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Melilla: la Semana Santa africana que te recordará a Málaga

Melilla: la Semana Santa africana que te recordará a Málaga
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La ciudad autónoma celebra su Pasión con muchos guiños a la cultura cofrade malacitana

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Extra Melilla Melilla: la Semana Santa africana que te recordará a Málaga

La ciudad autónoma celebra su Pasión con muchos guiños a la cultura cofrade malacitana

SUR

Melilla

Miércoles, 25 de febrero 2026, 13:05

A menudo pasa desapercibido que la devoción cruza el Mediterráneo para latir con una fuerza arrolladora en el mismísimo norte de África. Melilla y ... Málaga no solo comparten diócesis, sino que, en un abrazo de fe, comparten hasta su patrona: la Virgen de la Victoria. Con este hilo de devoción, las cinco cofradías melillenses sostienen una Pasión que, para muchos malagueños, suena a una celebración lejana, de otro mapa. Pero asomarse al calendario melillense con ojos cofrades es descubrir un juego de espejos que atrapa. Melilla no «imita» a Andalucía: la lleva dentro y la devuelve convertida en una Semana Santa con muchos guiños a la cultura cofrade malacitana.

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El Lunes Santo deslumbra con su blancura. Si en Málaga el Cautivo avanza desde la Trinidad ordenando el silencio, en Melilla esa blancura se encarna en Nuestro Padre Jesús ante Pilatos, «La Sentencia». Aquí aguarda la sorpresa: avanza sobre un paso que cambia la cadencia. Estamos ante un Cautivo a paso sevillano. Andalucía entera resumida: Málaga en el corazón y otra manera de andar, en perfecto equilibrio. Por su parte, el Martes Santo, Nuestro Padre Jesús Humillado, con su clámide de terciopelo burdeos, recuerda irremediablemente la sobria estética de los Estudiantes.

El Miércoles Santo regala una estampa única: la Cofradía del Nazareno saliendo desde la Plaza de Toros, la «Mezquita del toreo». El Nazareno derrocha empaque malagueño en su trono y en su forma de andar, mientras María Santísima de los Dolores pone el contrapunto, meciéndose a costal. Dos tradiciones abrazadas por la brisa de Levante, que alcanzan su punto álgido en el emocionante encuentro al recogerse.

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El Jueves Santo es, quizá, el gran puente emocional entre ambas ciudades hermanas. El Cautivo melillense inicia su salida arropado por un barrio multitudinario y popular que lleva un nombre pronunciado con inmensa devoción en Málaga: el barrio de la Victoria. Durante su recorrido, la noche revive un momento sobrecogedor con la liberación de un preso, un instante que provoca en el malagueño el mismo nudo en la garganta que cuando El Rico da su bendición en la plaza del Obispo. Y es que la conexión va más allá de lo simbólico: un hermoso apunte histórico recuerda que el Cautivo de Melilla y Jesús El Rico nacieron de las mismas manos, las del imaginero José Navas Parejo.

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Tras el Señor, se hace la luz. La Virgen del Rocío, conocida como la «Novia de Melilla», irradia en la oscuridad, evocando irremediablemente a la «Novia de Málaga». Por si fuera poco, los guiños se suceden: procesionan el Flagelado y Nuestra Señora del Mayor Dolor (un eco directo de nuestras Reales Cofradías Fusionadas), y el cofrade con buena memoria se detendrá, emocionado, ante el Cristo de la Paz. Esta imagen avanza imponente sobre el que fuera, durante décadas, el trono del Resucitado de Málaga. Es pura poesía cofrade: un patrimonio de madera tallada que ha cruzado el mar para viajar de la gloria a la muerte, escribiendo una nueva y hermosa página en su historia.

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El Viernes Santo lo cierra la Soledad de Nuestra Señora, con un recogimiento que traslada irremediablemente al malagueño al paso de la Orden de Servitas por su centro histórico. Con esa misma solemnidad, la imponente Avenida Juan Carlos I se apaga por completo para que sean los propios melillenses quienes alumbren a la Virgen únicamente con la luz de sus velas. Y si el malagueño alarga su viaje, descubrirá algo que no tiene su Semana Santa: el Domingo de Resurrección, una explosión de fe en la Plaza de España con el vibrante encuentro entre el Resucitado y la Virgen del Rocío, que vuelve a salir a las calles de Melilla para el encuentro con su hijo.

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Todo esto se sostiene por el esfuerzo de cofrades todoterreno: los mismos que hoy son portadores o costaleros, y mañana salen de músicos o de nazarenos. Envuelta en marchas andaluzas de siempre, esta Pasión ofrece un regalo inesperado: vivir la devoción sin las bullas ni los agobios. Hay espacio para admirar el cortejo, escuchar la marcha entera y disfrutar del silencio antes de una levantá o de un toque de campana. Además, personas de otras confesiones religiosas participan en las cofradías, fruto de la ejemplar multiculturalidad melillense.

Para quien llega por primera vez, Melilla es, ante todo, una sorpresa constante que te recibe con los brazos abiertos. A esa legendaria hospitalidad de su gente hay que sumarle el regalo que supone el propio ritmo de sus días: mientras las tardes y noches pertenecen a los tronos, al incienso y a la devoción, las mañanas invitan al visitante a disfrutar de la ciudad bajo la deslumbrante luz del Mediterráneo. El clima primaveral que acompaña cada jornada convierte en una tentación irresistible darse el primer baño del año en sus playas o desconectar del mundo en sus recogidas calas. Con la brisa marina como compañera de viaje, el paseo fluye de forma natural hacia su deslumbrante arquitectura modernista, firmada por Enrique Nieto, que convierte calles como la avenida Juan Carlos I en auténticos museos al aire libre. De ahí, el contraste salta a la vista al adentrarse en el majestuoso recinto amurallado de 'Melilla la Vieja', una ciudadela fortificada asomada al mar, con cinco siglos de historia latiendo en sus cuatro recintos.

Pasear por este entramado de piedra es evocar capítulos épicos de su pasado, como el histórico Levantamiento del Sitio. Una memoria que conecta directamente con su impresionante patrimonio militar, que mantiene vivo el estrecho vínculo de la ciudad con la Legión y los Regulares, un legado que el viajero puede recorrer a través de sus museos y acuartelamientos. Y tras este viaje en el tiempo, el paladar reclama su turno. A la hora de sentarse a la mesa, la gastronomía cuenta la misma historia de convivencia que sus calles: el tradicional tapeo de pescaito frito andaluz se funde en un abrazo perfecto con las especias bereberes, sin olvidar los imprescindibles de estas fechas, como el potaje de bacalao o unas torrijas. Es el broche de oro, envuelto en el encanto de una ciudad donde cristianos, musulmanes, judíos e hindúes comparten un mismo cielo.

Si buscas huir del turismo masivo y de las calles colapsadas de las grandes ciudades, atrévete a ser turista al otro lado del Mediterráneo. En Melilla encontrarás el refugio perfecto para desconectar de verdad: playas tranquilas para descansar al sol y una Pasión fascinante que te recordará a Málaga, pero que se descubre con total calma, lejos del agotamiento de las grandes bullas. Si quieres respirar hondo y vivir la tradición arropado por la brisa de Levante y el calor de África, crea ahora mismo una lista de reproducción con tus cinco marchas de Semana Santa favoritas. Ese es exactamente el tiempo de vuelo que separa Málaga de Melilla, tu próximo destino.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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