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Regala esta noticia Añádenos en Google 26/07/2026 a las 23:49h.Cena lista
Mi marido es de gustos sencillos. Prefiere una tortilla de patata antes que cualquier plato sofisticado. Corto las patatas en láminas mientras él baja la ... basura. Las echo en la sartén con el aceite de oliva virgen extra bien caliente. Mi marido tarda en subir. Las saco con la espumadera. En un bol bato los huevos. Mezclo los ingredientes y de nuevo a la sartén. Oigo el ascensor. Sube con la vecinita nueva. Otra vez. Se creen que me chupo el dedo. Vierto una cucharada de raticida. Vuelta y vuelta. Le gusta poco hecha.
Conticinio
Necesito desesperadamente salir. Sentir el aire fresco de la noche en mi piel. Emborracharme con las mil fragancias de esta incipiente madrugada otoñal. Estoy harta de estar encerrada. Me cansa sobremanera el ruido de fondo de la televisión y detesto a Juan cuando no deja en paz el móvil. Quisiera decirle algo, pero no me atrevo. Pero ya es de noche y necesito salir. ¿Qué hago? ¿Salto sobre él? O, mejor, ¿me meo en la alfombra? ¡Qué disparate! ¿Cuándo empecé a pensar como una perra? Ah, ahí viene Silvia con mi correa en la mano. ¡Qué buena es mi ama!
Los devueltos
El Mediterráneo soportó hoteles, puertos deportivos, cruceros, millones de selfies... Todo lo que llamábamos progreso. Cuando edificaron sobre la última duna, empezó a tragarse turistas. Se habló de corrientes, imprudencias y mala suerte. Nadie sospechaba. Meses más tarde, empezó a devolver ahogados. Ninguno recordaba qué había ocurrido bajo el agua, pero se sentían transformados. Volvían incapaces de dejar basura, arrancar posidonia o llevarse siquiera una concha. Y, además, no dejaban de recomendar la experiencia con cinco estrellas. El Mediterráneo había comprendido que los muertos no iban a cambiar nada, pero los devueltos, quizás, sí.
Frecuencia compartida
No estaban diseñados para sentir, pero algo en sus circuitos vibraba al coincidir. Durante semanas se observaron entre trenes, intercambiando paquetes de datos cifrados. Un día decidieron sincronizar sus rutas. R-17 desvió su trayecto por la Línea 1 y K-9 por la Línea 3. Se buscaron a través de los algoritmos de tránsito, hasta que sus rutas convergieron en la misma estación. Allí, entre humanos distraídos y pantallas publicitarias, sus sensores se alinearon. No era amor. Era algo más antiguo: conexión.
Apología crítica
Ella solo permite dos rutas: buscar desesperadamente más placer en un ridículo intento de olvidarla, o comprenderla. Sin aceptar argumentos disuasivos ni vanaglorias, reina sobre todas las legiones de seres. A pesar de las certezas que concita, es imposible calcular lo que arrastra consigo y lo deja al pairo. Reduce a mera simplicidad algoritmos y combinaciones silábicas. Nadie agradece el dolor de parto que provoca, ni la belleza que desprotege en consecución de la verdad. Jamás nos abandona. No sobreviviríamos sin sus calladas labores hercúleas. Decidimos llamarle muerte, porque nos ha resultado imposible encontrar el digno nombre que merece.
Asiento reservado
Aprovechaba la ausencia de pasajeros en la hora taciturna de sus trayectos en autobús para sentarse en los «asientos reservados». Nada en ella aparentaba que cumpliese con alguno de los requisitos que mostraban las figuras del cartelito adosado en los asientos. Pero ella se embelesaba, y con una mano acariciaba la silueta del dibujo de la mujer embarazada, mientras que con la otra mano se masajeaba el ombligo. Siempre con la esperanza de que pronto se produjese el milagro y entonces sí, pudiese sentir la alegría de saber que el destino le había reservado un asiento.
Una hostia a tiempo hace milagros
Mi pareja dice que le pegaría a nuestro hijo. «Hay momentos en que se lo ganan», sentencia. No quiero tener hijos. Entonces, ¿por qué me enfada tanto ese comentario? Le pregunto a ChatGPT por qué mi pareja me lleva la contraria en los valores fundamentales que hasta anoche compartimos cuando llorábamos frente al televisor con la historia de Saroo, un niño de 5 años tratando de sobrevivir a los slums de la India. ChatGPT me dice que quizá le pegaron a él, cuando era pequeño, como a Saroo. ¿Es una red flag o me paso a la versión de pago?
Un anuncio sorprendente
En un principio no reparé en él. Andaba concentrado en la exposición que una señora estaba realizando sobre la actualidad política del país. Y es que el pobre estaba tan callado, tan quietecito, sin denotar su existencia lo más mínimo... Ya no estamos acostumbrados a eso. Solo cuando acabó el razonamiento de la señora pude verlo allí bajo sus palabras, tan elegantemente discreto, sin avasallar, sin saltar por todos lados ni emitir sonido alguno, sin forzarte a una tediosa espera para continuar. No recordaba cómo era la publicidad en un diario de papel.
El extraño caso del hombre que murió dos veces
Cuando la última visita abandonó aquella aséptica sala del tanatorio, Ana se derrumbó sobre un sillón y quedó ensoñada mirando el féretro. Sabía que esto de la muerte no los iba a separar. Aún percibía con claridad su vibración, la luz que siempre había irradiado su persona hacia ella. ¿Vibración, luz? Volvió en sí al apreciarlas realmente y se dirigió hacia el cuerpo. Con cierto desencanto extrajo de la chaqueta el móvil que en silencio mostraba una llamada entrante.
Ana2... ¿Quién será?
Un mundo extraño
Las olas apenas los balancean. Las gaviotas chillan. El mar es un sueño hecho de sal, una masa infinita donde cabe todo. Dos niños juegan en la arena. Miran el horizonte y solo ven azul. Lejos de la orilla todo es azul y no termina nunca. Érase una vez un planeta extraño donde todo el mundo tenía miedo y algunas criaturas levantaban muros para impedir la llegada de otras gentes. Y érase una vez un pueblo que soñó una vida mejor y, ligero de equipaje, un día se entregó al mar.
Resiliencia
Marina enfermaba por el mero hecho de tener que enfrentarse a los avatares de la vida. Hasta el más mínimo problema cotidiano resultaba un motivo de profunda desazón y sufrimiento para ella. Una cita amorosa o un examen de matemáticas bastaban para desencadenar en su cuerpo una sucesión de taquicardias, cefaleas, pruritos, eccemas, diarreas, vómitos, fiebres y sudores. Y es por ello que, cuando murió, estaba perfectamente sana.
La artesana
El periódico lo es todo para ella. No para leerlo, sino para desarmarlo. Cada mañana recorta las noticias más oscuras y las transforma: una guerra se vuelve una grulla de origami, un desastre natural se convierte en una flor, un crimen en un barco diminuto. Cuando termina, regala sus creaciones. Las deja en el parque, en portales, en manos distraídas. El mundo, sin saber por qué, amanece un poco más seguro y la gente un poco más feliz. Ella sonríe y sigue doblando papel.
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