En 2022, el nombre de Alba Carrillo evocaba sofás en platós, escándalos de Telecinco y crónica rosa en estado puro. Tres años después, medios de izquierda la llaman "presidenta" medio en serio y medio en broma, TVE la llama al orden por defender los impuestos y ella responde abandonando el programa en el que colabora directo. Algo ha pasado entre 'Supermodelo' y la Facultad de Filología, y no es solo la madurez que da la edad.
Ghost in the machine. Alba Carrillo debutó en televisión en 2007 en el concurso 'Supermodelo', emitido en Cuatro cuando la cadena todavía no era parte de Mediaset. Tenía veinte años y estudiaba Publicidad y Relaciones Públicas en la Complutense. Desde ahí vino una integración progresiva en el ecosistema Mediaset: colaboraciones en 'Sálvame', 'Ya es mediodía', 'Viva la vida' y concursante en 'Supervivientes', 'Gran Hermano VIP' o 'Bake Off Famosos'. Carrillo era perfecta para el mundo rosa por sus antecedentes personales (divorciada del extenista Feliciano López, madre de un hijo de Fonsi Nieto) y por su actitud deslenguala y confrontativa.
Durante esos quince años también estudió Criminología y empezó a forjar una relación con la lectura que ella misma describe como constitutiva, pero nada de eso interfería con su imagen de colaboradora más o menos tradicional.
Se acabó el amor. El mecanismo se rompió en diciembre de 2022, en la fiesta navideña de Unicorn Content, la productora de Ana Rosa Quintana. Carrillo reconoció haber tenido un idilio con otro colaborador de la productora Jorge Pérez, algo que él negó. Mediaset decidió respaldar la versión de Pérez y prescindir de la colaboración de Carrillo en todos sus programas. El despido llegó a mediados de 2023 y Carrillo respondió con una demanda.
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La denuncia contra Mediaset España, Unicorn Content y La Fábrica de la Tele las acusaba de despido improcedente y fraude de ley (por cómo estuvo contratada en la cadena). Las dos partes llegaron a un acuerdo en diciembre de 2023 pero mientras tanto, Carrillo abrió un canal de Twitch llamado 'El salón de té' donde, en junio de 2023, cargó contra Ana Rosa Quintana y acusó a Mediaset de amañar los resultados de algunos realities en los que participó, como la séptima edición de 'GH VIP'. Era la primera (pero no última) vez que experimentaba con la posibilidad de hablar sin filtro desde una plataforma que no podía despedirla.
Fichaje nacional. Casi un año estuvo Alba Carrillo vetada de la televisión hasta que RTVE se fijó en ella y en abril de 2024 entró en varios formatos de la cadena pública, como 'Bake Off: Famosos al horno', 'Mañaneros' y 'D Corazón'. El reencuentro con la televisión coincidió con un giro académico que la llevó a estudiar Filología Hispánica. Esta etapa post-Mediaset la completó fichando para Netflix en junio de 2025, cuando la plataforma estrenó la versión española del formato 'Jugando con fuego', en el que los concursantes deben renunciar al sexo para optar a 100.000 euros.
Giro a la izquierda. Pero el espacio que ha transformado su imagen pública, convirtiéndola en una especie de diva pop progresista es otro. Desde el 13 de abril de 2026 presenta 'El Sótano Club' en el canal TEN (el mismo que acogió a la versión recauchutada de 'Sálvame'), de lunes a viernes. El programa, un magacín de actualidad y humor, le ha dado una tribuna desde la que ha ido destilando un discurso político cada vez más explícito, y donde aborda temas como la sanidad pública, la fiscalidad y el machismo de la extrema derecha.
Vs. Paz Vega. Su última gresca la ha tenido a causa del anuncio de 'MasterChef Celebrity Legends' en RTVE. En una de las entregas de su programa en TEN, Carrillo cuestionó la presencia en el programa de Paz Vega (que arrastra una deuda con Hacienda) y de la influencer Ofelia Hentschel, que se hizo viral por alentar a no pagar impuestos durante los ataques de Irán a instalaciones en Dubái. "Hay muchos que son defraudadores y les contratan para cocinar en RTVE, que esto me tiene bastante... Me puede salir caro esto, pero es que lo tengo que decir", llegó a decir en un programa de la propia RTVE, 'D Corazón'.
