«Paciencia, firmeza y perseverancia», reclamó a su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU), desde el que se ha cuestionado reiteradamente su continuidad en las últimas semanas. «Las reformas suponen cargas e inseguridades, pero no podemos prescindir de ellas. Asumimos la responsabilidad, yo la asumo, porque son necesarias para nuestra economía y para nuestro lugar en el mundo, son el medio para desactivar la fascinación que ejerce el autoritarismo desde la extrema derecha y la extrema izquierda». «La respuesta –agregó– no es volver a los viejos buenos tiempos. Quiero devolver a muestro país su fuerza, también para los jóvenes, garantizar el bienestar para las siguientes generaciones, porque el bienestar debe serlo para todos».
El vuelco en la capital
Merz citó a Ludwig Erhardt, el canciller del «milagro económico», pero los resultados apuntan a que su gobierno no está consiguiendo caminar en ese sentido. En Berlín, Die Linke se convierte en el partido más fuerte por primera vez en la historia, con un 26%, impulsado por el problema de la vivienda, inaccesible para buena parte de las familias y los jóvenes. La extrema izquierda deja tras de sí a la Unión Cristianodemócrata (CDU), que había mantenido la tensión del empate durante toda la campaña electoral pero se quedó finalmente en el 20%.
«Querida Berlín, queridos berlineses y berlinesas, vamos a poder hacer de nuestra ciudad un lugar mejor, una ciudad pagable, gracias por vuestra confianza». Así fue la primera reacción de su candidata, Elif Eralp, que llega con el propósito de implementar la expropiación de 200.000 viviendas.
El Partido Socialdemócrata, con un resultado del 12%, indigno para su historia electoral en la capital alemana, queda condenado al papel de hacedor de reyes en la futura coalición de gobierno, que habrá de contar también necesariamente con Los Verdes y su 15,5%. «Catastrófico», fue el primer calificativo salido de la boca de su candidato, Steffen Krach. «Es un punto de inflexión para el SPD de Berlín porque fuimos el 'Partido Berlín' durante años, décadas, y hoy en día ya no se puede decir que seamos los mismos», lamentó.
Inédito también en Berlín es el 13,5% de los votos de Alternativa para Alemania (AfD), que su presidenta Alice Weidel definió como un «resultado fulminante». AfD arrasa en todo el este germano, el antiguo territorio de la RDA, la antigua Alemania comunista, pero Berlín se había resistido a su ascenso, con porcentajes por debajo de los dos dígitos. Esa tendencia ha cambiado en esta cita electoral.
«Quienes nos votan aquí lo hacen sobre todo por su resistencia al límite a los precios del alquiler y cada votante conservador, en Berlín y en toda Alemania, debe saber que si no se termina con el cordón sanitario nos vamos a encontrar con este tipo de resultados», advirtió Weidel apenas se publicaron los sondeos a pie de urna.
El antecedente de Sajonia
En cuanto a Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la victoria de AfD es indiscutible, con un 38% de los votos, un resultado «sensacional», según su copresidente Tino Chrupalla, que celebró el éxito en Schwerin. «Los votantes nos han otorgado claramente el mandato para gobernar y, sinceramente, mirando el resto de los resultados, espero la dimisión del canciller Friedrich Merz tras las derrotas de su partido, sería un alivio para Alemania», declaró.
Los socialdemócratas de la hasta ahora presidenta regional Manuela Schwesig quedan en segundo puesto con el 36,5%, mientras que la CDU y La Izquierda logran entrar por poco en el Parlamento. Si se mantiene el cordón sanitario, podría formarse una coalición de las minorías, pero desde AfD se insiste en que el partido ha «logrado un resultado sólido» y ha «más que duplicado» sus votos, según insistió su candidato Leif-Erik Holm. «Aquí tenemos un mandato de gobierno y, por supuesto, invitaremos a todas las partes a hablar y espero que estén dispuestas».
Las elecciones de este domingo suponen la continuidad del aplastante triunfo de AfD el 6 de septiembre en los comicios de Sajonia-Anhalt. En ese Estado del este del país, la formación ultra se quedó a solo tres diputados de la mayoría absoluta, tras obtener el apoyo de casi el 44% de los votantes y todo apunta a que podrá gobernar con un acuerdo con la izquierda nacionalista de BSW.
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