Doribel, a quien su novio intentó asesinar en una lonja en Vizcaya, quiere ser un «ejemplo de lo que no hay que soportar»
Regala esta noticia Doribel arrastra graves secuelas por el ataque. (Luis Ángel Gómez)Ainhoa de las Heras
04/05/2026 a las 11:40h.Doribel Jarquín Barrientos, nicaragüense de 27 años, despertó en la Unidad de Grandes Quemados del hospital de Cruces (Vizcaya) después de 22 días en ... coma inducido, hace justo cuatro años. Según se supo después, su pareja, Aitor Burgos, vizcaíno de 36, la había rociado con líquido inflamable y prendido fuego mientras dormía con su hija, de dos años, en la lonja en la que convivían desde hacía unos meses, en el barrio bilbaíno de Atxuri. La salvajada ocurrió en la madrugada del 30 de abril de 2022. El autor, Aitor Burgos, de Santurtzi (Vizcaya), fue condenado a 21 años de prisión por intento de asesinato y en la actualidad sigue cumpliendo condena.
Al salir del coma, la mujer no podía hablar. Su hermana pequeña, su «ángel de la guarda», que se desplazó desde Sevilla para cuidarla y hacerse cargo de la niña, la velaba. Alba sospechó de él desde el primer momento. «Si esto te lo ha hecho Aitor, apriétame la mano» y Dori se la estrujó. Cuando recuperó la movilidad de un brazo y pudo escribir, relató por escrito lo que él le había hecho. La Ertzainta abrió una investigación y detuvo al sospechoso. De aquella noche aciaga, como estrategia de defensa psicológica, sólo recuerda «como nubes. Un ardor, algo que me quemaba. Y dolor, mucho dolor. Mi enfoque era la niña. Repetía su nombre para que la sacara de allí. Salí por mi pie, buscándola».
Cuando la trasladaron a planta –estuvo cuatro meses hospitalizada– cubrieron el espejo de la habitación para que no pudiera mirarse, y cerraron la ventana, «Si no, me habría suicidado», admite ahora. Estaba llena de vendajes y cuando se veía en el reflejo de la pantalla del móvil de su hermana, intuía algo grave. Pero el mayor impacto se lo llevó cuando descorrieron la tela que cubría el cristal. Su psiquiatra estaba a su lado para ayudarla a asimilar el duro trance.
Pelucas y lentillas de colores
El Correo. Pero, hoy en día, mira al futuro con optimismo. «Sueño con ver crecer a mis hijos, con un mundo igualitario, con las mismas oportunidades para hombres y mujeres». Tiene un niño mayor, que vive con su madre en Nicaragua y habla con él a diario por video llamada, y una niña, que estaba con ella cuando su compañero la prendió fuego, que se está criando con su abuela paterna, y puede ir a verla los domingos.Después de salir de un centro para mujeres maltratadas, ahora vive en una residencia, donde la cuidan y controlan la medicación. Tiene continuas citas médicas. Lleva ya más de una decena de operaciones y aún tiene pendientes otras. De momento, Dori no puede hacerse cargo de los menores, aunque se considera una «madre presente». Está pendiente de los problemas médicos y de sus deberes.
En la calle le clavan las miradas y a veces le preguntan qué le ha pasado. Le han llegado a llamar «la quemada», pero ella no quiere que «esto que he pasado me defina, sino que me empuje. Soy mucho más que eso». «Sigo viva y con un propósito, ayudar a otras víctimas», se convence. Las invita a huir de sus agresores, a salir de ese infierno y denunciar, a buscar asociaciones, como las que le arroparon a ella, Sortzen, Emakumeok bidean o Clara Campoamor.
Un clavo ardiendo
La «película de terror» de la que ha sido protagonista involuntaria comenzó a finales de 2021, cuando conoció casualmente a Aitor «en un banco». Llevaba desde 2018 en Euskadi. Había emigrado con su anterior pareja y padre de su hija, del que se separó. Necesitaba un techo bajo el que guarecerse con su pequeña y él le ofreció el alquiler de una habitación en Atxuri, a la que se mudó de inmediato con la niña. «Me agarré a un clavo ardiendo», reconoce. Iniciaron una relación, que apenas duró cuatro meses.
Enseguida, empezó a ver la cara oscura. El individuo, encapuchado, llegó a atropellar intencionadamente en Igorre a una hermana de Dori a la que reclamaba una pequeña deuda de 300 euros por el alquiler de la vivienda que habían compartido. Este caso aún no ha sido juzgado. Desde aquel terrible episodio, todo cambió en la pareja. «Me dijo que a partir de ese momento, tendría que hacer todo lo que él dijera. Me tenía encerrada en casa, me controlaba el móvil...». Dori se escapó y llegó a acudir a una comisaría, pero asegura que no le quisieron coger la denuncia. Planeó marcharse a Nicaragua, pero cinco días antes del vuelo, él le espetó. «¿Crees que soy tonto? Ya sé que me vas a denunciar». Esa noche ocurrió todo. La mujer se acostó con su hija después de cenar pizza. En la vista oral, el acusado recordó que su padre se había suicidado y que se había rociado con colonía y prendido fuego. Aquello le marcó. Nunca se llegó a averiguar qué producto acelerante utilizó para quemar a Dori.
Nacida en San Carlos Río San Juan (Nicaragua) y licenciada en ingeniera de sistemas de Información y Comunicación, la joven ha conseguido homologar su título siete años después. Ahora quiere ponerse a estudiar y reciclarse, aunque no sabe si podrá llegar a trabajar. «Es muy triste y me genera mucha impotencia».
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