Efectivamente. RTVE le dio un toque de atención y ella decidió no presentarse a 'D Corazón' el siguiente sábado. Por supuesto, esta renuncia sirvió para que el Efecto Streissand hiciera su trabajo y el intento de RTVE de silenciar a la colaboradora obrara el efecto contrario. El vídeo circuló en redes y los medios progresistas lo difundieron con entusiasmo.
Flojas audiencias. Un problema que puede tener Alba Carrillo de cara a éxitos futuros es que sus cifras de audiencia no son tan espectaculares. Tras un mes de emisión, 'El Sótano Club' acumula una media de 0,5% de cuota de pantalla y 41.000 espectadores (la mitad de la media de TEN), muy por debajo de los formatos que ocupaban esa franja antes. 'Ni que fuéramos Shhh', heredero de 'Sálvame', promedió un 2,2% en sus dos temporadas. El máximo del programa de Carrillo llegó el día del estreno: 0,9% y 69.000 espectadores, la única jornada en que igualó la media del canal.
Las polémicas generan picos puntuales (ataques a María Patiño, el portazo a 'D Corazón'), pero el efecto dura poco. El propio canal, consciente del problema, recortó 45 minutos de duración tras la primera semana y ahora solo emite tres horas y cuarto.
Diva progre. Lo más interesante del fenómeno Carrillo no es tanto lo que dice (que tampoco es tan infrecuente en la conversación pública española) sino desde dónde lo hace. Como señala Ana Requena Aguilar, en los últimos años Carrillo se ha convertido en una voz progresista que se ha acercado a discursos feministas y de izquierdas, y ha utilizado su altavoz para difundirlos sin complejos. Y a la vez, Carrillo es desprestigiada porque no escapa del todo de la sombra de la prensa rosa, que sufre un desprecio generalizado por el público con el que se la asocia tradicionalmente: sobre todo mujeres, mayores y de clase media o baja.
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La audiencia del corazón, que nunca ha sido ideológicamente neutra (puede reproducir los peores estereotipos sobre las mujeres o vehicular discursos feministas, según quién ocupe el plató, un fenómeno del que Carrillo es el mejor ejemplo), resulta ser un canal de difusión de ideas que los medios considerados "serios" tienden a ignorar. Carrillo lo sabe pero no lo formula en esos términos: "A veces es mucho más vergonzoso lo que se hace en el periodismo político que lo que hacemos nosotros", afirma.
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Mediaset la vetó, RTVE le dio un toque y su audiencia cada vez más escorada a la izquierda: el asombroso caso de Alba Carrillo
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John Tones
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Mediaset la vetó, RTVE le dio un toque y su audiencia cada vez más escorada a la izquierda: el asombroso caso de Alba Carrillo
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Ghost in the machine. Alba Carrillo debutó en televisión en 2007 en el concurso 'Supermodelo', emitido en Cuatro cuando la cadena todavía no era parte de Mediaset. Tenía veinte años y estudiaba Publicidad y Relaciones Públicas en la Complutense. Desde ahí vino una integración progresiva en el ecosistema Mediaset: colaboraciones en 'Sálvame', 'Ya es mediodía', 'Viva la vida' y concursante en 'Supervivientes', 'Gran Hermano VIP' o 'Bake Off Famosos'. Carrillo era perfecta para el mundo rosa por sus antecedentes personales (divorciada del extenista Feliciano López, madre de un hijo de Fonsi Nieto) y por su actitud deslenguala y confrontativa.
Durante esos quince años también estudió Criminología y empezó a forjar una relación con la lectura que ella misma describe como constitutiva, pero nada de eso interfería con su imagen de colaboradora más o menos tradicional.
Se acabó el amor. El mecanismo se rompió en diciembre de 2022, en la fiesta navideña de Unicorn Content, la productora de Ana Rosa Quintana. Carrillo reconoció haber tenido un idilio con otro colaborador de la productora Jorge Pérez, algo que él negó. Mediaset decidió respaldar la versión de Pérez y prescindir de la colaboración de Carrillo en todos sus programas. El despido llegó a mediados de 2023 y Carrillo respondió con una demanda.
La denuncia contra Mediaset España, Unicorn Content y La Fábrica de la Tele las acusaba de despido improcedente y fraude de ley (por cómo estuvo contratada en la cadena). Las dos partes llegaron a un acuerdo en diciembre de 2023 pero mientras tanto, Carrillo abrió un canal de Twitch llamado 'El salón de té' donde, en junio de 2023, cargó contra Ana Rosa Quintana y acusó a Mediaset de amañar los resultados de algunos realities en los que participó, como la séptima edición de 'GH VIP'. Era la primera (pero no última) vez que experimentaba con la posibilidad de hablar sin filtro desde una plataforma que no podía despedirla.
