La Primera Ministra italiana, Giorgia Meloni, ha anunciado una ofensiva personal para abaratar el coste de la energía en la movilidad eléctrica. "En nombre de Italia, me ocuparé de ello", afirma la mandataria, que busca evitar que el precio de la luz penalice la transición frente a los combustibles fósiles.
Meloni intervendrá el precio de la luz para que el coche eléctrico sea una opción real en Italia. - Foto: ShutterStockJosé D. Pascual[email protected]Publicado: 13/02/2026 19:10
6 min. lectura
...La parálisis que sufre el mercado del coche eléctrico en los países del sur de Europa no responde únicamente al elevado precio de adquisición de los vehículos o a la todavía insuficiente red de infraestructuras de carga. Existe un factor determinante que está frenando a miles de compradores potenciales: la incertidumbre sobre el coste operativo real a largo plazo. Ante esta situación, el Gobierno de Italia ha decidido tomar las riendas con una postura firme que promete marcar un antes y un después en las políticas de apoyo al vehículo de cero emisiones.
El "impuesto" invisible de la recarga pública
Para la mandataria italiana, es una contradicción técnica y política exigir a la ciudadanía un esfuerzo económico considerable para renovar su flota privada si, posteriormente, el uso cotidiano del vehículo eléctrico resulta menos competitivo que el de los combustibles tradicionales. Meloni ha subrayado en sus últimas intervenciones que la energía no puede convertirse en el "impuesto invisible" que termine por hundir la industria automotriz europea en un momento crítico. "Me ocuparé de ello personalmente", ha asegurado, dejando claro que el acceso a una recarga asequible es ahora una cuestión de Estado en Italia.
Esta estrategia supone un cambio de paradigma necesario. Hasta ahora, los incentivos gubernamentales se habían centrado mayoritariamente en el momento de la compra (ayudas directas, planes de achatarramiento o ventajas fiscales), pero Italia quiere ir un paso más allá regulando el escenario "post-venta" energético. El objetivo es evitar que las fluctuaciones del mercado eléctrico y los márgenes de beneficio de los operadores de carga conviertan el coche eléctrico en un producto exclusivo para rentas altas o usuarios con capacidad de carga doméstica.
Super cargador de coche en ItaliaSoberanía energética y pragmatismo europeo
La postura de Italia también tiene una lectura profunda en clave europea. El país transalpino, que junto a otras potencias industriales como Alemania ha cuestionado con dureza los plazos de la prohibición de los motores de combustión para 2035, parece haber adoptado una vía de realismo político. Si la hoja de ruta de Bruselas es inamovible, la competitividad de las familias y empresas italianas debe protegerse garantizando que el coste del kWh sea estable, predecible y, sobre todo, bajo.
La propuesta que se vislumbra en el horizonte de Roma incluye una posible revisión de los peajes energéticos específicos para el transporte y una mayor presión regulatoria sobre las compañías eléctricas para que la infraestructura pública no sea un freno por sus tarifas, sino un motor de cambio. Italia busca liderar un bloque de países que exija a la Unión Europea una política energética común que no deje desprotegidos a los conductores en las estaciones de servicio del futuro.
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Calcula tu precio online¿Un espejo para el mercado español?
Lo que hoy se plantea en Italia podría ser el preludio de lo que veremos en otros mercados con problemáticas idénticas, como es el caso de España. Si un gobierno de la relevancia del italiano decide intervenir o regular activamente los precios de las recargas para fomentar la demanda, se crea un precedente legal y político difícil de ignorar por el resto de socios comunitarios del sur.
En definitiva, la movilidad eléctrica está dejando de ser una cuestión puramente industrial para convertirse en una batalla por el control y el precio de la energía. El éxito del coche eléctrico en esta segunda mitad de la década no dependerá solo de la autonomía o la tecnología de las baterías, sino de algo tan esencial para el bolsillo del ciudadano como el precio que marque el poste de carga al finalizar cada trayecto.
Esta firme determinación de Italia pone de manifiesto que el futuro de la industria automotriz europea no se decidirá únicamente en las mesas de diseño de los fabricantes, sino en la capacidad de los Estados para garantizar un ecosistema energético viable. Si el plan de Meloni logra estabilizar los costes operativos, Italia podría demostrar que el verdadero incentivo para la electrificación no es un cheque puntual a la compra, como las ayudas anunciadas del Plan Auto+ 2026, sino la certeza de que el ahorro por kilómetro prometido es, en efecto, una realidad tangible. Esta maniobra obliga ahora a Bruselas a replantearse si la descarbonización del continente puede tener éxito sin una intervención directa en los mercados energéticos que proteja al consumidor final.
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