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Mis padres se divorciaron, ¿tengo más papeletas de que me pase a mí?

Mis padres se divorciaron, ¿tengo más papeletas de que me pase a mí?
Artículo Completo 927 palabras
Nadie nace condenado a heredar las penas de la familia, pero la epigenética explica que sí hay una predisposición a desarrollar ciertas vulnerabilidades
Mis padres se divorciaron, ¿tengo más papeletas de que me pase a mí?

Nadie nace condenado a heredar las penas de la familia, pero la epigenética explica que sí hay una predisposición a desarrollar ciertas vulnerabilidades

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Solange Vázquez

12/09/2026 Actualizado a las 19:30h.

Cuántas veces lo habremos pensado: «Es que en mi familia somos todos de reaccionar así» o «parece que llevamos el divorcio en la sangre». Tranquilidad: ... nadie nace condenado a arrastrar las penas de sus antepasados o a repetirlas como si esto fuera una telenovela o una maldición familiar. Sin embargo, la ciencia lleva años haciéndose la misma pregunta: ¿de verdad se pueden 'heredar' aspectos como los traumas, la tendencia a separarse de la pareja o las conductas adictivas? La respuesta corta es sí, ¡pero no como te lo imaginas!. Y la larga nos lleva a hablar de emociones, del entorno en el que vivimos y hasta de pequeñas 'marcas' en nuestras células.

En la misma línea se expresa el experto Julio Rodríguez, psicólogo y divulgador científico experto en genética, quien también desmonta cualquier halo esotérico de estas 'herencias': «Lo que puede transmitirse, mediante una combinación todavía no completamente comprendida de factores biológicos, prenatales, familiares y sociales, es una mayor o menor susceptibilidad a determinados problemas». Es decir: tu abuelo te deja en herencia la casa del pueblo y, con suerte, sus ojos grises, pero nunca sus pesadillas, si acaso, una tendencia a estar demasiado alerta ante un posible peligro, por ejemplo.

Entonces, si los traumas no cambian el código genético, ¿dónde demonios se 'guardan' esas vulnerabilidades heredadas? Aquí es donde entra en juego la famosa epigenética, ese concepto tan de moda en redes sociales. Para entenderlo, Rodríguez nos regala una metáfora: «El genoma sería un libro, y los genes las frases del libro, con sus palabras y sus letras; la epigenética sería como las anotaciones que vas haciendo a los márgenes mientras vas leyendo el libro, resaltar esta o aquella frase, marcarlas, subrayarlas e incluso tacharlas. Mientras existan las anotaciones, estas modifican, resaltan o emborronan el significado de las palabras, pero las letras que hay por debajo seguirían siendo las mismas. Y si borramos con una goma las anotaciones, las letras permanecen inalteradas». Por eso, vivencias extremas pueden poner 'notas al margen', sobre todo en nuestro sistema de regulación del estrés.

Llegados a este punto, volvemos a la pregunta del millón: ¿estamos condenados a repetir la historia familiar? La respuesta es un rotundo no. «Si la genética no es determinista, la epigenética mucho menos. Volviendo al símil anterior, igual que hacemos una nota al margen del texto, un subrayado o un tachado, lo podemos borrar», tranquiliza Rodríguez.

¿Cómo se elimina o minimiza el riesgo de transmisión? Tratando los traumas de los padres, aprendiendo a regular las emociones, construyendo relaciones de apego seguro y ofreciendo a los hijos un entorno estable. «Una generación que recibe una vulnerabilidad puede transmitirla, transformarla o detenerla –sostiene–. La biología influye, pero nunca escribe por sí sola su desenlace».

Divorcio, adicciones...

¿Existe el 'gen del divorcio'? Es uno de esos temas que triunfan en redes sociales: «Si tus padres se separaron, tienes un X% más de probabilidades de divorciarte». ¿Leyenda urbana o realidad científica?

Julio Rodríguez le pone números y cordura al asunto: «Algunos estudios han encontrado una contribución genética moderada al riesgo de divorcio, pero eso no significa que exista un 'gen del divorcio'. En estudios poblacionales –como uno realizado en Suecia–, la heredabilidad estimada del divorcio es del 21% en hombres y del 31% en mujeres».

Pero, ¿qué es lo que realmente se hereda? Según el experto, lo que se transmite genéticamente son rasgos de personalidad como la impulsividad, la búsqueda de sensaciones, la vulnerabilidad a ciertos trastornos o formas de relacionarse. También pasa con las adicciones, por ejemplo. Pero el ambiente manda: los genes interactúan de forma continua con el entorno. Cómo te educan, cómo aprendes a gestionar los conflictos y el ambiente en el que te mueves son los factores que terminan decidiendo si te divorcias o si tienes más papeletas para refugiarte en la droga que otras personas. «Quizá la mejor forma de 'romper la cadena' sea entender que no podemos cambiar lo que ocurrió en las generaciones anteriores, pero sí modificar lo que hacemos con ello», concluye Rodríguez.

La Guerra Civil y la dictadura llegan a quienes no la vivieron

«Una guerra, una dictadura o una persecución política pueden dejar huellas durante generaciones a través de las familias, la educación, las instituciones, las desigualdades sociales, los relatos familiares y también de los silencios», indica el psicólogo y divulgador científico Julio Rodríguez. Según explica, en España, por ejemplo, la Guerra Civil y la dictadura franquista siguen siendo objeto de «procesos de memoria, duelo y resignificación» que pueden alcanzar a generaciones que no vivieron directamente aquellos acontecimientos. Rodríguez explica que estudios recientes con descendientes de personas represaliadas durante el franquismo describen precisamente cómo la falta de información, reconocimiento y elaboración del duelo puede prolongar sus efectos a través de varias generaciones.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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