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Monica Branni: "Los hombres no acaban de entender cómo funciona la sexualidad femenina"

Monica Branni: "Los hombres no acaban de entender cómo funciona la sexualidad femenina"
Artículo Completo 3,252 palabras
La sexóloga, especialista en relaciones y divulgadora en redes sociales publica '¡Mujeres al poder!', libro en el que cuenta lo que las mujeres merecen saber acerca del sexo y el deseo
TiramillasMonica Branni: "Los hombres no acaban de entender cómo funciona la sexualidad femenina"

La sexóloga, especialista en relaciones y divulgadora en redes sociales publica '¡Mujeres al poder!', libro en el que cuenta lo que las mujeres merecen saber acerca del sexo y el deseo

Monica Branni.LA ESFERA DE LOS LIBROS
  • J. F. BORRELL Madrid
Actualizado 07/04/2026 - 18:45CESTMostrar comentarios37

La sexóloga, especialista en relaciones y divulgadora en redes sociales Monica Branni cuenta lo que las mujeres merecen saber acerca del sexo y el deseo en '¡Mujeres al placer!' (La Esfera de los Libros).

A lo largo de 328 páginas, Monica Branni demuestra cómo la intimidad erótica es un universo infinito y potentísimo y, sobre todo, que es mucho más que 20 minutos de placer: es fragilidad, es descubrimiento, es política, es conexión y es cultura. 

Con ejemplos prácticos, evidencia científica y cercanía y, también, con un poco de humor, '¡Mujeres al placer!' guiará a quien lo lea en un viaje transformador para que construya una nueva idea de sexo, más realista y sana, para que viva su placer desde la libertad y la felicidad.

'¡Mujeres al placer!'.

PREGUNTA. En el libro afirmas que el sexo que hemos aprendido es uno de los principales enemigos de nuestra felicidad. ¿Qué aprendizajes sexuales crees que más daño han hecho a las mujeres?

RESPUESTA. Ante todo, contemplar que el sexo, más que para conseguir el placer propio y conectar con otra u otras personas, es una situación que utilizamos para complacer y construir un vínculo desde las normas de género. Sobre todo las mujeres han aprendido que su sexualidad siempre, o casi siempre, está al servicio de los deseos de lo que es el panorama masculino, la mirada masculina. Entonces, ese es el primer límite que encontramos dentro de lo que es autoexplorarse, explorar también el disfrute mutuo, los deseos, las fantasías, todo lo que es el panorama del imaginario erótico. Este sería sobre todo el primer freno, el hecho de que sea una actividad complaciente y no tanto una actividad libre de autoexploración y de vínculo mutuo, bidireccional, no que vaya hacia solo una dirección, sino que vaya hacia ambas.

P. Muchas mujeres se preguntan: "Si quiero a mi pareja, ¿por qué no siento deseo hacia ella?". ¿Qué confusiones habituales existen entre amor, deseo y obligación sexual?

R. Este es uno de los mitos más extendidos. Si quiero a mi pareja, se supone que debería tener deseo. Y mucha gente, de hecho, viene con muchísima culpa a mi consulta y me dice: "La relación va bien, sin embargo, no tengo suficientes ganas como para meterme en la cama con mi pareja y tener relaciones sexuales". Y es que por un lado está el amor, el sentimiento de amor, que es un sentimiento mucho más estable, que se construye a lo largo del tiempo con un recorrido emocional amplio, que es un recorrido bastante largo y estable. Y por otro lado está el deseo, que es una experiencia mucho más inestable, más volátil, que depende de múltiples factores que pueden ir de un estado emocional marcado por momentos puntuales de estrés provocados, por ejemplo, por una situación económica, una mudanza, un cambio de trabajo o el nacimiento de un hijo, hasta motivos más orgánicos como un momento de desequilibrio hormonal. Ante esto, el deseo se resiente. Entonces, por mucho amor que haya, el deseo no necesariamente corresponde a ese amor. Y viceversa, muchas veces hay un deseo elevado hacia personas por las que no sentimos amor. Entonces, este es uno de los mitos bastante recurrente, especialmente en relaciones largas, que desarrolla una de las emociones principales en lo que es la sexualidad actual que es, sobre todo, la culpa.

P. Desde su experiencia clínica, ¿hasta qué punto el deseo femenino ha sido tratado como algo secundario o problemático frente al masculino?

