo, víspera de las elecciones, en una manifestación en Victoria, vi por la cara de odio de los manifestantes que el PP perdería.

Muchos creyeron que había sido un atentado islamista contra el PP por la guerra de Irak. No fue así: no era una venganza por tropas enviadas, sino un atentado con un objetivo político claro: cambiar la dirección de España. Podía haber atentado contra otros países, pero eligieron España tres días antes de las elecciones. Fue un servicio con determinación y un objetivo político concreto.

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P.- Ha dicho que la izquierda tenía miedo de la mayoría absoluta del Partido Popular. ¿Ahora hay miedo de la mayoría absoluta de la extrema derecha?

R.- Yo tengo miedo de que, si este proceso continúa en el gobierno, ETA va a gobernar. Lo hará en cualquier caso en País Vasco y Navarra. El 2004 marcó un antes y un después en la historia de España. Entiendo que haya temor a la alianza del PP y el PSOE, pero eso es la mayoría natural. Antes la mayoría natural era Felipe González con 202 diputados; ahora es PP y Vox. Los del PP no les gusta Vox, los de Vox no les gusta el PP, pero los españoles determinan esa mayoría.

P.- Estamos asistiendo a una normalización de conductas que antes habrían tenido consecuencias políticas. ¿Se ha generado resignación en los ciudadanos?

R.- El proyecto que nace en España tras el 11-M es un proyecto de ruptura. Antes, la UCD, Felipe González o el PP representaban reforma; tenían límites. La ruptura no tiene límites: la corrupción es una expresión de ello. Desde la etapa Sánchez, han ido a enriquecerse y a robar. Eso ocurre porque, a diferencia de la reforma, la ruptura no reconoce límites; solo se limita por la necesidad de mantener el poder. Y por eso harán lo que sea necesario para no perderlo. Lo necesitan.

P.- Pero podrían dimitir.

R.- Pero eso está fuera de lo que es un proyecto de ruptura. Un proyecto de ruptura no tiene límites, ni bordes, ni límites éticos, ni morales, ni tiene límites democráticos. legales, ni de comportamiento. De la misma manera que ETA no tenía el límite de que no se podía matar, ahora no puedes dejar de robar. Y lo hacen a gran escala.

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P.- ¿Se aborda en España la inmigración con realismo y responsabilidad?

R.- Primero hay que entender lo que pasa con un fenómeno mal regulado de inmigración. Francia y Gran Bretaña muestran los riesgos: estados fallidos y líderes incapaces de gobernar con estabilidad. No debemos imitar eso.

Una regularización masiva debe ser la excepción. Con experiencia: en la primera legislatura, sin mayoría absoluta, impulsamos una ley de extranjería. El PSOE presentó otra, que con el apoyo de Convergencia se unió y regularizó unos 200.000 inmigrantes.

Si hubiéramos tenido mayoría absoluta, la ley habría exigido cinco años de residencia y un puesto de trabajo asegurado para cada inmigrante. Entonces había un millón; hoy hay 10 o 12 millones. Una regularización masiva sería un disparate.

P.- Tras su etapa como parlamentario europeo, ¿considera que hoy la Unión Europea ha consolidado su proyecto político?

R.- Hoy la Unión Europea está irreconocible. Cuando nació como Comunidad Europea en 1948, tras las guerras mundiales, no tenía cuerpo, pero sí alma: el deseo de que franceses y alemanes nunca volvieran a enfrentarse. Hoy, 75 años después, tenemos instituciones -parlamento, comisión, consejo, tribunal de justicia- y también alma, que produce cohesión.

El alma de Europa se basa en un sentido compartido, mezcla de derecho romano, filosofía y fundamentos cristianos. Los padres fundadores, como Schumann, De Casper y Adenauer, querían reemplazar el odio por valores cristianos. La bandera europea es el manto de la Inmaculada Concepción; las estrellas no representan estados. El cristianismo es el único movimiento que ve vida donde otros no la ven, por ejemplo en el aborto.

Hoy la Unión es irreconocible respecto a sus orígenes. Se habla de incluir el aborto en la Carta de Derechos Fundamentales de Europa; eso es una ocurrencia. La Unión nació por necesidad, no por ocurrencia. Tenía alma y ahora tiene cuerpo.

Imagen de archivo de Jaime Mayor Oreja. Europa Press

P.- Hace dos días se han desclasificado los documentos del 23-F. ¿Aporta algo nuevo?

R.- Yo creo que no. Nunca he creído en los papeles secretos. Para mí, lo esencial no son los documentos, sino entender los hechos del 23-F.

El 23-F pudo haber sido una catástrofe para España. Hoy parece anecdótico porque Tejero ha muerto recientemente, pero si aquellos disparos hubiesen matado a cinco o seis personas, la historia habría cambiado completamente, al igual que cambió con el 11-M. Lo importante no son los papeles desclasificados, sino la verdad de lo que ocurrió.

Ya desde el 24 de junio de 1980 había tensiones en el Parlamento, y años antes, en 1961, se habían producido incidentes graves como en Guernica, con miembros de Batasuna cantando el himno del Gudari vasco frente a mí. Entre el 23-F y la entrada al Parlamento Vasco, España vivía situaciones críticas, como el asesinato del ingeniero José M. Ryan, y posteriormente hechos como los de Miguel Ángel Blanco.

El viaje del rey en febrero de 1981, en plena tensión del 23-F, demostró su capacidad de liderazgo y de representar a todos los españoles. Eso es lo fundamental: los papeles son secundarios, aunque su desclasificación siempre es positiva.

P.- Para terminar, ¿cuál considera hoy el mayor desafío?

R.- Entender lo que vivimos, tomar conciencia del proceso y derrotar a quien lo encarna hoy: el Frente Mundial.

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P.- ¿Y cómo empezamos?

R.- Haciendo que Sánchez pierda las elecciones. Es necesario que haya una alternativa, pero primero hay que entender y tomar conciencia. Me frustra ver que, tras años, la gente repite los mismos errores.

Antes de ser ministro del Interior, en mayo de 1996, asistí a una manifestación contra el asesinato de un policía autonómico vasco, Moncho Dobar. Javier Arzallus me dijo: “Nunca te equivoques: España no es ni será nunca como Gran Bretaña, Francia, Italia o Alemania. España siempre ha sido el zoco, en árabe, el lugar donde se compra y se vende todo.”

Arzallus venía de una familia carlista de Azcoitia. Su padre participó en la liberación de Franco en 1936 y parte de su vida fue jesuita; le enseñaron a detestar España. Para justificar su paso del tradicionalismo al nacionalismo, tuvo que interiorizar que España “no es una nación”.

P.- Y, ¿no entendemos que eso es en lo que se está convirtiendo hoy España?

R.- Sí. Entenderlo es reaccionar. Así como los rusos han perdido la libertad, los nacionalistas vascos y catalanes han perdido respeto por España. Eso es lo que debemos recuperar: una España reconocible, y al mismo tiempo, una Europa reconocible en sus fundamentos.

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