Proteínas, fibra y fuerza. Los medicamentos para bajar peso provocan algunos efectos secundarios que se pueden combatir con cambios en la alimentación y hábitos como la actividad física
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Regala esta noticia Añádenos en Google 20/09/2026 Actualizado a las 18:43h.Los medicamentos tipo Ozempic, Mounjaro o Wegovy han supuesto un antes y un después en la forma de adelgazar, pero el camino no siempre resulta ... sencillo. Aunque sus beneficios sobre el peso no dejan lugar a dudas, muchos pacientes sufren efectos secundarios que pueden complicar su día a día. La buena noticia es que pequeños cambios en la alimentación y hábitos como hacer ejercicio de fuerza pueden reducir esas molestias y hacer que el proceso sea más llevadero.
Las inyecciones para perder peso nacieron para ayudar a adultos con diabetes tipo 2 a controlar esta enfermedad al bajar el nivel de azúcar en sangre, pero se han convertido en una revolución por su capacidad para que las personas que se las ponen adelgacen de forma rápida y sin dietas demasiado estrictas. Lo que más preocupa a los expertos es la mala utilización de estos fármacos. «Hay que utilizarlos para la obesidad o el sobrepeso con complicaciones, no frivolizar con ellos. Los están empleando para quitarse, por ejemplo, los 4 kilos cogidos en verano con los helados. No están indicados para esto», advierte Aída Cadenas González, especialista en Endocrinología y Nutrición de IMQ.
Los pacientes a los que se les indican estos preparados comienzan a tomarlos de forma progresiva, con dosis bajas que se van elevando cada cuatro semanas. De esta forma, se puede comprobar su acción y si los toleran adecuadamente, pues no todas las personas los asimilan del mismo modo.
Los efectos adversos más comunes son la pérdida de masa muscular y el estreñimiento. El mecanismo de Ozempic o Mounjaro ralentiza el vaciado del estómago, por lo que ciertos alimentos empeoran las digestiones pesadas y las náuseas. Algunos estudios cifran en un 5% los usuarios que sufren vómitos y problemas digestivos. Por tanto, uno de los retos para quienes inician estos tratamientos es atenuar los efectos secundarios. Y en esto, la alimentación y la actividad física juegan un papel fundamental. Estas son algunas de las recomendaciones.
Hacer comidas pequeñasy frecuentes
El error más común, según explica la experta, es comer siempre en la secuencia que solemos hacerlo de forma habitual; es decir, primero el primer plato y segundo el segundo plato. «Como producen saciedad de forma precoz, lo que se suele dejar en el plato es la parte proteica (el segundo plato), que es, precisamente, la que se debe priorizar cuando estamos utilizando estos fármacos», subraya la doctora Cadenas. El consejo es hacer varias comidas pequeñas a lo largo del día. «Recomendamos que sean cantidades moderadas o pequeñas», agrega la doctora. Con esto se evita sentirse tan lleno que no haya ganas de acabarse la ración.
Proteína y fuerza contra la pérdida de masa muscular
Si no se siguen bien los consejos médicos, puede darse una pérdida de masa muscular. Los especialistas en Endocrinología insisten en la necesidad de priorizar la ingesta de proteínas de alto valor biológico, es decir, aquellas que provienen sobre todo de la carne, del pescado, de los huevos y productos lácteos. Sin embargo, «de nada vale» si no se acompaña con entrenamiento de fuerza para compensar la musculatura perdida y fortalecer la que queda. Y además, respetar la llamada 'ventana anabólica', que «es ese periodo de entre 30 minutos y 3 horas después de haber realizado un ejercicio en el que nuestro cuerpo es más sensible y asimila mejor esa proteína que nosotros aportamos. Se tienen que dar las dos circunstancias, tanto el ejercicio de fuerza como la ingesta de proteínas cuanto antes, para que nuestro organismo 'fabrique' músculo», indica la experta.
Deshidratación
Los endocrinos también ponen el foco en la hidratación. Al ingerir menor cantidad de alimentos, se reduce la proporción de agua que entra al cuerpo. Si para la población en general la recomendación es beber dos litros al día, para un paciente al que se trata con Mounjaro u Ozempic se recomienda aumentarla entre un 20 y un 25%. Asimismo, hay que añadir a la dieta alimentos ricos en agua como tomate, pepino o sandía. Con una correcta hidratación también se mitiga la sequedad bucal, frecuente entre quienes siguen este tratamiento.
¿Déficits nutricionales?
La doctora Cadenas asegura que «es raro» ver carencias nutricionales si se siguen las pautas recomendadas en cuanto a orden de comidas y alimentos a priorizar. Pero sí hay casos de pacientes con falta de vitamina D, nutriente esencial para una buena salud ósea y para fortalecer el sistema inmunitario, ya que al tomar este tipo de preparados «acaba 'secuestrada' en el tejido graso». Si no es necesario porque una analítica lo confirma, la especialista desaconseja tomar suplementos para compensar posibles déficits.
Lo que está prohibido
Otro de los efectos de estos fármacos es que el estómago se vacía más despacio y hay alimentos que cuesta más digerir. Entre ellos, las comidas grasientas –fritos y rebozados, por ejemplo–. Tampoco se recomienda tomar alcohol, ya que al estar más tiempo en contacto con la mucosa gástrica, su absorción es mayor. «Con menores cantidades, la intoxicación es mayor», apunta la especialista de IMQ.
¿Por qué adelgazan?
Los nuevos fármacos adelgazantes contienen como principio activo la semaglutida. Esta imita a una hormona intestinal natural llamada GLP-1 que actúa en el cerebro y en el aparato digestivo para reducir drásticamente el apetito. Según varios estudios, se estima que reducen hasta un 40% la ingesta de calorías. Pueden provocar una especie de repugnancia hacia la comida densa o grasienta. Y se estima que en uno de cada cinco pacientes se producen cambios en el gusto: se llama disgeusia y contribuye a reducir los antojos porque se percibe la comida de manera diferente (más dulce o más salada). «Alteran la percepción de algunos alimentos, y disminuyen la apetencia, sobre todo por alimentos muy azucarados, muy dulces o muy pesados, con alto contenido en grasa», explica la doctora Aída Cadenas González.
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