R. Históricamente, el deseo femenino nunca se ha interpretado como una parte intrínseca y natural de la sexualidad, sino que siempre ha sido un medio por el cual satisfacer necesidades o, incluso, obligaciones matrimoniales. Nunca se ha interpretado como una esfera más a cultivar, a explorar, a nutrir de la sexualidad. Entonces, como el deseo nunca ha formado parte de lo que ha sido una dimensión natural del psicodesarrollo de la mujer, a día de hoy hay mujeres que están completamente desconectadas de su deseo. Y lo que es más grave aún, malinterpretan el deseo. Es decir, hay una creencia muy arraigada de que el deseo debería estar más o menos presente siempre. Además, como hemos interiorizado que los hombres siempre tienen deseo, también existe la creencia de que las mujeres, por lo general, no tienen deseo, o tienen menos, y que los hombres tienen más deseo, o tienen siempre. Y estos dos prismas a través de los cuales vemos la realidad y la sexualidad están completamente distorsionados. Por un lado, al ser una variable muy oscilante, el deseo no necesariamente se presenta siempre o a menudo, especialmente en relaciones largas, independientemente de ser hombre o mujer o de tener pene o vulva. Y al revés, en los hombres el deseo tampoco está presente de forma recurrente y a esos niveles que tenemos en nuestra cabeza. Entonces, ahí también hay muchísimas cosas que aprender y profundizo sobre ello en el libro.

P. Una duda muy común es: "Me cuesta tener orgasmos, ¿qué hago?". ¿Por qué seguimos viviendo el orgasmo como una meta y no como una consecuencia?

R. En el libro lo resumo en dos palabras: sociedad orgasmocéntrica. Como ya tenemos muy interiorizado el término coitocentrismo, hay que poner también en el centro otras cuestiones que también están distorsionando nuestra forma de vivir la sexualidad. Efectivamente, tenemos muy interiorizado que el orgasmo es la meta de nuestra sexualidad. Entonces, nos metemos en la cama para tener un orgasmo o para proporcionarlo si eso nos da suficiente validación. El caso es que si quitamos de la ecuación el orgasmo, disfrutamos mucho más, lo cual es paradójico, pero es verdad que quitamos mucha presión, nos quitamos mucha presión a nosotros mismos y también a nuestras parejas. Hay una cosa llamada imperativo orgásmico, que también trato en el libro, que es ese fenómeno de exigir o autoexigir de forma más o menos consciente un orgasmo, tanto a nosotras mismas como a nuestras parejas. Eso, paradójicamente, hace que tengamos menos orgasmos y, también, menos deseo, porque si el sexo que estamos teniendo es una tarea o un medio para alcanzar ciertas respuestas y nos las exigimos, lo más probable es que eso no ocurra y que no acumulemos placer, sino frustraciones. Y a la larga, si vamos sumando frustraciones, llegará un momento que ya no tengamos ganas de tener sexo, especialmente con otra persona.

P. En el libro hablas de una sexualidad rígida, evaluada y juzgada. ¿Quién pone esas notas y quién suele salir perdiendo en ese examen?

R. Interiorizamos unas notas puestas por la sociedad. Realmente no somos nosotras y nosotros, en general, quienes nos puntuamos, pese a que hemos interiorizado mucho antes que hay que evaluar nuestra performance sexual. Interiorizamos muchas creencias y entre ellas está esta, que el sexo, especialmente en la sexualidad masculina, aunque en la femenina también, es una manifestación de habilidades. Entonces, evidentemente, la nota nos la ponemos nosotras, pero bajo una lente que hemos interiorizado durante mucho tiempo, que es la sociedad. Yo creo que una de las claves por las cuales muchos libros sobre sexualidad funcionan es porque derriban este mito de que tienes que meterte en la cama y hacer un paripé un poco autorreferencial porque a la otra persona no le dices nada, pero sales con tu ego bien organizado, bien reordenado. Y eso es por nuestra cultura, que en lugar de enseñarnos una sexualidad conectiva y vincular, nos enseña una sexualidad performativa.

P. Muchas mujeres explican que durante el sexo desconectan y la cabeza les va rapidísimo. ¿Qué papel juegan el estrés, la autoexigencia y la educación sexual en esa desconexión?

