Kim Phuc Phan Thi | Embajadora de Buena Voluntad de la Unesco
«Mi lista de enemigos se convirtió en mi lista de oraciones»La 'Niña del Napalm' relata cómo pasó del odio al perdón y explica por qué sigue creyendo que una fotografía puede cambiar el mundo
Regala esta noticia Añádenos en Google Kim Phuc Phan Thi posa ante la icónica fotografía de aquel 8 de junio de 1972. (EP)Madrid
13/06/2026 a las 00:01h.Una niña de nueve años corre hacia la cámara completamente desnuda porque el napalm ha consumido su ropa. Sus brazos, quemados, permanecen separados de un ... cuerpo abrasado y parecen buscar alivio en el aire. Grita y llora, rodeada de otros niños aterrorizados que huyen por una carretera delante de varios soldados. Al fondo se eleva una enorme nube de humo procedente del bombardeo. Durante gran parte de su vida, Kim Phuc Phan Thi (Vietnam, 1963) quiso escapar de la fotografía que conmocionó al mundo y que marcó su existencia para siempre. Hoy, en cambio, la considera «una bendición». Embajadora de Buena Voluntad de la Unesco e impulsora de una fundación dedicada a los niños víctimas de la guerra, ha transformado una historia marcada por el odio y el resentimiento en otra de paz y reconciliación. El jueves inaugurará Women NOW, el principal congreso europeo sobre liderazgo femenino que Vocento organiza en Madrid.
-Realmente lo recuerdo muy bien. Mi familia estuvo escondida en un templo durante tres días con otro vecino de la aldea y los soldados de Vietnam del Sur. Solo se nos permitía jugar en el refugio antiaéreo y allí estaba con mi primo Dahn, de tres años. Aquel día, el 8 de junio, después de comer, los soldados vieron la marca de color que indicaba que el templo iba a ser bombardeado y gritaron: «Salgan. Van a arrojar una bomba en el templo». Salí corriendo con mis hermanos y con mi primo, al que ayudó un soldado porque quedó un poco rezagado. Pasamos frente al templo y entramos en la autopista. Luego vi el avión. Era tan grande que no lo podía imaginar. Luego giré la cabeza, miré hacia arriba y vi caer cuatro bombas. Y entonces oí el ruido. ¡Todo fue tan rápido! De repente, se produjo el incendio en todas partes, a mi alrededor. Vi que el fuego quemaba toda mi ropa y vi una llama en mi brazo izquierdo. Usé la mano derecha y la limpié. Y aún recuerdo lo que pensé en ese momento. Pensé que sería fea y que la gente me vería de otra manera. Estaba aterrorizada. ¡Tan asustada! Luego dejé de pensar y salí corriendo del fuego. Vi a mis hermanos, a mi primo y a algunos soldados allí mismo y seguimos corriendo y llorando hasta que llegamos a la carretera. Vi que había mucha gente en una parada y estaba tan cansada de seguir corriendo que me detuve. Grité que tenía mucho calor y recuerdo que uno de los soldados me dio un poco de agua. Pero yo seguía gritando porque tenía demasiado calor y entonces me echó agua encima para tratar de ayudarme. En ese momento me desmayé. No recuerdo nada más.
-Se sintió avergonzada cuando vio la foto por primera vez.
-Estuve en el hospital durante 14 meses y el primer día que llegué a casa mi padre me dio la foto, que había recortado del periódico. Fue la primera vez que la vi y me sentí muy mal. ¿Por qué me tomaron una foto? Estaba tan fea… Estaba agonizando y estaba desnuda. Mis hermanos y mi primo también salían, pero yo estaba desnuda y aparecía en el centro de la imagen. Cuando era niña odiaba esa foto.
-¿Cómo ha sido su relación con el fotógrafo, Nick Ut?
-Es una persona maravillosa. Para toda la familia, y especialmente para mí, fue un héroe. Simplemente lo quiero. Le llamamos tío Ut. Es mi héroe. No solo me hizo una foto, sino que me llevó al hospital y me salvó la vida.
-Cuenta que durante años sintió resentimiento por esa fotografía.
-Cuando llegué a Canadá, después de que me enviaran a estudiar a Cuba, mi sueño era escapar de esa imagen. No quería que nadie me reconociera. Cuanto más famosa era la imagen más me costaba la vida privada. Mi sueño era tener libertad en Canadá, encontrar un trabajo y formar una familia normal. En 1995 unos periodistas me localizaron y publicaron mi foto con mi nombre en el periódico Toronto Sun. Tenía entonces a mi primer hijo, Thomas, de alrededor de un año, y hacía mucho tiempo que no miraba aquella imagen. La reacción fue completamente diferente. Al verla en el periódico me conmoví y abracé a mi hijo porque lo primero que pensé es que no quería que él sufriera nunca como yo había sufrido aquel día. Y no solo él, sino todos los niños del mundo. Cambié mi perspectiva completamente y la foto pasó de ser una maldición a ser una bendición. Tenía que aceptarla. Yo soy esa niña pequeña y no tengo que huir ni escapar de esa imagen, sino trabajar con ella por la paz. Tengo que hacer algo para evitar que eso vuelva a suceder, especialmente con los niños. En ese momento, mi actitud cambió. Así que vi esa imagen como un poderoso regalo para mí para trabajar por la paz..
