Donald Trump y Benjamin Netanyahu, en una imagen de archivo. Reuters
Oriente Próximo ¿Montaje o realidad?: Trump filtra su bronca con Netanyahu para complacer a Irán y frena sus planes para invadir LíbanoEl presidente de EEUU difunde una llamada tormentosa con el primer ministro israelí en la que le llamó "loco" y le recordó que, sin él, ahora estaría en la cárcel. Todo esto, a cinco meses de las elecciones.
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Guillermo Ortiz Publicada 3 junio 2026 02:05h Las clavesLas claves Generado con IA
"Estás loco de cojones (you're fucking crazy, en inglés). Estarías en la cárcel de no ser por mí. Te estoy salvando el culo. Todo el mundo te odia ahora. Todo el mundo odia a Israel por culpa de esto".
Estas frases, atribuidas a Donald Trump por un alto cargo estadounidense, resumen la conversación telefónica que el presidente de Estados Unidos mantuvo el pasado lunes con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
La filtración corrió a cargo del portal de noticias Axios —en concreto, de Barak Ravid, reputado periodista israelí reconvertido en los últimos meses en confidente del presidente Trump— y para la mañana del martes ya era la comidilla en los sectores políticos de Tel Aviv, Washington y Teherán.
Tres fuentes coinciden en lo esencial: Trump perdió los nervios y le exigió a Netanyahu que renunciara a su plan de bombardear el sur de Beirut como represalia a los ataques de Hezbolá. "¿Qué coño estás haciendo?", llegó a exclamar el multimillonario neoyorquino.
La conversación tuvo como origen las declaraciones del propio Netanyahu apenas unas horas antes: el primer ministro israelí afirmó que Israel atacaría la capital libanesa "con toda nuestra fuerza" si Hezbolá no detenía los lanzamientos de cohetes contra el norte de Israel.
La amenaza coincidía con la expansión paulatina de la operación terrestre de las FDI en el sur de Líbano, que en los últimos días ha causado decenas de víctimas civiles y que, según fuentes estadounidenses citadas por Axios, ha incluido, por ejemplo, la demolición de edificios enteros para acabar con un único comandante de Hezbolá.
Estos actos han motivado la enésima amenaza por parte de Teherán de abandonar las negociaciones del memorando de entendimiento que llevan semanas trabajando los mediadores cataríes y omaníes.
La llamada al orden de Trump, al parecer, habría tenido consecuencias inmediatas: según un alto funcionario israelí citado por el propio Axios, Israel habría renunciado, al menos por ahora, a atacar objetivos de Hezbolá en Beirut.
Israel ignora el alto el fuego en Líbano y declara la "zona de guerra" en el sur del país para neutralizar a HezboláCualquier cosa por contentar a Jamenei
Lo que parece claro es que el origen del desencuentro es la obsesión de Trump por cerrar, cuanto antes y como sea, el acuerdo con Irán.
La República Islámica ha condicionado expresamente la prórroga del alto el fuego en Ormuz, vigente desde el 5 de mayo, a un cese paralelo de las hostilidades israelíes contra Hezbolá en Líbano. Es decir, Teherán está negociando no sólo en su nombre, sino en el de su principal proxy regional, y Washington —o, mejor dicho, Trump— parece dispuesto a aceptarlo.
La Administración estadounidense ha pasado en cuestión de semanas de hablar de "cambio de régimen" en Teherán a justificar el cese de operaciones contra una organización clasificada por el propio Departamento de Estado como entidad terrorista desde 1997.
A las presiones de Trump para que Netanyahu detenga los ataques, habría que sumar, según las fuentes citadas por Axios, el reproche a Israel por haber respondido "de manera desproporcionada" a las provocaciones de Hezbolá y haber causado "demasiadas víctimas civiles libanesas".
El presidente estadounidense, que durante seis años ha sostenido que Israel tiene derecho a defenderse con todos los medios necesarios y que el verdadero enemigo es Irán, asume ahora una posición funcionalmente cercana a la del propio régimen iraní: pedir contención a Tel Aviv y considerar a la milicia terrorista un actor con el que se puede negociar un alto el fuego completo.
Todo ello pese a que, como recordó este mismo martes el secretario de Estado, Marco Rubio, durante su comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el régimen iraní "sigue sin cumplir" con varios aspectos del alto el fuego vigente.
El nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, no ha aparecido públicamente desde su designación tras los bombardeos del 28 de febrero, la Guardia Revolucionaria mantiene su capacidad operativa intacta y la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico sigue activa pese a las sanciones del Tesoro.
Sin embargo, Trump opta por gritarle a Netanyahu, no a Teherán. Es la lógica del ultimátum permanente al amigo y de la paciencia infinita con el enemigo, que ya se ha visto anteriormente en el "proceso de paz" entre Ucrania y Rusia.
La filtración como arma
De hecho, Trump no se ha limitado a regañar a Netanyahu en privado: ha permitido —y, casi con seguridad, alentado— que la conversación, con citas literales y groserías incluidas, llegue a Barak Ravid, el periodista de Axios con mayor influencia entre los lectores israelíes informados.
Ravid lleva años cubriendo la relación entre Washington y Jerusalén y sus exclusivas se leen religiosamente en los pasillos de la Knéset. La elección del canal, por lo tanto, no es casual: el mensaje va dirigido tanto al lector americano como al votante israelí… y con un calendario muy preciso bajo el brazo.
Las elecciones generales en Israel están convocadas a más tardar para finales de octubre de 2026 —dentro de cinco meses escasos— y los últimos sondeos publicados por los principales canales no son halagüeños para el primer ministro.
Según una encuesta del Canal 12 publicada a finales de abril, la coalición de Netanyahu apenas obtendría 50 de los 120 escaños del Parlamento; la oposición, 60, y las formaciones árabes, 10.
El nuevo partido Beyachad, formado el pasado 26 de abril por el ex primer ministro Naftali Bennett y el centrista Yair Lapid, encabezaría las preferencias con 26 escaños frente a los 25 del Likud. La mayoría de los israelíes —incluido un sector significativo de los votantes del propio Likud, según el sondeo del instituto Midgam— se opone al alto el fuego con Irán.
Trump, que en Israel sigue gozando de una popularidad enorme —está considerado uno de los presidentes estadounidenses más proisraelíes de la historia reciente, después del traslado de la embajada a Jerusalén y la firma de los Acuerdos de Abraham—, sabe perfectamente lo que hace al filtrar el contenido del rapapolvo.
Quien le diga al votante israelí que Trump considera a Netanyahu "un loco de cojones" le está diciendo en realidad que el principal aliado de Israel se ha cansado del primer ministro y que con otro liderazgo las cosas serían distintas. Es una jugada de injerencia electoral velada pero perfectamente calculada.
Aparte, el recordatorio de Trump de que "ha evitado que Netanyahu esté en la cárcel" —en referencia al juicio por corrupción que aún pende sobre Bibi— supone una verdadera humillación pública.
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La situación de Netanyahu es probablemente la más complicada de toda su carrera política.
Por un lado, los socios más duros de su coalición —el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, líder de Otzma Yehudit, y el ministro de Economía, Bezalel Smotrich, jefe de Sionismo Religioso— exigen continuar e intensificar las operaciones contra Hezbolá y reabrir la presión militar sobre Irán.
Estos partidos son la última red de seguridad parlamentaria del Likud: sin ellos, no hay coalición. Ceder a sus exigencias significaría romper públicamente con Trump y exponerse a perder en cinco meses a la mitad del electorado del centroderecha israelí.
Por otro lado, plegarse a Trump y aceptar el alto el fuego con Hezbolá significaría reconocer, ante la opinión pública israelí, que el estado hebreo ya no decide de manera autónoma su propia defensa.
Para un primer ministro cuyo único argumento electoral consistente ha sido siempre el "sólo yo puedo proteger a Israel", este reconocimiento es políticamente devastador.
Smotrich y Ben-Gvir podrían dejar la coalición esta misma semana si Netanyahu cumple lo que aparentemente ha prometido a Trump en privado. Mientras tanto, en Teherán, en Beirut y en Washington los actores observan con atención: Hezbolá afirmó este martes haber aceptado un "alto el fuego completo y fiable", aunque advierte de que responderá a cualquier nueva incursión israelí.
Por su parte, Irán continúa amenazando con retirarse de la mesa si Tel Aviv no se contiene y Trump, en la reunión semanal de su gabinete en la Casa Blanca, ha insistido una vez más en que el acuerdo con Irán "está muy cerca".
La paradoja es que, para que así sea, Estados Unidos parece dispuesto a sacrificar al primer ministro del único aliado verdadero que tiene en la región. La humillación y el miedo son armas poderosas en política. Y a Bibi, esta vez, parece que le toca encajar.