R. Ese fenómeno de desconectar mentalmente es algo que muchas veces se produce cuando tenemos un nivel de hiperalerta o hipervigilancia en el sexo y empezamos a tener pensamientos intrusivos. Por eso la gente lo verbaliza como una sensación de desconectar, porque se meten en su cabeza y ya no están en su cuerpo. Incluso fisiológicamente, las sensaciones que percibimos desde el cuerpo no las registramos, es como si no las sintiéramos, es como si no prestáramos atención a eso. Esto es algo que se da muchísimo tanto en mujeres como en hombres. No tengo cifras ni estadísticas a mano, pero es un fenómeno bastante frecuente en hombres, por lo que decía antes de la performance: "Si no tengo suficiente atención en mis respuestas corporales, entonces tendré un buen resultado al final de los 20 minutos". Entonces, lo que decía, el estrés juega un papel fundamental y muchas veces es causa de estos problemas y muchas veces es consecuencia de estas dinámicas. Es decir, si entro en la cama con estrés, lo más probable es que comience a hipervigilarme, empiece a entrar en una duda y me centre en mi cabeza y no en mi cuerpo. Muchas veces es un círculo vicioso, porque si esto hace que me desconecte, lo más probable es que me genere tal estrés al final que, por supuesto, una actividad que debería ser tan relajante y tan divertida como es el sexo, acabe siendo una actividad estresante. Y la habitación, la cama, termine siendo un lugar estresante en vez de un lugar de relax y de disfrute.

Monica Branni.

P. ¿Cree que los hombres todavía no entendemos bien cómo viven las mujeres su intimidad erótica?

R. La respuesta breve es no, pero no quiero ser tan simplista. Yo creo que los hombres, especialmente los que tienen relaciones con mujeres, no acaban de entender cómo funciona la sexualidad femenina. De la misma forma, creo que las mujeres empiezan a entender cómo funciona su sexualidad. Es un viaje largo que estamos empezando a recorrer. Entonces, no lo llevaría a una guerra de géneros de "tú no me entiendes", "tú no preguntas"... Es verdad que no tenemos esa buena praxis de preguntar y, sobre todo, de hacernos las preguntas correctas en primera persona. Hay gente que viene a mi consulta con una muy buena disposición para entender la sexualidad de su pareja, pero es la misma pareja la que no sabe qué contestar. Entonces, claro, son procesos que van en paralelo. Por un lado, falta mucha autoexploración y mucha autocomprensión, tanto en mujeres como en hombres, porque tenemos entendido que los hombres se entienden mejor, pero no es verdad, sino que les funciona mejor desde el privilegio y la lectura de la sexualidad. Y por otro lado falta acompasar el entendimiento que tiene una persona y el entendimiento que puede llegar a adquirir la pareja. Son procesos que van a la par y creo que estamos empezando a hacerlos ahora, en este momento en el que la sociedad empieza a cuestionarse si ha entendido bien el sexo. Respuesta: "No, lo hemos entendido muy bien".

P. ¿Qué mitos sobre el buen sexo siguen pesando más hoy en día, incluso entre personas que se consideran abiertas o informadas?

R. Sobre el deseo hay un montón de mitos, sobre todo el que decía antes, de que en una relación larga debería haber deseo porque sí, porque ya tenemos una relación aceptada. Este es un mito increíble porque para que se asiente una relación a nivel sentimental tiene que haber mucha seguridad emocional, que lo que aporta es estabilidad, es calma, y permite que el amor pueda edificarse. Sin embargo, el deseo lo que necesita es otro ingrediente, que es la sorpresa, la novedad. Entonces, hay que construir dos pilares, por un lado la seguridad para que la pareja prospere y por otro todo lo que es el dinamismo dentro de la pareja, la sensación de que no hay que aburrirse, de que no conoces absolutamente todo de tu pareja. Este sería un mito. Otro mito es el de la frecuencia. Muchísimas parejas están preocupadas porque no tienen suficiente sexo. Cuando en consulta les pregunto cuánto es suficiente sexo, no sé por qué, me suelen contestar tres veces por semana, que es una cifra que no puede alcanzar todo el mundo. La pregunta es: ¿tener más relaciones sexuales significa tener mejor sexo o estar satisfecho sexualmente? Mucha gente se esfuerza en tener una cantidad de encuentros sexuales ingentes, pero después son una colección de encuentros sexuales insatisfactorios, lo cual les distancia aún más. Entonces, hay que revertir esta tendencia y enseñar que mejor sexo no es mayor sexo, que incluso una relación sexual al año satisfactoria tiene mucho más potencial y es mucho más enriquecedora que muchas relaciones sexuales que te dejan con una sensación de vacío, de insatisfacción, de desconexión.

