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Mayte Martín: «En mí no manda la industria, manda el arte»

Mayte Martín: «En mí no manda la industria, manda el arte»
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La cantaora catalana, de padre malagueño, celebra su 61 cumpleaños en el Teatro Cervantes con el álbum que certifica su reencuentro con el flamenco

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Isabel Camps Mayte Martín: «En mí no manda la industria, manda el arte»

La cantaora catalana, de padre malagueño, celebra su 61 cumpleaños en el Teatro Cervantes con el álbum que certifica su reencuentro con el flamenco

Regina Sotorrío

Sábado, 11 de abril 2026, 23:31

... buenos cantes con los que se reencuentra un cuarto de siglo después de 'Querencia', su último disco flamenco. La cantaora catalana, de padre malagueño, vuelve al origen con la madurez que dan los años en 'In illo tempore', un doble álbum concebido como «testamento artístico» de la música de raíz. Un nuevo «acto fe» de una de las voces más honestas y libres del panorama musical español. El domingo 19 de abril celebrará su 61 cumpleaños en el escenario del Teatro Cervantes, dentro del ciclo 'Flamenco lo serás tú' (19.00 horas, entre 12 y 36 euros).

–Si lo piensa, 25 años son muchos; pero seguramente siente que en muchos aspectos fue ayer.

–Pasa muy rápido, efectivamente. Yo soy partidaria de dejar que las cosas ocurran cuando sea el momento, cuando tengan que ocurrir. No he tenido nunca prisa. Siempre he hecho los discos y las cosas cuando he considerado que tenía algo nuevo que contar, o una manera nueva de decirlo. Y al final, sin que te des cuenta, han pasado ya 26 años, para ser exactos.

«Lo bueno de no estar de moda es que nunca pasas de moda»

–Dice que nunca ha tenido prisa. ¿Se puede sobrevivir en la industria sin dejarse llevar por esta vorágine en la que parece que hay que lanzar una nueva canción cada mes?

–Se puede, depende de cuáles sean tus prioridades. Si tus prioridades son estar ahí, estar de moda, ganar dinero, tener conciertos o vender discos, entonces hay que dejarse llevar por el ritmo que lleva la industria. Pero si para ti lo importante es la maduración natural que tienen las cosas, el tiempo que el arte necesita para convertirse en algo que tenga solidez y fuste, pues hay que hacerlo así. Depende de las razones que cada uno tenga para estar en esto, y las mías no son comerciales, son de otra índole. Ahora, se paga un precio, se paga un peaje, por supuesto. Las épocas en las que no tienes nada que decir, son muy de secano y te quedas un poco escondida. Pero así tiene que ser si uno quiere ser consecuente consigo mismo y honesto con lo que ofrece.

–Pero no todo el mundo es capaz de gestionar bien esos periodos de secano.

–Es algo que viene dado por lo que para cada uno sea prioritario. Para mí es prioritario ser honesta, ser feliz, ser libre y dejar que el arte mande. Porque el arte es el que manda; en mí, por lo menos. En mí no manda la industria.

–Y sin buscar las modas, usted es una constante. Para el público, siempre ha estado ahí.

–Lo bueno que tiene no estar de moda es que nunca pasas de moda. Todo lo que sube, baja. Lo bueno de esto es que como nunca he pegado un pelotazo, lo mío no se pasa.

–Volviendo al disco, usted le tiene un respeto casi reverencial al flamenco, como si fuera un objeto sagrado.

–Le tengo un respeto sagrado no solamente al flamenco, sino a la música, al arte y a esto que a mí me mueve y me nutre el alma. El arte no se puede manipular, amañar ni utilizar para lucrarte. Se puede utilizar para vivir de él cuando puedes permitírtelo, pero no es un negocio. Es un negocio para las discográficas o los managers, pero para un artista no debe serlo.

«Tengo la fortuna de pensar que no hubiera hecho nada distinto de cómo lo he hecho»

–Pues diría que para algunos es un negocio muy lucrativo.

–Entonces hay que preguntarse también si son artistas o qué son. Lo que no nazca de estos principios y de esta filosofía, yo creo que más que arte es ocio, que son conceptos diferentes.

–¿Siente que se le ha faltado al respeto al flamenco?

–Creo que se hacen muchas cosas por hacerse, sin que estén conectadas con un verdadero sentido artístico, con nobleza y honestidad. Eso para mí es una falta de respeto. El que tiene un don tiene la obligación moral de utilizarlo para el bien de la humanidad y de lo espiritual. El arte es una cosa espiritual y la obligación moral viene con el don, vienen juntos.

–¿Por qué dice que este disco es un acto de fe?

–Primero porque ya no se venden discos (ríe). Segundo, porque ha sido costosísimo en todos los sentidos. Me ha llevado más de un año y medio de mi vida, mucho tiempo y mucha energía. Y ha sido muy costoso también a nivel económico. En realidad es un acto de fe todo lo que yo hago, pero en este disco ha sido más grande.

Testamento artístico

–En la presentación del trabajo se dice que está concebido como un «testamento artístico». Son palabras mayores.

–Hay obras muy antiguas, no solo de flamenco, sino de géneros como la clásica, hay testimonio musical de Bach y de música barroca. Muchos estilos se han mezclado ahí con el flamenco en esa primera parte que se llama 'Entreverao'.

–Y pese a esa mezcolanza, suena muy flamenco.

–Porque está basado en el flamenco. Asoman otras cosas, pero todo lo que hay ahí es flamenco, salvo 'Milonga del solitario', que es una obra de Atahualpa Yupanqui llevada a ese territorio. Es flamenco 'entreverao', pero todo tiene raíz.

–Volviendo al concepto de testamento artístico, ¿qué le gustaría dejar en este arte?

–Me gustaría dejar verdad y honestidad. Me gustaría ser recordada como una persona que le tuvo respeto a esto y lo mantuvo hasta el final. Eso es para mí lo más importante.

–Si echa la vista atrás, ¿volvería a hacer exactamente lo mismo que ha hecho?

–Absolutamente el mismo recorrido. Con mis 61 años, a punto de cumplirlos en el concierto de Málaga, tengo la inmensa fortuna de pensar que no hubiera hecho nada distinto de cómo lo he hecho.

–¿Y eso de celebrar el cumpleaños en Málaga y trabajando?

–Esto para mí no es trabajar, es un deleite y una suerte. Es compartir mi pasión con la gente. Trabajar es poner ladrillos. Soy una afortunada de poder compartir lo más bonito que tengo.

–Y, además, usted es medio malagueña.

–Sí, mi papá era malagueño, de Ardales. Es bonito celebrar ese día con los malagueños que quieran acompañarme.

–¿Cuál ha sido su relación con Málaga? ¿Su padre mantuvo el vínculo con la tierra?

–Sí, mi familia paterna es de allí y cada año volvíamos a la tierra en vacaciones. He visitado mucho Málaga, Ardales, El Palo... Me gusta mucho Málaga.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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