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Michele Ruol, el anestesista al que susurran los objetos y los bosques

Michele Ruol, el anestesista al que susurran los objetos y los bosques
Artículo Completo 752 palabras
El narrador italiano «escucha» la memoria de la naturaleza y de las cosas para conjurar los estragos del duelo en su primera y sorprendente novela
Michele Ruol, el anestesista al que susurran los objetos y los bosques

El narrador italiano «escucha» la memoria de la naturaleza y de las cosas para conjurar los estragos del duelo en su primera y sorprendente novela

Regala esta noticia Añádenos en Google Ruol en su reciente visita a España para presentar su libro. (Siruela)

Miguel Lorenci

Madrid

30/06/2026 a las 15:10h.

Como el bosque renace de sus cenizas tras el más voraz de los incendios, los humanos podemos resurgir tras la caída en el insondable abismo ... del duelo. Y el analgésico pueden ser los objetos, esas cosas que son «bancos de memoria y emociones», según Michele Ruol (Chicago, 1986). Es un anestesista, escritor y dramaturgo italiano que, trabajando en un hospital en plena pandemia, atenazado por el temor de contagiar a su hijo, conjuró su pánico diseccionando el dolor con precisión quirúrgica.

Los 'narradores' son noventa y nueve objetos de la casa abandonada de una familia devastada por la muerte de sus dos hijos en un accidente de tráfico. Ruol desentraña el intenso y cambiante dolor de los padres durante dos décadas. «No quería contar solo el catastrófico incendio. Y eso necesitaba tiempo, como ocurre con nuestras vidas», explica el autor. «La vida no se para, como el bosque, que vuelve a germinar tras el incendio, aunque no brote exactamente igual. La vida siempre halla nuevos modos y nuevos espacios», resume.

'Inventario de lo que queda cuando el bosque arde' afronta el tabú del dolor y busca rutas para regresar del abismo del desánimo

«Los objetos absorben la historia y la memoria de quienes los poseen. No están vivos, claro, pero tampoco son inanimados. Son como talismanes que nos hacen recordar. Son tangibles y perduran. Resisten el final de nuestras relaciones e incluso a nuestra propia muerte», enumera un Ruol atento siempre a lo que dicen las cosas.

«'Escuchamos' lo que nos cuentan los objetos. Con la arqueología, a través de fragmentos, restos, vestigios o monedas, reconstruimos historias, vidas y civilizaciones. Hago lo mismo a nivel más doméstico», precisa el escritor italiano. «Los objetos son un filtro para llegar a las personas, que es lo que me interesa», explica.

Ficha técnica

  • 'Inventario de lo que queda cuando el bosque arde'

    • Autor: Michele Ruol

    • Editorial: Siruela

    • Número de páginas: 248

    • Precio: 21,95 euros

«La brevedad es perfecta para mi manera de escribir», dice Ruol que ha conformado un mosaico narrativo con lacónicos fragmentos asociados a cada uno de los objetos -lavadoras, bicicletas, abrecartas, gafas, ropas, juguetes, muebles…- «que encierran la memoria de un nosotros que se resiste a desvanecerse». «Quería narrar con la mayor honestidad posible y debía eliminar todo lo superfluo, sensacionalista o sentimental», precisa.

Su relato no es lineal. Salta del pasado al futuro sin aclarar cuál es el presente. «Eso me permitía contar los veinte años anteriores y los veinte posteriores de los sucesos». «Una estructura narrativa lineal suponía descender a un agujero negrísimo que lastrara la lectura», plantea. «Saltar entre los tiempos permite combinar los momentos de dolor y cambiar la temperatura emotiva del relato».

Sin nombres

Tampoco hay nombres. Solo aparecen Padre, Madre, Mayor y Menor, «espejos de los roles y emociones universales que todos experimentamos» explica. Tras el accidente, los progenitores se distancian. «Ya no son madre y padre de nadie. Deben reconstruir sus vidas e identidades desde cero. Una situación extrema que todos la vivimos al perder una relación o al desaparecer algo que nos definía» plantea.

Desde el dolor particular, Ruol explora el universal. «Todos tenemos lutos, cada cual con su singularidad. No es igual para el padre que para la madre. Cada uno tiene su modo de afrontarlo y superarlo. Quería contar la experiencia de la aparición del dolor en nuestras vidas, hacer presente un tabú del que hoy no se quiere hablar».

La historia llevaba años fraguándose en su cabeza, pero se precipitó con la irrupción del Covid. En la primavera de 2020, Ruol trabajaba como anestesista en una UCI y acababa de tener a su segundo hijo. «Llegaba a casa, me quitaba la ropa en el garaje y me duchaba antes de entrar. Pasé meses sin tocar a mi hijo. No sabíamos qué era el Covid y temía dañar a un ser tan frágil como él», rememora.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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