-Dice que su libertad empezó en Canadá. ¿Alguna vez sintió que su dolor se utilizaba políticamente?
-Claro que sí. Me utilizaron. Cuanto más famosa se hizo la imagen más se utilizó por parte de determinadas personas con poder en Vietnam. Eso me costó mi vida privada. No tenía ninguna libertad. El gobierno me envió a Cuba a estudiar entre 1986 y 1992 y allí conocí a mi marido, que es de Vietnam del norte. Cuando llegué a Canadá fue cuando sentí que podía ser libre. Mi casa es Canadá.
-¿Cómo es su labor de ayuda a la infancia?
-Soy embajadora de buena voluntad de la Unesco. Nuestra misión es ayudar a los niños que son víctimas de la guerra o la violencia. A los desfavorecidos. Trato de ayudar a la gente a entender lo horrible que es la guerra, pero lo hermoso que puede ser el mundo. Creé la Kim Foundation. Construimos escuelas, hospitales y bibliotecas. La educación puede hacer que la vida sea diferente. Nos enfocamos en dar a estos niños una oportunidad.
Oscuridad y cristianismo
-¿Cómo se puede reconstruir la identidad después de convertirse en un símbolo del sufrimiento humano?
-He estado en la oscuridad. He sufrido por dentro y por fuera. Sufrí mucha violencia y había mucho odio y mucha ira. Recuerdo con sinceridad que muchas veces quería quitarme la vida. No quería vivir más. No tenía esperanza ni alegría ni futuro. Cuando cumplí los 19 años me preguntaba: ¿por qué yo?, ¿por qué no morí cuando lanzaron la bomba?, ¿por qué tengo que sufrir tanto? No hice nada malo. Leí el Nuevo Testamento en la biblioteca. Es una historia larga, pero me convertí en cristiana. Creo en Jesucristo. Mi fe ha cambiado porque crecí en una religión diferente en Vietnam, el Cao Dai. Pero no encontraba alivio en ella. Mi corazón no paraba de sufrir. Es difícil de explicar el dolor. Quiero ser honesta porque aquel fue un punto muy bajo en mi vida. Sentía que había gente que me odiaba. No es fácil lidiar con eso. Tenía que tomar una decisión y fue la búsqueda de la verdad. Permítame que llore.
-¿Qué le cautivó del cristianismo?
-Me hice cristiana en Navidad de 1982. Y con esa fe recé: «Que Dios me ayude». No quiero quedarme en esa situación, en esa oscuridad. Tengo que moverme. En español, puedo decir: «Adelante». Porque quiero seguir adelante. Al leer la Biblia me cautivó aquella frase de Jesús: «Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen». Me marcó. Así que empecé a rezar y a desarrollar esa actitud. Y cuanto más rezaba, mejor me sentía. No fue de la noche a la mañana, pero adquirí una base. Empecé a rezar por mi enemigo todos los días y eso ha sanado mi corazón. Me he dado cuenta de que mi lista de enemigos se convirtió en mi lista de oraciones. No sé sus nombres, pero rezo por los pilotos que lanzaron la bomba, por las personas que me controlaron y por todos los que me causaron sufrimiento. Cuando ya has asimilado ese rezo significa que ya no los odias. Mi corazón se liberó así. Miro ahora mi cicatriz y ahora me encanta. Ya no la odio. Cuanto más rezo, más paz tengo. Así es como he logrado construir mi vida. Como una cultura de paz.
-¿Cree que una fotografía todavía puede cambiar el curso del mundo actual? ¿Cree en el periodismo?
-Sí. Lo creo. Se me rompe el corazón cuando escucho las noticias, pero no me doy por vencida. Aún tengo esperanzas. Para mí, esa imagen sigue teniendo un gran impacto, no solo en mi vida, sino incluso en la de las personas que la ven. Les toca el corazón.
-¿Qué siente cuando los jóvenes nacidos décadas después reconocen su foto?
-Estoy muy contenta de que suceda eso. Es una manera de que los jóvenes se sensibilicen y aprendan de mi historia.
-¿Cómo ve las guerras actuales? ¿Cree que estamos mejor ahora que en el pasado?
-Para mí cada guerra es la peor. No podemos decir si la guerra de Vietnam fue mejor o peor que las actuales. La guerra es destruir y matar, perder y sufrir. Las guerras no son diferentes, lo son las épocas.
-Si pudiera hablar ahora con esa niña que lloraba y corría desnuda aquel día, ¿qué le diría?
-A esa niña de 1972 le diría que nunca se rinda y que nunca se dé por vencida. Ahora solo quiero que la gente la mire. Mire cómo estaba entonces: llorando, con dolor, con miedo. Y mire como está esa niña hoy: soy una esposa, madre, abuela y superviviente que clama por la paz para siempre. Aprendamos de ello.
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