Mijaílo Fédorov, el exministro de Defensa de Ucrania. @FedorovMykhailo X
Europa Mijaílo Fédorov, el artífice de la revolución tecnológica militar de Ucrania al que Zelenski cesó por sus roces con los generalesSu destitución ha sacado a los ucranianos a la calle por primera vez desde el verano pasado.
Más información:Clamor en Ucrania contra Zelenski por el cese del ministro de Defensa: protestas en la calle y dimisiones en el Ejército
Guillermo Ortiz Publicada 17 julio 2026 02:44h Las clavesLas claves Generado con IA
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, destituyó el pasado miércoles por la noche a su ministro de Defensa, Mijaílo Fédorov, dentro de una amplia reorganización del Gobierno que ya había arrancado el fin de semana anterior con la salida de la primera ministra, Yulia Sviridenko.
Fédorov, de 35 años, anunció su marcha en Telegram con una notable sobriedad —dijo que había sido "un gran honor servir al pueblo ucraniano"— y enumeró los logros de su breve mandato. No hubo explicación oficial sobre las razones del cese, y el Parlamento debía votar este jueves el nuevo reparto de carteras.
Clamor en Ucrania contra Zelenski por el cese del ministro de Defensa: protestas en la calle y dimisiones en el EjércitoLo que siguió no estaba en el guion. En la mañana del jueves, justo después del minuto de silencio nacional por los caídos, más de 1.000 personas se congregaron en una plaza céntrica de Kyiv entonando el himno, ondeando banderas ucranianas y europeas y coreando "vergüenza" y "que vuelva Fédorov".
Las concentraciones se replicaron en otras ciudades. Es la primera vez desde las protestas del verano pasado en defensa de los organismos anticorrupción que la indignación digital se traslada a las calles, algo insólito en un país en guerra y bajo la ley marcial.
El subcomandante de la Fuerza Aérea, Pavló Yelizárov, dimitió en solidaridad, advirtiendo de que apartar a Fédorov costará vidas.
La reacción da la medida del personaje. Que la destitución de un ministro provoque manifestaciones en plena guerra, cartas de dimisión y llamamientos para que Zelenski recule —desde el exembajador estadounidense en Moscú, Miguel McFaul, hasta figuras destacadas de la sociedad civil— no es lo habitual.
Para entender por qué Fédorov genera esa lealtad hay que retroceder siete años, hasta mucho antes de que pisara el Ministerio de Defensa. Porque su popularidad no nació en los cuarteles: nació en un teléfono móvil.
Del Estado en un smartphone al ejército de drones
Fédorov llegó a la política como especialista en marketing. Fue el joven de 28 años al que Zelenski, entonces presentador de televisión, encargó la campaña en redes que lo catapultó a la presidencia en 2019.
Recompensado con un ministerio creado a su medida —Transformación Digital—, se convirtió en el miembro más joven del Gabinete y emprendió una cruzada contra la burocracia soviética.
Sus ideas se concretaron en Diia, "acción" en ucraniano, una aplicación bautizada como "el Estado en un smartphone" que permite registrar un coche, un matrimonio o un divorcio desde el teléfono.
Volodímir Zelenski recibe a su ministro de Defensa, Mijailo Fédorov. Presidencia de Ucrania
Hoy la usan 23 millones de ucranianos, está instalada en tres de cada cuatro móviles del país y, según su ministerio, ha ahorrado al Estado y a sus ciudadanos el equivalente a miles de millones de euros.
La invasión rusa de 2022 lo transformó todo. El ministro digital reorientó su departamento hacia la guerra con una intuición que resultó decisiva: cuando Rusia atacó, Fédorov lanzó un llamamiento público a Elon Musk para que activara Starlink sobre Ucrania, y el dueño de SpaceX lo hizo de inmediato.
Hoy, el Ejército ucraniano depende de decenas de miles de terminales Starlink como columna vertebral de sus comunicaciones.
Suyo fue también el concepto del "ejército de drones": un sistema que premiaba con puntos canjeables por armamento a los soldados capaces de verificar en vídeo sus impactos, y que de paso generó una montaña de datos de combate.
Cuando llegó a Defensa en enero, Ucrania había pasado de siete fabricantes de drones a más de quinientos.
Sus seis meses al frente del Ministerio coincidieron con el mejor momento militar ucraniano en mucho tiempo. Se le atribuye haber acelerado la compra de drones, haber cortado a las unidades rusas el acceso a Starlink y haber revisado a fondo el sistema de adquisiciones, con el consiguiente ahorro para las arcas nacionales.
El día de su marcha reveló que Ucrania había probado con éxito un misil balístico un 30% más barato.
Ahora bien, no todo fueron aciertos: chocó frontalmente con el comandante en jefe, Oleksandr Sirski, por sus planes de reforma del ministerio y de las Fuerzas Armadas, y no logró resolver el problema más espinoso de todos, el de una movilización cada vez más impopular.