P. ¿Cómo influye la pornografía 'mainstream' en la manera en que muchas mujeres creen que deberían sentir, desear o excitarse?

R. La pornografía 'mainstream' lo que hace es literalmente plasmar una realidad ficticia, porque en el fondo de lo que estamos hablando es cine, es como si estuviéramos hablando de 'Fast & Furious' y estuviéramos yendo a aprender a conducir. La referencia es absolutamente irreal, porque lo que pretende es generar unas expectativas que nada tienen que ver luego con nuestra forma de conducir. Entonces, lo mismo pasa con la pornografía 'mainstream', que se nos ha ido completamente de las manos y hay ahí una esfera de mensajes absolutamente sexistas, racistas y de todo tipo. Llevan a cabo una lectura de la realidad completamente deformada y como no hay más referentes a nivel de sexualidad, pensamos que debería ser parecido a la industria pornográfica. Entonces, si nuestra vulva no se asemeja con esas vulvas, tenemos un problema; si nuestros encuentros sexuales no duran tres horas, tenemos un problema; si no sentimos, y este es un enorme mito que no he mencionado antes, placer por la penetración vaginal cuando el órgano principal en lo que es la sensación de placer erótico en un cuerpo con vulvas es el clítoris, tenemos un problema. Hay muchísimas distorsiones cognitivas que interiorizamos a raíz de la pornografía y ahí está el trabajo que realizamos las sexólogas y los sexólogos de deconstruir esas creencias y construir unas nuevas y de dotar de herramientas para disfrutar de la sexualidad desde un prisma mucho más sano y más gratificante.

P. ¿Qué responsabilidad tienen las parejas, especialmente los hombres, en crear espacios sexuales seguros donde no haya prisa, juicio ni expectativas?

R. Tienen un papelazo porque son los target número uno de la pornografía 'mainstream', son los que más interiorizan determinados conocimientos y determinadas ideas que vinculan la pornografía 'mainstream'. Entonces, crear espacios para que nuestra pareja sexual se sienta cómoda y que no esté guiada por esa norma o por esas ideas ficticias hace que todo fluya mucho mejor. Y una de las herramientas que hace que todo esto funcione es expresar vulnerabilidad, generar espacios de vulnerabilidad dentro del sexo, porque no hay ninguna persona que no entre en una relación sexual sin alguna inseguridad. Entonces, cuanto más intentemos parecer que tenemos el control de todo, menos disfrutaremos del acto sexual. Sin embargo, si nos atrevemos a decir "oye, ¿qué es lo que te gusta? No te conozco, no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, así que cuéntame y vamos a hacerlo de la forma que más te guste o que más nos apetezca", genera espacios de disfrute y de creatividad que son esenciales para la sexualidad.

P. Tras años divulgando en redes sociales y medios de comunicación, ¿qué preguntas se repiten más entre las mujeres y qué te revela eso como profesional?

R. Las preguntas que más me hacen giran alrededor del deseo, de qué pueden hacer para tener más deseo o qué pueden hacer para que su pareja tenga deseo, porque también hay muchísimos hombres que tienen mucho menos deseo que su pareja. Este es un dato que a mí me sorprendió cuando empecé a divulgar porque esas creencias yo también las he interiorizado durante mucho tiempo. Esto sería lo más común, qué hacemos para acompasar los deseos de cada uno. Otro tema que se repite bastante es el tema de las infidelidades, sobre cómo confiar en su pareja después de una infidelidad. Y otro tema es el de la ansiedad, en cómo disfrutar del sexo sin estar pensando todo el rato. Yo creo que estos son los 'top 3': deseo y seguridad emocional, infidelidades y ansiedad en el sexo.

P. Si una mujer solo pudiera quedarse con una idea central de '¡Mujeres al placer!', ¿cuál le gustaría que fuera?

R. He dicho muchas cosas en este libro, demasiadas, pero una, desde luego, sería que no intente encajar en una sexualidad aprendida, sino que es mucho más valioso hacer su propia sexualidad. Entender cómo funciona y crear un espacio y unas estrategias propias.

P. ¿Y un hombre?

R. Que piense en el peor sexo que se le ocurra y seguramente ese es el mejor sexo para muchas personas.

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Fuente original: Leer en Marca
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