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Carretera colapsa en Líbano por los ciudadanos que vuelven a sus casas. Efe Miles de libaneses regresan a casa pese al temor a nuevos bombardeosAunque sigue la amenaza de Israel, los desplazados del sur del país expresan a la vez su euforia por el alto el fuego y sus dudas sobre el fin de la guerra
Nathalie Duplan
Jezzine
Viernes, 17 de abril 2026, 21:13
... a las poblaciones desplazadas para que no regresaran a sus aldeas hasta estar seguras de las intenciones del «enemigo», la carretera Beirut-Saida está completamente colapsada desde la madrugada del jueves.Pero, en este primer día del alto el fuego, se necesita mucho más que unas cuantas bombas para enfriar la euforia de los residentes que regresan a su tierra.
A lo largo de la ruta, banderas amarillas o rojas de Hezbolá, banderas con la imagen de Hasán Nasralá –su exsecretario general asesinado el 27 de septiembre de 2024–, banderas verdes de Amal (la otra milicia chií) y banderas iraníes ondean en los vehículos que se dirigen al sur. Los niños asoman la cabeza por los techos corredizos y hacen la 'V' de la victoria. Una mujer con velo negro conduce un coche cargado de colchones, cantando a todo pulmón las canciones de la resistencia. Varios niños duermen en la parte trasera de un vehículo averiado, detenido al borde de la carretera.
«Esto es exactamente lo que me temía. Los de Hezbolá se creen victoriosos», apunta una mujer libanesa
No todo el mundo comparte la alegría que inunda la ruta costera. Un conductor, perdido entre la multitud entusiasta, hace una mueca y se encoge de hombros. En la cuneta, a la entrada de Saida, una mujer que presencia la escena de este éxodo de vuelta comenta: «Esto es exactamente lo que temía. Los de Hezbolá se creen victoriosos. Me preocupa lo que pueda pasar en el futuro». Otra mujer le contesta: «¿Qué esperabas?».
Un hombre, que desconfía de Israel, afirma que estaba «seguro de que, de inmediato, la gente iba a regresar a su casa, aunque esté destruida. Pero habrá que ver si esto no es una trampa tendida por los judíos».
Viaje del patriarca maronita
La jornada coincide con el segundo viaje a la región del patriarca maronita, la rama cristiana mayoritaria en Líbano. El primer desplazamiento del cardenal Bechara Boutros Rai tuvo lugar el día del alto el fuego entre Irán y Estados Unidos, el pasado 8 de abril. En aquel momento, los combates continuaban y, por dondequiera que iba el Patriarca, resonaban los disparos. Ya no hay explosiones.
Tras Saida, el convoy que lo acompaña se dirige tierra adentro hacia Jezzine. Las banderas amarillas que ondean al borde de la carretera ya no son las de Hezbolá, sino las del Vaticano: el nuncio apostólico acompañará al patriarca en la celebración de la misa. La ceremonia se retrasa.
En los pueblos por los que pasa, el patriarca es detenido por los lugareños que desean saludarlo. La cálida bienvenida hace olvidar las críticas de quienes lamentaban la demora del líder de la Iglesia maronita en visitar esta región olvidada de todos. Ahora reina un ambiente de gratitud. También porque el convoy transporta ayuda humanitaria proporcionada, entre otras, por ONGs como Caritas y L'Œuvre d'Orient.
Vincent Gelot, director de esta asociación francesa, explica que «aunque haya una tregua, queremos seguir organizando convoyes porque no sabemos si durará. Queremos que los habitantes puedan resistir un tiempo». Añade que «tanto si el futuro trae paz como guerra, siempre estaremos ahí para la gente. Esa es nuestra misión. No somos una organización que hace proyectos y luego desaparece. Construimos una relación de amistad con las personas a las que apoyamos y nunca la rompemos. Sean cuales sean las circunstancias».
«La guerra volverá»
En Qrayeh, Lebaa, Jezzine y en todos los pueblos del sur que no fueron alcanzados directamente por los bombardeos pero sí por el conflicto, los sentimientos son encontrados. Elie es uno de los pocos residentes de Jezzine que no ha ido a recibir al patriarca en la iglesia de San Marón. En este día caluroso, tiene que cuidar de su rebaño de cabras: «¿Durará el alto el fuego? Quizás diez días. ¿Y después? La guerra sin duda volverá a empezar».
Cerca del cargamento de 30 toneladas que se está descargando, Georges confiesa que «esta tregua nos permite respirar un poco. Después... ya veremos». Una mujer europea que visita el sur de Líbano por primera vez comenta sorprendida que «parece que la gente no cree en el alto el fuego». Un residente le responde: «Es cuestión de experiencia. Mantenemos la esperanza, creemos que la paz puede llegar, pero sería ingenuo por nuestra parte no tener dudas».
Justificando su cautela, al final del día se sabe que un ataque aéreo israelí ha causado víctimas al alcanzar un automóvil y una motocicleta. Por su parte, Hezbolá apoya el alto el fuego y espera sea integral, pero advierte que permanece con el «dedo en el gatillo».
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