Comandante Aquiles, el pionero de los drones en Ucrania: "Si la Rusia de Putin sobrevive, la guerra llegará a Europa"Ese doble frente —un general incómodo y un reclutamiento atascado— es la grieta por la que se intenta justificar su caída.
El rival que Zelenski no quiere a su lado
Aquí aparece la pregunta que sobrevuela toda la operación: ¿por qué aparta un presidente a su ministro más valorado en mitad de una guerra que empieza a irle bien? La respuesta que manejan los analistas de Kyiv tiene menos que ver con la gestión que con la política.
Fédorov es el único ministro que ha sobrevivido a todos los gobiernos de Zelenski desde 2019, un superviviente nato, y su prestigio había crecido hasta convertirlo en un nombre que sonaba, incluso, para primer ministro.
En un país donde las elecciones están prohibidas mientras dure la ley marcial y la reorganización de cargos es casi la única herramienta política disponible, un ministro demasiado popular deja de ser un activo para volverse una amenaza.
El patrón no es nuevo. El pasado noviembre, cuando el escándalo de corrupción salpicó a su todopoderoso jefe de gabinete Andrí Yermak, Zelenski lo sustituyó por el jefe del espionaje militar Kirilo Budánov.
Andrí Yermak y Volodímir Zelenski durante su reciente visita a España. Violeta Santos Moura Reuters
La lógica se repite: la idea es rodearse de figuras fuertes, pero mantenerlas a raya, moviéndolas de silla antes de que echen raíces. El propio Fédorov encaja en esa incomodidad.
El periódico Ukrainska Pravda ha informado de que estaba en "conflicto irreconciliable" con otros miembros del Gabinete involucrados en el gasto en defensa, presuntamente por su negativa a participar en ciertos tejemanejes. Un ministro honesto y adorado por la calle es, para un poder acostumbrado a moverse entre lealtades, una anomalía difícil de administrar.
Y ahí aparece el trasfondo que todo lo tiñe: la corrupción. La reorganización gubernamental es parte de la onda expansiva del caso Midas, la investigación sobre una trama de sobornos de 100 millones de dólares en la nuclear Energoatom que se llevó por delante a Yermak y mantiene bajo presión a todo el entorno presidencial.
Sviridenko, la primera ministra saliente, cargaba con la etiqueta de ser "la favorita de Yermak", y su relevo se vendió como una señal de "desyermakización". El problema es que, según fuentes ucranianas, el favorito para sucederla es Sergúi Koretski, directivo vinculado a Timur Mindich, principal investigado del caso, hoy en busca y captura.
La operación limpieza corre el riesgo de acabar colocando a un hombre de la propia trama que decía combatir.
¿El principio de una carrera presidencial?
Queda por dilucidar qué será de Fédorov, y ahí se juega buena parte del futuro político ucraniano. No está claro siquiera quién ocupará su puesto ni si Fédorov aceptará algún otro cargo, como una vicepresidencia sin cartera.
Elon Musk apaga el Wi-Fi en las trincheras rusas: "La guerra ha vuelto a 2024, cuando no tenían superioridad con los drones"Lo que sí está claro es que sale por la puerta grande, convertido por sus partidarios en "el mejor ministro de Defensa de nuestra historia" y con una legitimidad en la calle que ningún otro miembro del Gobierno posee. En política, ese capital no se evapora: se almacena.
La comparación con Valeri Zaluzhni, el general destituido en 2024 y enviado como embajador a Londres precisamente para alejarlo del foco político, es inevitable.
Zelenski tiene un historial de neutralizar a los populares apartándolos con elegancia, pero hasta ese método tiene límites. Fédorov es joven, tecnológico, reformista y ahora, además, mártir de una destitución que la gente ha percibido como injusta.
Reúne casi todos los ingredientes del outsider que un electorado exhausto podría abrazar el día que se levante la ley marcial y el país vuelva a las urnas. La confianza en Zelenski se mantiene estable en torno al 60%, pero el desgaste de más de cuatro años de guerra, apagones y escándalos es un terreno fértil para quien sepa capitalizarlo.
Nada de esto es inminente: no habrá elecciones mientras dure la guerra y Fédorov no ha dado un solo paso que sugiera deslealtad. Dicho esto, la paradoja de esta semana es difícil de ignorar.
Al apartar a su ministro estrella para conjurar el fantasma de un rival, a Zelenski le ha podido salir el tiro por la culata: convertir a un gestor discreto en un símbolo, y a un símbolo en una promesa.
Los carteles de cartón que este jueves pedían su regreso en la plaza de Kiev no reclamaban solo a un ministro. Reclamaban una idea de país —eficaz, limpio, moderno, etc.— que hoy tiene, por primera vez, un rostro fuera del Gobierno.