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«Me gustaría pagar la compra con un poema, pero solo aceptan tarjeta o efectivo»

«Me gustaría pagar la compra con un poema, pero solo aceptan tarjeta o efectivo»
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La autora gallega, Premio Nacional, vuelve a Málaga con una reflexión sobre la precariedad que sufren los poetas: «No hay voluntad de pagarnos»

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Castaño estará este viernes en Tabacalera para presentar 'Poesía y economía'. SUR Yolanda Castaño - Poeta «Me gustaría pagar la compra con un poema, pero solo aceptan tarjeta o efectivo»

La autora gallega, Premio Nacional, vuelve a Málaga con una reflexión sobre la precariedad que sufren los poetas: «No hay voluntad de pagarnos»

Alberto Gómez

Jueves, 12 de febrero 2026, 23:19

... Este viernes vuelve para presentar 'Economía y poesía' (Páginas de Espuma), una reivindicación sobre la precariedad que a menudo sufren los poetas: «Parece que solo puede dedicarse a la literatura gente con una situación económica desahogada».

–¿Considera que hay cierto conformismo en el sector? Creo que fue a Elena Medel a quien escuché decir que de la poesía no se come; como mucho se merienda.

–Diría que es una frase mía, la he dicho en entrevistas. Quizá, como es muy amiga mía y más pequeña que yo, Elena la repitió. Pero no importa. Eso que llamas conformismo es una inercia que no se combate porque forma parte de un problema complejo y sistémico, con muchas implicaciones, y se hace arduo luchar contra todo eso, sobre todo en solitario.

–¿Qué ocurre para que no todos vean desventajosas unas condiciones tan poco beneficiosas?

–Todo depende de la situación de la que partas, de la brecha de clase. Si tienes las espaldas cubiertas por cuestiones familiares o conyugales, o tienes un buen salario mensual, serás menos reivindicativo. El problema surge cuando es tu forma de vida y cuando terceras personas se lucran del esfuerzo que con entusiasmo y generosidad entregas. Cuando hay un reparto que es desigual y no va a parar en su justa medida a ti mismo, el producto eres tú. A menudo ves que hay otros que viven de la esfera del libro: intermediarios que editan, comercializan o distribuyen tu trabajo. Y a veces entregas ese trabajo a cambio de monedas simbólicas.

–Como la manida «visibilidad».

–Sí, es siempre una compensación postergada. A lo mejor te prometen visibilidad y tienes cincuenta años. Son monedas que prometen un futuro que nunca llega. Hay otras monedas simbólicas: promoción, cariño e incluso admiración… Son pagos que están muy bien, pero no cotizan en el sistema económico en el que vivimos. En el supermercado sólo aceptan tarjeta o efectivo.

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SUR

–Qué pena que no pueda ir con un poema a hacer la compra.

–A mí me parecería genial. A veces hay asociaciones que te invitan a una lectura, por ejemplo, pero te dicen que no tienen compensación para tu trabajo. Y quizá no tienen dinero pero podrían estudiar alternativas a una recompensa económica. Se me ocurre que, si en esa asociación hay una abogada, puede no cobrarme por su minuta o ayudarme a hacer un trámite determinado. Tampoco ese sistema de trueque interesa; es como si no hubiese voluntad de dar nada a cambio de tu trabajo y tu tiempo.

–¿Pero someter la poesía a la lógica del mercado no puede adulterar su propia naturaleza?

–A veces se nos reprocha que estamos prostituyendo nuestro arte, pero viajo mucho, he estado con mi poesía en más de cuarenta países, y nunca he conocido a un solo poeta que tenga una relación contractual que lo obligue a publicar cada cierto tiempo. Habría que definir qué es vivir de la poesía: los derechos de autoría representan un diez por ciento de las ventas, son una cantidad insignificante de nuestros ingresos. Nos ganamos la vida con recitales, charlas, coloquios, participaciones en jurados de premios…

–María Victoria Atencia, por ejemplo, estuvo quince años sin escribir. ¿Vivir de la poesía no supone obligarse a escribir?

–Hay excepciones como la que comentas, pero no es lo normal. Lo natural es que cualquier poeta que ama la poesía y está en activo publique algo, como muy tarde, cada cinco años. Aunque yo estuve siete años sin publicar. Pero es curioso que se nos reproche que traicionamos la naturaleza de la poesía. ¿Cuál es la naturaleza de la poesía, ¿la estamos confundiendo con una categoría espiritual o con la religión? Es un género muy noble, lleno de emoción, pero no por eso quienes nos dedicamos a esto tenemos que vivir de otra cosa o ser explotados. Y además esa reivindicación pasa por una retribución justa, nada desorbitada.

«Si dejamos la literatura en manos de quienes se pueden permitir no ser remunerados dejaremos fuera a voces interesantes»

–La literatura, históricamente, ha sido cultivada por la élite. ¿Qué queda de eso?

–Das en el clavo. En épocas anteriores el acceso a la cultura escrita estaba restringido a clases altas, pero con la democratización y el progreso las cosas han ido equilibrándose. Y algo de los viejos modos pervive; sigue existiendo el estereotipo de que solo puede dedicarse a la literatura alguien con una situación económica desahogada. Todos deberíamos ser conscientes de esta situación para revertirla.

–¿Qué papel tienen los poetas en un mundo cada vez más deshumanizado?

–Si dejamos la literatura en manos de quienes se pueden permitir no ser remunerados por ello dejaremos fuera a voces interesantes, subversivas, modernas o precarias. Las poetas tienen una función dentro de la sociedad: en tiempos tan convulsos es necesario el análisis de la realidad desde el lenguaje poético, que complementa a otros lenguajes necesarios como el político, el económico o el periodístico. Y por algo nuestros adolescentes no estudian, en secundaria, los logros de deportistas o empresarios pero sí las vidas y obras de escritores. Es evidente que la literatura contribuye a construir nuestra identidad y me parece muy importante que haya personas que sean testigos de su tiempo en clave poética.

–Y ser poeta, mujer y escribir en lengua gallega, ¿es triplemente complicado? Aunque siempre tengan rondando la sombra, no sé si negra, de Rosalía de Castro.

–Para nosotras es un orgullo pertenecer a una tradición literaria enarbolada por una mujer. Eso ha influido en que una chiquita gallega esté siempre medio pasito más cerca de dedicarse a la poesía que una de cualquier otro territorio. Los modelos siempre funcionan y los periodistas lo sabéis muy bien. Pero sigue siendo difícil abrirse paso como mujer en un sistema patriarcal. Los espacios de poder siguen siendo masculinos. Y hacerlo en una lengua no solo minoritaria sino minorizada es doblemente complicado.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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