Fichaje nacional. Casi un año estuvo Alba Carrillo vetada de la televisión hasta que RTVE se fijó en ella y en abril de 2024 entró en varios formatos de la cadena pública, como 'Bake Off: Famosos al horno', 'Mañaneros' y 'D Corazón'. El reencuentro con la televisión coincidió con un giro académico que la llevó a estudiar Filología Hispánica. Esta etapa post-Mediaset la completó fichando para Netflix en junio de 2025, cuando la plataforma estrenó la versión española del formato 'Jugando con fuego', en el que los concursantes deben renunciar al sexo para optar a 100.000 euros.
Giro a la izquierda. Pero el espacio que ha transformado su imagen pública, convirtiéndola en una especie de diva pop progresista es otro. Desde el 13 de abril de 2026 presenta 'El Sótano Club' en el canal TEN (el mismo que acogió a la versión recauchutada de 'Sálvame'), de lunes a viernes. El programa, un magacín de actualidad y humor, le ha dado una tribuna desde la que ha ido destilando un discurso político cada vez más explícito, y donde aborda temas como la sanidad pública, la fiscalidad y el machismo de la extrema derecha.
Vs. Paz Vega. Su última gresca la ha tenido a causa del anuncio de 'MasterChef Celebrity Legends' en RTVE. En una de las entregas de su programa en TEN, Carrillo cuestionó la presencia en el programa de Paz Vega (que arrastra una deuda con Hacienda) y de la influencer Ofelia Hentschel, que se hizo viral por alentar a no pagar impuestos durante los ataques de Irán a instalaciones en Dubái. "Hay muchos que son defraudadores y les contratan para cocinar en RTVE, que esto me tiene bastante... Me puede salir caro esto, pero es que lo tengo que decir", llegó a decir en un programa de la propia RTVE, 'D Corazón'.
Efectivamente. RTVE le dio un toque de atención y ella decidió no presentarse a 'D Corazón' el siguiente sábado. Por supuesto, esta renuncia sirvió para que el Efecto Streissand hiciera su trabajo y el intento de RTVE de silenciar a la colaboradora obrara el efecto contrario. El vídeo circuló en redes y los medios progresistas lo difundieron con entusiasmo.
Flojas audiencias. Un problema que puede tener Alba Carrillo de cara a éxitos futuros es que sus cifras de audiencia no son tan espectaculares. Tras un mes de emisión, 'El Sótano Club' acumula una media de 0,5% de cuota de pantalla y 41.000 espectadores (la mitad de la media de TEN), muy por debajo de los formatos que ocupaban esa franja antes. 'Ni que fuéramos Shhh', heredero de 'Sálvame', promedió un 2,2% en sus dos temporadas. El máximo del programa de Carrillo llegó el día del estreno: 0,9% y 69.000 espectadores, la única jornada en que igualó la media del canal.
Las polémicas generan picos puntuales (ataques a María Patiño, el portazo a 'D Corazón'), pero el efecto dura poco. El propio canal, consciente del problema, recortó 45 minutos de duración tras la primera semana y ahora solo emite tres horas y cuarto.
Diva progre. Lo más interesante del fenómeno Carrillo no es tanto lo que dice (que tampoco es tan infrecuente en la conversación pública española) sino desde dónde lo hace. Como señala Ana Requena Aguilar, en los últimos años Carrillo se ha convertido en una voz progresista que se ha acercado a discursos feministas y de izquierdas, y ha utilizado su altavoz para difundirlos sin complejos. Y a la vez, Carrillo es desprestigiada porque no escapa del todo de la sombra de la prensa rosa, que sufre un desprecio generalizado por el público con el que se la asocia tradicionalmente: sobre todo mujeres, mayores y de clase media o baja.
La audiencia del corazón, que nunca ha sido ideológicamente neutra (puede reproducir los peores estereotipos sobre las mujeres o vehicular discursos feministas, según quién ocupe el plató, un fenómeno del que Carrillo es el mejor ejemplo), resulta ser un canal de difusión de ideas que los medios considerados "serios" tienden a ignorar. Carrillo lo sabe pero no lo formula en esos términos: "A veces es mucho más vergonzoso lo que se hace en el periodismo político que lo que hacemos nosotros", afirma.